jueves, 29 de febrero de 2024

SECRETOS DE UN ESCÁNDALO (2023), de Todd Haynes

 

Es bien sabido que el cine del director Todd Haynes se basa fundamentalmente en describir una serie de situaciones aparentemente normales para ir descubriendo al espectador paulatinamente la tremenda incomodidad que subyace en los protagonistas. Así se puede apreciar en películas como Lejos del cielo o en Carol o, incluso, en Aguas oscuras, su película menos sentimental en la que cuenta los efectos insalubres del empleo del teflón en utensilios de cocina. En esa línea se encuentra Secretos de un escándalo en la que narra los esfuerzos de una actriz por estudiar de cerca al personaje que tiene que interpretar.

Ese personaje, por supuesto, es real y fue protagonista de un escándalo sonado unos cuantos años atrás al relacionarse íntima y sentimentalmente con un niño de doce años mientras ella tenía treinta y cinco. Todo empieza en la absoluta normalidad de una barbacoa en la que la actriz es invitada y el entorno parece fundamentalmente feliz. El american way of life en su máxima expresión. La pareja, ya adultos los dos, parecen encantados con su relación y la actriz, una famosa intérprete televisiva, estudia sus modos y maneras para descubrir, naturalmente, que hay algo enormemente turbio en esa relación que nació de forma antinatural. La basura debajo del parterre. La dominación recubriendo la botella de cerveza.

Con Persona, de Ingmar Bergman como evidente inspiración, aunque, desde luego, con menos profundidad, Haynes se fija, sobre todo, en la actriz y en cómo va descubriendo la naturaleza de esa relación extraña que se va a reflejar en el cine. Entrevista a otras personas que estuvieron en la primera fila, visita a lugares esenciales…Y, en algún momento, se lleva el Método de actuación hasta la exasperación porque ella llega a excitarse en el local donde, supuestamente, se produjeron los encuentros sexuales. De esa forma, Haynes contrapone a la actriz, atraída y repelida a partes iguales, pero que desea fervientemente parecerse a la retratada, y la mujer, que ejerce una relación de madre con su pareja, más malsana de lo que pueda parecer, pero que se guarece detrás de una apariencia de normalidad.

Haynes, como siempre, cuenta con la colaboración cercana de dos grandísimas actrices. Julianne Moore hace un trabajo más meritorio del que pueda parecer porque, llegado determinado momento, al director le interesa más bien poco su personaje y la deja en un desarrollo incompleto. Lo contrario que Natalie Portman, que da otra muestra más de su inmensa capacidad interpretativa, pasando de observadora a parte principal, saltando de un registro a otro y siempre con la incomodidad a cuestas. El resultado, a pesar de todo ello, es algo lánguido, suavizado con una fotografía luminosa que hace que toda esta turbiedad de sentimientos no demasiado aceptables parezca más liofilizada.

Y es que, a menudo, los sentimientos caen en el enredo del deseo y se confunden unos con otros. Y el deseo no tiene por qué ser sexual, aunque el sexo es el elemento esencial de un chantaje emocional llevado al extremo. El deseo puede ser, sencillamente, la sensación de poder sobre una situación en la que se manifiesta la superioridad a cada minuto, dando salida a todas las frustraciones y represiones. Ahí es donde la figura de la intérprete y de la mujer se confunde, una con otra, llegando a adquirir rasgos ajenos donde sólo debería haber la profesionalidad y la humildad natural. Algo muy difícil de hallar en unos tiempos en los que parece haber una imperiosa necesidad de vivir una vida que, sencillamente, no nos corresponde. 

miércoles, 28 de febrero de 2024

ARIANE (1957), de Billy Wilder

 

El amor no tiene edad. Puede ocurrir así, de repente, sin previo aviso, en la plaza más emblemática de Paris, esa ciudad sin edad, y en el interior del hotel más lujoso de la pasión. Puede cazar al típico hombre de negocios que ha dedicado toda su vida a embaucar a las pobres chicas que quedaban deslumbradas con su clase y con su distinción y, por supuesto, por los músicos de raíz zíngara que tocan y tocan cada noche en el salón de su suite. Y mira, por aquellas casualidades de la vida, resulta que le da por conquistar a una chica que estudia música con su contrabajo a cuestas (todo el mundo sabe que la música cuesta su contrabajo) y, además, para más sarcasmo, es la hija de un detective que ha espiado sin ningún escrúpulo al tranquilo hombre de negocios americano en París. Inaudito. Una merienda en el campo. Y los músicos por la noche. Una estación de tren. Y los músicos por la noche. Y una pregunta que flota en el ambiente durante todo el tiempo. ¿Cómo lo haría Lubitsch?

A eso se aplicó Billy Wilder al dirigir esta película. Quiso hacer una película de Lubitsch sin que dejase de ser una película de Billy Wilder. Y le salió una película mucho más de Lubitsch, claro. Aunque tenga sus defectos, como esa evidente diferencia de edad entre Gary Cooper y Audrey Hepburn que canta más que los músicos zíngaros por la noche. No en vano él tenía más del doble de años. Lo curioso es que Billy Wilder le había ofrecido primero el papel a Cary Grant y rehusó interpretarlo precisamente por esa razón y, cuatro años después, como se quedó con las ganas de trabajar con Audrey, aceptó ser su pareja en Charada. ¿Saben cuál es la diferencia? Es que Grant hace que no se note. Y Cooper se ve irremediablemente mayor. Por supuesto, Audrey pone encanto e ingenuidad porque cree que el amor es único, es esplendoroso, es pura pasión, es como música por la noche y no alberga maldad alguna en sus pensamientos. Sin embargo, su padre, el inefable Maurice Chevalier, ha metido demasiadas veces el ojo por la cerradura de la indiscreción y sabe que el amor, en realidad, es algo díscolo. Se va igual que viene, dejando tanta decepción en su salida como torbellino en su entrada. Es voluble, puede manipularse, se compra y se vende y, muy a menudo, es tremendamente caprichoso. No obstante ella, siempre ella, cabalga a lomos de su contrabajo para demostrar que no es verdad, que aún hay sentimientos puros y que el amor es el más puro de los sentimientos. Música de noche en el corazón cazador.

A veces sólo vale aprender cayendo en los errores. A veces hay que darse cuenta, entregarse y aún así, guardar la experiencia. A veces el amor triunfa aunque siempre quede, de alguna manera, la sospecha de que no es así. Eso lo aclarará la propia vía del tren, con su camino y sus bifurcaciones. Mientras tanto, un hombre seguirá acumulando evidencias mirando por el ojo de la cerradura, otro tratará de vivir un amor que, a lo mejor, no tiene demasiado recorrido y una chica encantadora intentará probar la felicidad porque cree que el amor es tan sólido como una nota musical mantenida en el aire. Y puede que la música sea ya para todo el día.

martes, 27 de febrero de 2024

MELODÍA DE SEDUCCIÓN (1989), de Harold Becker

 

De repente, el abismo tiene forma de mujer. El crimen es terrible y ella puede estar involucrada y, sin embargo, Frank Keller, veterano detective de la policía, se ve irremediablemente atraído hacia ella. Es como si navegara en un mar de amor en el que no se distingue la espuma del agua, en el que no se sabe cuál es la ola buena y cuál es la que te va a arrastrar hacia las profundidades. Es una fuerza de la Naturaleza que hace que él esté asomándose al peligro continuo representado por las curvas inevitables de una mujer que, sólo con la mirada, parece advertir de la nada que se adivina después. La ambigüedad parece insinuarse en sus inacabables líneas de piel y sexo. Quizá las largas noches de soledad han influido en Keller y él quiera caer en el pozo más oscuro que se dibuja en esa forma que ella tiene de lanzar el cebo. Ella puede ser la asesina y, si siente que Keller está demasiado sobre la pista, puede repetir. La pregunta es si al policía le importa mucho lo que haga ella…Helen…sólo Helen.

La intensa psicología del drama policial es un personaje más dentro de esta trama bien dirigida por Harold Becker y espléndidamente interpretada por Al Pacino, Ellen Barkin y el fantástico John Goodman como el compañero de Frank Keller, esa especie de Pepito Grillo de buen humor que le susurra al oído lo que no debe hacer. La música también es una sospechosa y todo está orientado para que el espectador no sepa nunca nada más de lo que sabe el propio Frank Keller, así la inquietud también se instala en el público. Y no sabemos si importa demasiado tampoco porque Helen…sólo Helen…es como un canto de sirena del que no se puede apartar la vista.

Manhattan esboza sus líneas en la noche en un desolador panorama de soledad, de alienación y de asesinato. No es esa parte de ciudad encantadora a la que tanto nos hemos acostumbrado sino una serie de sombras tenebrosas que profieren una amenaza con un rugido de motores y de luces. Puede que ese mar de amor que ofrece Helen…sólo Helen…no sea tan agradable, ni esté demasiado en calma porque en ese bosque de cemento y penumbra se mueven almas corrompidas sedientas de sangre melódica. Incluso es posible que Helen…sólo Helen…sea un puente para llegar a la verdad. Ella, al fin y al cabo, es una dama de la noche, tentadora como el infierno, vulnerable como el deseo, sospechosa como la muerte. No puede haber una interlocutora mejor con ese mundo de secretos y crímenes aunque sea verosímil que no guarde ningún secreto y no haya cometido ningún crimen. Eso tendrá que desvelarlo el detective inspector Frank Keller, un tipo solitario que deambulaba por los bordillos de las aceras de Nueva York y que, de improviso, se encontró con una chica comprando en un supermercado. A partir de ahí, la electricidad subió intensamente, la complicidad erigió dos caras y el misterio quedó encerrado justo debajo de la cintura. Para los dos.

lunes, 26 de febrero de 2024

ELLA, ÉL Y SUS MILLONES (1944), de Juan de Orduña

 

Arturo Salazar ya tiene suficientes ceros en su cuenta corriente y sólo le falta la guinda del pastel. Se trata de obtener un título nobiliario para que sea considerado un aristócrata y no un burgués arribista en las reuniones de la alta sociedad. Para ello, acuerda un matrimonio en el que el amor está totalmente fuera de lugar con la hija de los Duques de Hinojares, Diana. Se da la circunstancia de que los Duques, acostumbrados a las fiestas de alto copete y la vida disipada de la nobleza, tienen menos dinero que uno que se está bañando y Arturo, de eso, tiene de sobra. Así que los Duques, padres preocupados e interesados en el bienestar de su hija, se cuidarán de que el matrimonio no se malogre bajo ningún concepto ya que algunos de los ceros de Arturito tienen que pasar al ducado a cambio de que a él también le llamen Duque. Cuesta tan poco satisfacerle…

Sin embargo, Diana es una chica decidida que ha quedado deslumbrada con el guapo, aunque algo simple, Arturito. Está completamente determinada a enamorarse de él, aunque en el acuerdo se deja bien claro que el amor está fuera de lugar. Un tecnicismo sin importancia, podríamos decir. Así que pondrá en juego todas sus astucias de mujer para que el soso, lince para los negocios, pero pánfilo para los amores, de Arturito se fije en ella y se dé cuenta de la suerte que ha tenido de cerrar un acuerdo con los de Hinojosa. A ver si el matrimonio, además de conveniencia, también es de pasión. Y los Duques tratarán, sobre todo, de proteger su título. Y Arturito lo hará con su dinero. Y Diana en medio. Pues estamos arreglados mientras montamos el árbol de Navidad, hija.

Estamos ante una de las comedias más divertidas del cine español de todos los tiempos. Una screwball comedy en toda regla en la que destacan, por encima de los protagonistas Rafael Durán y Josita Hernán, esa pareja de Duques que, en el fondo, son más plebeyos que la piel de la manzana y que encarnan con gracia y retranca el grandísimo José Isbert y la tronchante Guadalupe Muñoz Sampedro. Alrededor, una serie de secundarios, cada uno con sus momentos de lucimiento y chascarrillo, como Luchy Soto, como la alocada hermana de la novia, Luis Peña, Raúl Cancio, el mimado hermano de la novia y el inevitable Fernando Freyre de Andrade, que pasea su cara de mayordomo como nadie en el mundo.

Si asisten a este negocio, prepárense para reír. Aquí hay humor del bueno, nada grueso, con mucha clase, con la sombra de Ernst Lubitsch y Howard Hawks planeando sobre la dirección de Juan de Orduña. El rato es algo más que entretenido y la gracia es algo más que salerosa. Sin folclores, ni gaitas. Sólo ceros y títulos…ah, sí, y el amor. Es eso tan prescindible que acaba siendo pisoteado por los intereses creados. La elegancia también se pasea por delante de la cámara porque, no crean ustedes, burgueses y arruinados, pero todavía guardan su frac, su pajarita y sus copitas de champán por aquí y por allá haciendo burbujitas en la nariz. Se llevarán millones en carcajadas. Cada una vale por mil.

miércoles, 21 de febrero de 2024

MADAME WEB (2023), de S.J. Clarkson

 

Debido a un viaje inaplazable, no habrá artículos ni jueves ni viernes. En compensación, las dos semanas siguientes serán completas, de lunes a viernes. Perdonad las molestias y no dejéis de ir al cine. Ése es el mejor viaje.

Es muy curioso que los fanáticos del universo Marvel hayan rechazado esta película por razones tan peregrinas como que las heroínas protagonistas apenas salgan con sus trajes de batalla. Eso es tan inteligente como decir que una película de James Bond no merece la pena porque no hay ni una sola secuencia en la que el agente secreto salga con su smoking. Tomando distancia y en aras de la realidad, la película tiene sus fallos y sus aciertos. Quizá no llegue al aprobado, pero no todo en ella es tan nauseabundo.

Entre las virtudes se puede destacar el carisma impresionante que desprende su protagonista, Dakota Johnson que podríamos comparar con una Monica Bellucci con la sensualidad rebajada. La señorita Johnson domina la escena con holgura, tiene aplomo y seguridad y rebosa estilo como esa conductora de ambulancia y paramédico que comienza a tener visiones extrañas de un futuro cercano. Por otro lado, la película contiene secuencias brillantemente resueltas como la del tren, en la que el personaje principal de Cassandra Webb comienza a ser consciente de su don y tiene a dominarlo aunque no totalmente.

Entre los defectos está la evidente falta de presupuesto con algunos grafismos cibernéticos bastante torpes, la espantosa dirección de S.J. Clarkson en la batalla final y el diseño algo sonrojante del villano que, como bien se conoce, cuanto mejor sea, a mayor altura brilla la película. También hay algún que otro agujero poco creíble como es el hecho de pasearse con un taxi robado por Nueva York durante la mitad de la historia sin que la policía llegue a molestar, ni siquiera una vez, a los continuos deambulares de esa jefa del grupo de futuras super-heroínas. El resultado es una película que también guarda otro defecto de mayor calado y es su larguísimo planteamiento que, prácticamente, ya coincide con su desenlace. Por otro lado y esto es algo que se debería tomar como virtud, no es sólo un ejercicio de fuegos artificiales continuos y eso, tal vez, es lo que más molesta a los seguidores de Marvel porque hay largas secuencias de diálogo y, claro, lo que se espera es mucha posturita, luchas a granel, efectos visuales, que los hay, a chorro y un cierto secretismo en la personalidad de las protagonistas.

No es tan mala como dicen. No es tan buena como merecería. Por lo demás, la película, además del nítido mensaje de empuje femenino, desliza un pensamiento a favor de los dones que todos guardamos con celo en algún lugar de nuestro interior y que, en realidad, define lo que somos y cómo lo somos, lo cual es bastante interesante. No faltan los personajes que no añaden nada y alguno que otro del que te gustaría saber algo más, pero esto ya es ponerse en plan criticón y no en plan crítico.

Más vale prevenir que curar, dice un viejo refrán. Y aquí parece que hay más de un punto de contacto con aquella otra Next, de Lee Tamahori, con una actriz que promete mucho, aunque aún le queda también mucho que demostrar. Lo mejor es relajarse, disfrutar de las claves adivinatorias, dejar de lado la faceta mística, pertrecharse contra la vigilancia exhaustiva que se ha establecido en todos los rincones de cualquier ciudad y tratar de usar toda la inteligencia para que este mundo sea un lugar un poco más habitable en unos tiempos de irritación y descontento. Eso lo saben muy bien los que trabajan en esos hospitales ambulantes sobre cuatro ruedas que toman el pulso a la urbe como si fueran ángeles de la guarda de una vida que cada día se vuelve un poco más ingrata. Si no hay nada mejor que hacer y te puedes creer los rincones del universo Marvel, ésta es una película menor, pero tampoco parece que pretenda ser otra cosa.

martes, 20 de febrero de 2024

LOS HERMANOS KARAMAZOV (1958), de Richard Brooks

Dimitri vive al día. No tiene ningún problema en endeudarse y afrontar con el gesto relajado las denuncias de cualquier tabernero que exige el pago de sus veleidades. Es militar y tiene la seguridad de que tiene derecho a una herencia que, en contra de su voluntad, retiene su padre. Y el problema es que ambos son bastante iguales. El padre es taimado, terco como una mula y no quiere ceder los derechos de la madre de Dimitri. Eso le dejaría en la ruina porque su hijo le desprecia. Dimitri es más hombre que él y lo sabe.

Iván es periodista y es la voz de la razón cuando, de vez en cuando, regresa de Moscú para ver a sus hermanos y a su padre. Trata de que no haya demasiadas peleas aunque sabe que lo de Dimitri y su padre tiene mal arreglo. Quiere a su hermano y le admira porque, a pesar de la vida ordenada que tiene Iván, Dimitri ostenta una ética que jamás podrá alcanzar. Dimitri es más hombre que él y lo sabe.

Alexei es novicio. Cree que todo se puede arreglar bajo los designios del amor y trata de mediar lo mejor posible entre Dimitri y su padre. Tiene una fe ciega en Dios y en sus hermanos porque sabe que son buenas personas y que en el fondo del corazón de su padre lo que habita, ante todo, es el miedo y no el resentimiento. También admira a Dimitri porque, a pesar de sus juergas y de sus excesos, siempre se ha comportado de una forma que delata el inmenso corazón que tiene dentro. Dimitri es más hombre que él y lo sabe.

Smerdjakov es sólo medio hermano de los anteriores. Sirve al padre como si fuese un criado porque es de inteligencia corta y ambición larga. Se deja humillar por él. Y siente envidia, ante todo, de Dimitri y de Iván porque sabe que son mejores que él. Smerdjakov sólo tiene que sentarse y esperar su momento. Tendrá que sobrepasar a todos si quiere tener el aprecio de alguno de ellos porque, hasta ahora, sólo ha sido un cero a la izquierda. Dimitri es más hombre que él…y no lo sabe.

Fyodor Karamazov es el padre. Es iracundo, bebedor, difuso y miedoso. Teme que le arrebaten lo que tiene y, en el fondo, también teme morir sin cariño. Cree que Dimitri desea su posición. Cree que Alexei es un santurrón ingenuo que no tiene arreglo. Cree que Iván es el más inteligente, pero carente de iniciativa. A Smerdjakov no le tiene en cuenta. Es un inútil que sólo sirve para poner la mesa, preparar la cena y hacer las camas. Fyodor está muy equivocado y, de alguna manera, sabe que es muy tarde para cambiar su actitud. Dimitri es más hombre que él…y tiene plena certeza de ello.

Katya es una mujer que sabe lo que quiere y que se sorprendió ante la nobleza de Dimitri en cierta ocasión. Sólo por eso, está enamorada de él. Sabe que no hay muchos hombres así, que no se aprovechen de una situación que estaba muy clara. Dimitri tiene honor aunque sea un hombre con sus debilidades. Sabe que, si puede, será el hombre de su vida. Él lo merece. Ella también.

Grushenka es esa mujer que sólo se cruza una vez en la vida de alguien como Dimitri. Él pierde la cabeza por ella porque su sonrisa es la luz. Ella tiene dinero y cree que se merece empezar una vida con un hombre de verdad como Dimitri. Sin embargo, algo viene a enturbiar ese proyecto de felicidad y no sólo es Katya que también supura su nobleza de mujer. Un asesinato, una confusión, una precipitada sucesión de acontecimientos. Grushenka no dejará de confiar.

Richard Brooks adaptó con fuerza y muchísimo sentido esta difícil novela de Fiodor Dostoievsky. A pesar de ser un fracaso, con el tiempo ha cobrado prestigio y hoy se puede ver como una película que pasa por ser la mejor adaptación nunca realizada de las obras del insigne autor ruso. Como curiosidad cabría añadir que ésta fue la película que motivó la ruptura de Marilyn Monroe con la Fox porque la actriz, deseosa de mostrar sus cualidades dramáticas, luchó por conseguir el papel de Grushenka, pero la productora se negó en redondo a pesar de que Brooks la consideró muy válida para el trabajo. Monroe terminó de rodar para ellos Bus Stop, quizá su mejor interpretación dramática, y se fue a Inglaterra para trabajar al lado de Laurence Olivier en El príncipe y la corista con producción Warner, para seguir, posteriormente con Con faldas y a lo loco, de la Mirisch Corporation y distribución de United Artists.

Así que llega a ser fascinante este universo fabricado en los tiras y aflojas de una familia que se ama y se detesta a partes iguales, que llega al derramamiento de sangre como solución equivocada y que también pone un mensaje de esperanza para todos aquellos que guardan algo de pureza en el fondo de su corazón.

 

viernes, 16 de febrero de 2024

EL COLOR PÚRPURA (2023), de Blitz Bazawule

Hace casi cuarenta años, un chaval que estaba haciendo el servicio militar sacó unas entradas en el cine Avenida de Madrid para ir a ver la primera versión de El color púrpura con una chica. Quizá quiso impresionarla con su buen gusto y su previsión yendo a sacar las entradas por la mañana para que las butacas elegidas fueran la consabida fila doce, centro. Hoy, ese mismo chaval ha vuelto a ir al cine a ver la segunda versión, completamente solo. La chica va desapareciendo lentamente de aquel recuerdo porque el cine hizo que él fuera consciente de que, más allá de las películas buenas o malas, nunca le iba a engañar, ni a fallar, ni a reprochar absolutamente nada.

Ahora, ese chavalín se ha enfrentado con la versión musical de la novela de Alice Walker y se ha encontrado con que, tal vez, al introducir canciones en la historia todo el desarrollo narrativo es más precipitado, pero que, no obstante, se presta más atención a la relación lésbica, en la que se fijaba de soslayo en la primera versión, y en el hecho racial. Por otro lado, la música es tremendamente rítmica, con muchísima vocación de quedarse adherida al oído y, por supuesto, la emoción también está presente aunque expresada de forma totalmente distinta. Puede que merezca la pena, aunque el muchacho piense que el trabajo de Steven Spielberg en 1986 fuera superior en bastantes pasajes.

Y ese mismo chico no ha podido dejar de emocionarse cuando ha descubierto la aparición especial de Whoopi Goldberg que, prácticamente, pasa desapercibida. O que se ha conservado aquella canción que tanto sonó en aquella época y que fue compuesta por Quincy Jones y Rod Temperton con el título de Miss Celie´s blues y tantísimas veces ha tarareado a lo largo de los años. De alguna manera, ha sido un encuentro con ese imberbe que era entonces para darse cuenta de que todo pasa, todo muere y que, aunque el cine sigue luchando por seguir, él no es ni la mitad de la persona de la que soñó ser.

Buenas coreografías, con una buena dirección de Blitz Bazawule, con un fuerte componente étnico, con Louis Gossett Jr., aquel sargento implacable de Oficial y caballero, recordándonos que el tiempo no pasa en balde, con la certeza de que Dios elige caminos muy misteriosos para hacer su voluntad…como hacer que aquel chaval que fue al cine para conquistar a una chica no consiguiera ganar su corazón con una película que lo estremecía hasta dejarlo mendigando en el callejón de cualquier cariño.

Quizá Dios esté tratando de decirte algo y no te estés dando cuenta, zagal. Quizá aquello quedó suspendido en tu memoria para dejarte impresa una lección en la conciencia. Quizá esa película tuviera los mimbres necesarios para que estuvieras seguro de la suerte que has tenido toda la vida. Da lo mismo. Ahora vuelves a ella para volver a asegurarte de que la vida no fue tan mala, aunque no fue la que más deseabas. Cantas con esas voces negras que tanta envidia te dan cuando te pones bajo la ducha y tratas de que los pies no te bailen al ritmo cuando suena la música que más te agita. Sólo si me muero dejaré de escribirte. Querido Dios. Bastardas y maltratadores hay en todas partes. Hermana, has estado en mi pensamiento. La belleza se halla en el interior. Las maldiciones existen. Es hora de decir que no. Aunque sea de forma definitiva y nada sea igual a lo anterior. El tiempo y la imagen. Las lágrimas y la esperanza. Colores púrpura en un cielo que no volverá a repetirse. ¿Te has enterado, chaval?