No
todo lo que escribe alguien que ha llegado muy alto en los terrenos de la
creación tiene que ser necesariamente genial. En esos caminos inescrutables del
escritor o cineasta, a veces se empieza hiriendo el papel con unas cuantas
palabras y se acaba armando una gran historia. En ocasiones, ocurre lo
contrario. El mismo autor cree que está haciendo algo que merece realmente la
pena y realmente da pena. Las posibilidades de un argumento son infinitas y se
piensa que es apasionante cuando resulta que es desilusionante. Perdonen tanto
juego de palabras, pero es que cuando se pone en marcha una película con un
reflejo entre realidad y ficción siempre parece que la realidad pierde y se
empieza a jugar con la mediocridad.
Por un lado, tenemos a
un director de prestigio que lleva unos cuantos años que no hace nada que
aumente su prestigio salvo ir a recoger un premio allí, acudir a un homenaje
allá y dar unas cuantas charlas sobre lo que hizo, lo que dejó de hacer y lo
que pretende hacer. Al otro lado del papel, asistimos a la degradación por la
culpabilidad de una mujer que también ha dirigido un par de películas y que
está sucumbiendo a repentinos ataques de ansiedad que, por supuesto, sólo puede
calmar a través de pastillas de potencia consumada. En este lado de la escena,
podemos intuir a un director como Pedro Almodóvar que quiere sondear en los
abismos de la creación y pone en juego un tablero de engaño hurtando la
historia que quiere contar. Todo en orden.
Por mucho que Almodóvar
quiera hurgar en ese inacabable orden desordenado que es la acumulación de
ideas, no se puede evitar una cierta sensación de que el espectador ha sido
víctima de una tomadura de pelo. ¿Por qué? Porque el manchego nos cuenta dos
historias que no terminan de tener interés, precisamente porque nos quiere
describir la mediocridad y, cuando por fin llega una idea, algo luminoso,
brillante, que desea ser contado, aparece uno de los finales más inoportunos
del cine. Y eso es así. El espectador, ese ente insaciable que está esperando
los pormenores de algo, se tiene que conformar con los detalles de algo, sí,
pero inane, sin demasiada gracia, sin destino, que, a todas luces, tiene que
ser reescrito porque no describe nada. Es como si cualquiera de ustedes se
pusiera a narrar cualquier evento de su azarosa existencia a una serie de
atentos y expectantes oyentes y van cayendo en la cuenta de que lo que están
diciendo no tiene gracia en ningún sentido. En definitiva, carece de interés
más allá de lo que es un mero retrato de unos cuantos personajes.
Así que ándense con cuidado a la hora de ponerse delante de un teclado de un ordenador. La hoja en blanco es un loco desafiante que quiere ser rellenado con planteamientos, nudos, desenlaces, amores, rupturas, reconciliaciones, sentimientos, acciones y reacciones. No se queden sólo en un hecho puntual para que tengamos simpatía por unos personajes que ni siquiera existen. Alguien puede tener ataques de ansiedad, de acuerdo. Y los puede tener por una razón concreta, de acuerdo. Pero ¿saben qué es lo que interesante? Que esa mujer lo tiene todo mientras las amistades que la rodean se hallan heridas casi de muerte. Y no cae en ello, a pesar de que, sin duda, anida cierta bondad en su corazón que, por aquello de que el Pisuerga pasa por Valladolid, también le sirve para escribir a su vez un guion en el que blablabla… Ficción y realidad. Ficción y no realidad. No ficción y realidad. Eso es lo que baraja continuamente la película. Eso sí, Bárbara Lennie, como siempre, ofrece una interpretación maravillosa, al igual que Aitana Sánchez-Gijón, que deja entrever en su personaje los nervios de una vida que se ha visto alterada de forma imprevista. No está mal el trabajo actoral en esta película, hay que reconocerlo. Lo que puede tener más inconvenientes es que no todo lo que se escribe es genial, pero eso ya lo he dicho. Tal vez, el reflejo entre ficción y realidad en mi ordenador es más débil de lo que pensaba.

7 comentarios:
Yo creo que el problema es que Almodóvar hace tiempo que dejó de ser Almodóvar, ese director genial que te volaba la cabeza con cada historia, cada decisión, acertada en algunos casos, no tanto en otros, pero siempre con ese gramo de riesgo y de locura. El problema está por tanto en las expectativas que genera un director que en la actualidad se aferra a lo que tiene y a lo que puede ofrecer. Quien tuvo retuvo dicen. Y en Almodóvar sigue habiendo destellos. A mí “Madres paralelas” me gustó más bien poquito, pero “La habitación de al lado” me gustó mucho, más incluso que “Dolor y gloria”. Es mucho, tratándose de un director que en los últimos tiempos me daba la impresión de empezar a estar vendiendo humo. A pesar de todo, en todos estos títulos es posible encontrar destellos de aquel gran Pedro. También es esta “Amarga Navidad”.
La película se nos ha vendido como el mayor ejercicio de honestidad de la carrera de su autor, una autoficción que además es una autoflagelación en toda regla ("has perdido la gracia" le dice el personaje de Aitana a su alter ego Sbaraglia). Es verdad que cuesta entrar en la historia de Bárbara Lennie que sí lo piensas es un poco tonta y en principio no sé qué interés cinematográfico podría tener para el hipotético espectador de Sbaraglia. Queda en evidencia la impostura del melodrama (mucha Chavela, mucho lloro). Mucha intensidad fingida en una palabra. Pienso que esto que podría ser un hándicap le viene muy bien a Pedro en la parte que viene después tras ese giro que quizá no es tal.
Hay destellos del gran Almodóvar, pero ya no se pueden evitar las situaciones forzadas tanto en la parte del melodrama como en la del humor (compárame el episodio aquí de Carmen Machi con el de la testigo de Jehová de Chus Lampreave en “Mujeres al borde…” o las broncas maternofiliales de la propia Chus y Rossy de Palma en “La flor de mi secreto”). Es como si Almodóvar nos dijese, hasta aquí he llegado, esto es todo lo que te puedo dar de mí en este momento. Pero no me pidas que deje de rodar porque lo necesito para vivir.
Y con todas estas puntualizaciones he de decir que a mí la película me gustó.
Abrazos aporreando compulsivamente el teclado
Bueno, ese análisis que haces de Almodóvar me parece bastante acertado. Me gustaron "Dolor y gloria" y también "La habitación de al lado", a pesar de esa inclusión forzadísima de lo del cambio climático. Me disgustó "Madres paralelas", me pareció de lo peorcito de Almodóvar.
Es muy curioso cómo se recibe la obra de este hombre. He leído hasta gente que se alegra de "cómo recupera el humor descacharrante". Sí, una juerga. Todo por ese intervalo, que no viene muy a cuento, de Carmen Machi, aunque lo acepto sin problemas.
La película está primorosamente dirigida, sabe combinar los colores como nadie, hay una limpieza en las imágenes que es maravillosa...yo sé que lo que quiere contar es la vampirización en la invención de historias, pero sigo pensando que, en realidad, es una tomadura de pelo. Es decir. Estamos todo el rato con el paralelismo de la historia que está escribiendo ese director de cine, Leonardo Sbaraglia, que es el propio Almodóvar, evidentemente. Te la cuenta y evoluciona y tal...y no tiene final. Y además, con un entusiasmo que no ha salido en ningún momento en la habitual languidez que nos coloca, va y te dice que no, que la historia buena no es esa, que es esa otra que comienza a escribir...¿en serio? ¿Me has tenido dándole las vueltas a la pelota durante más de hora y media con la chica ésta y sus ataques de pánico y ahora me dices que se te ha ocurrido otra historia en la que vampirizas aún más y que no me la vas a contar?
Lo de Chavela...la verdad...se repite un poco, por mucha Amaya que ponga y por mucho intimismo que tenga la escena. Además, vuelve a colocarla en la escena con Lennie y Luengo. Es que, en realidad, la película no me dice nada. Es una de esas que no te llega a gustar, que tampoco te disgusta, pero que no, que le falta genio, que falta talento. Almodóvar es muy listo y se coloca detrás de un acabado formal impecable para, realmente, no contar absolutamente nada.
Abrazos con pastilla bajo la lengua (una forma elegante de droga).
Pues tampoco la he visto aun, que os voy a decir.
Hace tiempo cada estreno de Almodovar era una ocasión pintiparada para irme a una sala y ver su nueva peli. En demasiadas ocasiones me he llevado grandes decepciones, sobre todo en su último periodo. Desde "Volver", y de eso hace ya 20 años, sólo me parece interesante aunque sin llegar a ser una peli redonda "Julieta" y eso que aprecio bastantes cosas buenas de "Dolor y gloria", pero en general encuentro más defectos en su cine que aciertos y termino bastante fuera de lo que cuenta.
Es muy probable que haya perdido el ángel que le iluminó en su periodo mágico del 84 con "¿Que he hecho yo..?" hasta el 91 con "Tacones lejanos". A partir de ahí ha tenido buenas películas, pero siempre me ha parecido que incluía situaciones chirriantes que no encajaban bien ni en lo que contaba, ni en el como lo contaba. Bueno, puro Pedro. A cambio su pasión estética se ha ido convirtiendo en una seña de identidad mucho mayor que la trascendencia de lo que contaba.
Ahora además juega con incrustar sus mensajes y pensamientos sobre el mundo actual. No hay problema, en incluirlos, es perfectamente lícito y aceptable. El problema es que tenga sentido en lo que hay en la pantalla. Como dice Cesar, en "La habitación de al lado" es ridículo. Pongo a dos personajes conversando y les hago decir lo que pienso en una conversación que no tiene sentido con el desarrollo del drama. Mucho peor aun lo de "Madres paralelas" que terminaba por destrozar un film absolutamente mediocre.
El otro día en la radio escuché la única entrevista que me ha parecido realmente interesante de todas las que ha dado en los últimos tiempos. Gran parte por el entrevistador, Javier del Pino, que huyó en posible de la promoción de la película y se centró mucho mas en cuestiones creativas, análisis cinematográficos, motivaciones personales, etc.
Lo que dice Dex, de "vendehumos" yo lo llevo pensando mucho tiempo, desde los 90 casi. Que hace (o hacía) un cine mejor que mucho, puede ser, pero que le daba (y se daba) una importancia descomunal también es así.
En fin, la veré e intentaré hablar con mayor conocimiento de causa.
Abrazos ¿rotos?
Muy de acuerdo con ese análisis que haces a priori. Creo que pasó una crisis personal a raíz del desastre que tuvo con "Los amantes pasajeros" (tengo un pariente que es gay y que, cuando hablamos de la película, siempre dice lo mismo: "Es una mariconada" -espero que esta afirmación se entienda) y, desde entonces, está intentando encontrar caminos que le satisfagan. Algunas veces lo consigue, otras no. Pero hay una cierta tendencia a considerar que todo lo que hace es genial, superlativo, originalísimo, la bomba Tomba, y no, no lo es. Es más, yo diría que lo que hay es algún pico muy interesante y que suele estar por debajo de las expectativas de lo que seria capaz de dar y se centrara un poco en lo que quiere o no quiere contar (y no en el mensaje político de moda para vender).
Sí, es un poco vendehumos, es cierto. Y sí, se le da una importancia descomunal a un tipo que, sin duda, descubrió una estética, pero que a la hora de buscar su ética da muchos bandazos. De hecho, si lo pensamos un poco, algunas películas de su filmografía hoy estarían directamente prohibidas por esta cultura tan cansina que nos quieren imponer. Pero de eso,él no va a hablar.
Abrazos escribiendo
Buenos días. Os supongo aun de vacaciones (ojalá que las estéis disfrutando como merecéis), pero como por fin vi esta ¿película? este fin de semana no me quería quedar con las ganas de soltar un par de sapos por la boca.
Dice el amigo Arturo González Campos que toda película, incluso la que menos te guste, merece no ser destrozada por críticas terribles. Que, aunque te parezca malísima no tienes por qué tener razón. Y, vale, acepto ese pulpo como animal de compañía, pero cuando uno habla de una película habla de la sensación que le ha causado y ahí no hay forma de ser objetivo. Vamos, Boyero lleva toda su vida diciendo lo que está bien y lo que está mal basándose únicamente en su criterio emocional-sensitivo.
A lo que voy. Coincido plenamente con el análisis del Lobo. Toda la película me parece una sucesión vacía de escenas que no llevan a ninguna parte hasta que sucede el encuentro en el parque de Aitana con Sbaraglia con una botella de mezcal de por medio. De pronto, la película toma un interés donde hasta entonces no había nada y a partir de ese momento de epifanía llega el FIN que deja al espectador (o a algunos espectadores) tan expectantes que amplifican aún más las carencias del 95% de la película anterior.
Que están las virtudes "pictóricas" del Almodovar de siempre, cierto. Aunque yo ya empiezo a dudar de si es criterio propio o de su equipo, que ha logrado sublimar la idea inicial del manchego y ya navegan solos sin más control que el visto bueno final de Pedro, en todo caso, como es labor del director validar todo, pongamos la medalla en su pecho y listo.
Y si están esas virtudes, también están sus errores, entre ellos las legendarias escenas sueltas que no conjugan nada con el resto del film y que aparecen como ocurrencias deslavazadas en todas sus películas. Porque no son comparables las escenas que comenta Dex de Chus Lampreave en "Mujeres..." o en "La flor de mi secreto". En estas, daban carácter a un personaje secundario y venían a cuento. Lo de Carmen Machi es poco más que un cameo que no tiene ningún recorrido en la función, ni la escena, ni el personaje. Pero a Almodovar se le ocurrió el chiste de confundir director de culto con lo de la secta y había que meterlo con calzador, me invento una escena de 10 minutos entre que voy y vengo a urgencias y me miran un poco y lo cuelo. Y ya de paso, cuelo otra gracia graciosísima, la de unos tipos que estaban de farra y cuando dan la tarjeta en urgencias tiene restos de coca…jajaja, me parto.
Sigo en otro comentario que no me cabe todo en uno…
Dicen que Pedro ha comentado en alguna entrevista que quiere reunir de nuevo al elenco, que le ha parecido magnífico, para hacer otra película de mayor lucimiento actoral. Quizá sea la prueba de que el mismo entiendo que su película es un bluf y no ha sabido sacar partido de ninguno de ellos (excepto de Aitana en la escena que hemos comentado).
Sbaraglia, habitualmente competente y hasta brillante en ocasiones, compone un personaje plano, sin interés, con el que no empatizas nunca. ¿Quería Pedro que lo viéramos así? Puede, pero sólo se hubiese explicado la discusión con Sánchez Gijón si hubiéramos entendido los argumentos creativos del personaje, pero como son pura simpleza emocional tampoco nos transmite ese supuesto punto de vista con cierto realismo.
Lennie siempre brillante aquí también nos muestra un personaje básico movido entre la tristeza, la angustia y el vacío. De la Luengo casi ni comento, no me gusta mucho como actriz, pero aquí parece que han ido a hacer daño "tu muévete entre la pena y el dolor y la rabia, pero lo más inexpresiva que puedas". Quim Gutiérrez, ¿de verdad para ese personaje necesitas a este hombre?¿porque se ha puesto muy cachas?. Y pobre Partick Criado, venga, vamos a hacer que el personaje sea estríper a tiempo parcial porque me mola sacar una escena de bailongo erótico, pues el chaval a aprender como moverse para subir las temperaturas.
Y toda esa escena de la fiesta de Rossy de Palma, pufff como decirlo...¿Qué mierda es eso?, Venimos a que me des una pastilla tu que tienes mucha droga. Claro, y acuéstate aquí tranquilita con tu novio que luego viene Amaia a cantarte (y que bien canta esa chica) un poquito. Y vosotros, al escuchar, poneis caras como cuando cantaba Marisol en sus pelis, pero en tristón.
En definitiva, conjunto vacío, porque utilizando un esquema muy clásico (lo hemos visto ya muchas veces) vemos la historia que escribe Sbaraglia en imágenes el problema es que esa metaficción no se sostiene porque como dice Dex "la historia de Bárbara Lennie qsí lo piensas es un poco tonta y en principio no sé qué interés cinematográfico podría tener para el hipotético espectador de Sbaraglia". Y ahí está el fondo del asunto, que nada de lo que ocurre con Lennie tiene interés...
En fin. Que alguien venda humo, malo, pero aquí es que no hay ni vapor de agua.
Abrazos con el aplausómetro gratuito de Cannes
Antes de continuar, me gustaría contar una cosa.
Cuando escribí el artículo sobre "Madres paralelas" recibí una denuncia, me imagino que del encargado de las redes sociales de la productora de los hermanos Almodóvar, diciendo que debía retirar tanto el poster como el artículo que había escrito, porque me iban a llevar a no sé dónde y tal y cual (espero que con Boyero pasara lo mismo, aunque lo dudo) y que tenía que retirar inmediatamente tanto el poster como el artículo porque, además, corría el riesgo de suspensión del blog.
No soy ningún héroe, y no me resistí. Quité el poster y el artículo y no me arrepiento de ello. Creo que fue una forma de censura, eso sí. Y lo cuento siempre que tengo oportunidad. Fue una canallada de su parte (además, habida cuenta de que el artículo no contenía nada ofensivo, sólo decía, con mi estilo habitual, que la película no me gustaba). Y podéis comprobar vosotros mismos que el artículo no está en el blog. Ése es Almodóvar y la gente que lo rodea. Después he hecho un ejercicio de objetividad tratando de no dejarme llevar por odios y sinsabores y siempre con la pregunta de "¿me lo censurarán esta vez?".
Dicho esto. Estoy bastante de acuerdo con todo lo que apuntas. Es humo. Y la película es humo. Te mete en una historia que no resuelve, ni siquiera es una historia de esas que suspende en un punto en el que te deja pensando. Solamente la deja ahí y ya está. Si habías empatizado o no con el personaje de Lennie, o con el de Criado, o con quien sea, es tu problema, no de Amodóvar. Por otro lado, él prefiere una historia, que es la que no cuenta. No te da tiempo a empatizar con nadie y casi, casi, sospechas que lo que va a iniciar Sbaraglia es una "vendetta" sobre el papel hacia una persona que, bajo su punto de vista, lo ha dejado bastante abandonado.
Muchos actores de calidad que no son necesarios, líneas argumentales abandonadas, el chiste de Machi, la trama principal sin resolver, la trama que la reemplaza sin iniciar...eso para mí, no es precisamente tener muchas ganas de hacer cine.
Abrazos desde el teclado
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