miércoles, 6 de mayo de 2026

EL DIABLO VISTE DE PRADA (2006), de David Frankel

 

¿De qué le sirve a una mujer ganar el éxito profesional si por el camino pierde su alma? Eso suele pasar en aquellos trabajos en los que la apariencia cuenta más que el cerebro, pero eso no quiere decir que se te exija no poseer cerebro en absoluto. Todo lo contrario. Debes saltar por encima de las demoledoras y destructivas envidias, por debajo de las continuas y severas humillaciones, de la sensación de que te están poniendo a prueba durante todo el tiempo y, además, tener la cabeza muy bien amueblada para conseguir un cierto grado de organización y de recursos más que suficientes para atender los deseos y órdenes de alguien a la que nadie, ni por asomo, le han dicho que no. Y cuando lo hacen, se deshace en lágrimas. Así que, ya en el mero hecho de conseguir el trabajo soñado por toda una pléyade de jóvenes que quieren abrirse paso en la jungla de asfalto, hay una valentía formidable. Y esa bravura se eleva aún más cuando la perseverancia y la terquedad de no abandonar se convierten en la meta.

Eso sí, mientras tanto, habrá que pagar un alto precio. Renunciar a tu imagen cómoda para abrazar al glamour sin ambages. Dejar de lado tu vida personal porque intentarán disponer de ti en todo momento y a cualquier hora. Abandonar a tus amistades, porque ellas no son importantes. Tú sólo estás y debes estar para quien da las órdenes. Y las da de una manera terriblemente arrogante, de un modo casi insoportable, sin respetar a nadie, sin tener en cuenta los problemas de nadie, sin querer explicaciones de por qué se ha conseguido algo o por qué no. El diablo, en esta ocasión, viste de Prada. Y lo es porque no sabe lo que es la educación, por mucho que crea que es la cima de las buenas maneras y de la elegancia.

Hay que reconocer que la película, que navega entre la comedia de cierta sofisticación, y la reivindicación de la mujer (casi sin saber que se reivindica por sí misma con el personaje de una espléndida Anne Hathaway), es ciertamente efectiva aunque, en realidad, este rodeada de frivolidades de altos vuelos muy propias del mundo que pretende retratar. Meryl Streep, por supuesto, adopta esa mirada casi felina, rellena de fiereza por los bordes, para mostrar el retrato de una mujer a la que no le importa nadie. Sólo ella misma. Y que desarrolla un cierto respeto por su empleada sólo cuando ella ve que es capaz de superar la ambición y mantenerse como persona, algo que su personaje es incapaz de hacer porque no tiene ni idea de lo que es la admiración por los demás. Estupendo también Stanley Tucci en la piel de ese asesor de moda que está deseando librarse el abrazo del diablo y que está condenado a permanecer en su sombra. Y muy atinada, como casi siempre, Emily Blunt como esa compañera que apenas puede dominar la envidia y el sentimiento de superioridad.

Todo esto… ¿a dónde nos lleva? Posiblemente, la conclusión sea que es una historia que, mirada con cierta frialdad, es bastante simple, pero que está muy salvada por un reparto que está muy ajustado en todos sus papeles. La demostración preclara de que una película puede guardar interés sólo para ver el desfile de unos intérpretes que dotan de carne y hueso a un mundo que huele insoportablemente a Chanel. Luego, si acaso, ya vendrán las pasiones personales.

4 comentarios:

dexterzgz dijo...

No se si me dará la vida para ver la segunda parte, pero sí recuerdo que con esta primera lo pasé bastante bien. Y creo que es uno de los mejores papeles de Meryl, probablemente porque si el papel hubiese caído en manos de otra no estaríamos hablando de esta película como de comedia efectiva. Veo más mérito hacer de Miranda Priestley en una comedia intrascendente y elevarla hasta el infinito y más allá que hacer de la Tatcher en un biopic insulso de morirse por muchos Oscars que te den. Por supuesto el reparto está a la altura con la Hathaway y el nunca bien ponderado Tucci. Ah, y me tienes que explicar eso de "efectiva como casi siempre Emily Blunt".

Abrazos llevando los cafés

CARPET_WALLY dijo...

Pues estoy muy de acuerdo con lo que comentas.

Hace poco escuché a Boyero decir de esta película que no recordaba casi nada , que no le ha quedado casi ningún poso a pesar de haberse convertido en un film de culto (no de cinéfilos sino de otro tipo de espectadores). Yo normalmente no suelo coincidir con él, pero n esta ocasión comparto absolutamente lo que decía. Recuerdo verla, por supuesto, quizá incluso un par de veces o más si incluyo los visionados parciales de las reposiciones televisivas. Pero, salvo las estupendas interpretaciones de casi todo el reparto, la moraleja (bastante tópica) del cuento y algún pequeño gag de comedia fácil, no me pareció nada del otro jueves.

Y no es que sea poco lo que valoro, hay miles de películas que no dan ni la mitad, pero tampoco me parece que sirva como para ensalzarla como se ha hecho o convertirla en un referente que necesitaba una segunda parte porque el mundo lo estaba pidiendo a gritos. Quizá en Estados Unidos haya calado de alguna forma que a mi se me antoja lejanísima para el mercado español. Puede que mi edad, mi condición masculina y algún otro defecto añadido de los tantos que adornan mi estúpida personalidad haya evitado que capte las maravillas que se nos mostraban en la pantalla. Puede ser también que en este loco mundo actual, la frivolidad se sienta atraída por ese mundo de tono falsete que la película critica a la vez que ensalza y nos lo presenta como lo más in, aunque en el fondo diga: esto es el cielo y vosotros estáis out.

No sé, como comedia de entretenimiento me parece bien, como crítica vitriólica me parece flojísima, como relato interesante me parece muy poca cosa.

No obstante, se puede ver bien, pasas un rato agradable y, como decía Boyero, luego recuerdas que la has visto, pero apenas recuerdas nada de lo que viste.

Abrazos en la alfombra roja.

César Bardés dijo...

Dexter, yo creo que, fácilmente, se puede decir que Meryl Streep haga una interpretación muy notable en "La dama de hierro" en una película que, quizá, no esté demasiado a la altura. De hecho, es posible que en esta película pase exactamente lo mismo. Ella está muy bien, da muy bien el pego en ese personaje sin escrúpulos, que maneja y condiciona y manipula en un mundo de frivolidad bastante irritante y la película pues...sí, vale, está bien, pero tampoco es nada del otro mundo.
Me preguntas por Emily Blunt..., tal vez porque no te parece que casi siempre ha sido efectiva...vale, exceptuamos "The smashing machine", pero a mí me ha parecido siempre una actriz bastante solvente y bastante elegante. Una de las actrices en femenino que aún hace tener esperanza en el cine. Al igual que Anne Hathaway.
Abrazos vestido de Armani (sí, aunque no lo creáis, tengo un Armani)

César Bardés dijo...

Carpet, por una vez, casi, casi, casi estoy de acuerdo con Boyero. Me gusta eso de que "es una película que recuerdas haber visto, pero apenas recuerdas nada de lo que viste". Yo achaco a eso que se mueve en un mundo frívolo que se fija sobre todo en las apariencias y no en las posibles jugadas inteligentes de ninguno de los personajes, porque Anne Hathaway (que también lo hace muy bien) no hace ninguna jugada maestra ni nada de eso, ella persevera, resiste y se anticipa a los deseos de su patrona, y ya está.
Esto que describo puede que, en el momento de su estreno, se percibiera como una reivindicación del papel de la mujer, que lo es, pero no dice nada en cuanto a las capacidades intelectuales de las mujeres, sino a su capacidad de resistencia (un tema mil veces tratado por el cine y, muy posiblemente, de mejor modo) dentro de un mundo que, seamos sinceros, nos pilla bastante lejano.
Sí, la factura de la película está bien, no tiene grandes momentos de comedia, no te ríes a carcajada limpia, te dibuja una sonrisa de vez en cuando y asistes a un desfile por un precio módico. Ya está. A eso le añadimos los espléndidos actores y actrices que pueblan su reparto y puede darle un plus de valor, pero para nada me parece esa gran película que algunos han querido vender.
Abrazos con el Armani (sí, ya sé, me repito, pero me gusta presumir de que tengo un Armani).