miércoles, 10 de junio de 2026

ARISE, MY LOVE (1940), de Mitchell Leisen

 

Extraña película. Está llena de sentimientos encontrados y, aún así, funciona maravillosamente bien. Todo empieza de manera especialmente dramática porque el principio, es un final. Una ejecución en una cárcel española. Se trata de deshacerse de los miembros de las Brigadas Internacionales que han caído prisioneros y, una vez acabada la guerra, el gobierno de Franco trata de ajustar las cuentas. En una celda, bien pegada al paredón (tanto que resulta bastante insegura si hay alguna bala perdida disparada por alguna cabeza extraviada), un hombre espera su final. Un fraile ha acudido a consolarle en sus últimas horas y al tipo no se le ocurre otra cosa que liarle para que juegue una partida de póker con él. Es un aviador derribado que ha pasado varios meses en prisión y ya sólo le quedan horas de vida. De repente, llega el indulto. Su mujer, una atractiva americana, ha pedido clemencia y se lo han concedido. El fraile es el primero que se alegra. El segundo es el reo, pero no porque sea un agorero ni nada por el estilo. Es sólo que nunca se ha casado, así que no tiene ni idea de quién puede ser esa mujer que ha puesto tanto empeño en liberarle.

Así, lo que empieza de forma desoladoramente dramática, comienza a transformarse en una comedia. Al principio, se mueve con soltura en los intrincados y no siempre bien transitados caminos de la comedia romántica, pero es que, luego, de forma sorpresiva, deriva en una screwball comedy. Todo girando, claro está, en torno al juego del cortejo que comienzan ese aviador idealista, que quiere luchar donde se hace falta, y esa periodista que busca el titular con ansia. Hay situaciones verdaderamente graciosas, desencuentros, tropiezos, máquinas de escribir y deseos incontenibles de acabar el uno junto al otro…pero, en un nuevo giro de tuerca, estalla la guerra en Europa y la trama se retuerce y pasamos a un dilema moral de altos vuelos… ¿Merece la pena luchar por la libertad en Europa cuando acabas de conocer al amor de tu vida que, sin duda, camina hacia el éxito en Estados Unidos que, en ese momento, siente la guerra como algo ajeno? El hundimiento del Atenea en el Atlántico y en el que viajan los dos protagonistas, ayudará a clarificar las cosas. Puede que, por un lado, estés al lado de quien más quieres y que, no obstante, creas que has traicionado todo aquello en lo que creíste y que, al fin y a la postre, puede cambiar el mundo. O puede que, por otro lado, estés luchando con ahínco para desterrar la amenaza fascista de Europa y que no pienses más que en ella mientras te salpica la gasolina del motor de un caza. Por parte de ella, puede que disfrute de un éxito que ya tiene ganado y que renuncie a contar la mayor noticia del siglo XX como es la guerra, o puede que su vida sea un titular y que el Pulitzer esté a la vuelta de la esquina mientras, con el ruido de las teclas, se recuerdan los mejores momentos que han podido ocurrir en su vida. Decidan ustedes.

Por cierto, Mitchell Leisen dirige y el guion es de dos señores llamados Charles Brackett y Billy Wilder. No está a la altura de Medianoche, pero es una buena película que sorprende a cada vuelta de la esquina. Prepárense para reir, para llorar y para preocuparse.

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