viernes, 20 de mayo de 2016

LA DALIA AZUL(1946), de George Marshall

Johnny ya ha visto demasiados muertos en la guerra y tiene un aire en los ojos como si estuvieran quemados de tanto sufrimiento. Solo la amistad con sus camaradas hizo soportable todo aquello porque, para colmo de males, su hijo murió mientras él pilotaba un avión de la fuerza aérea. Y cuando vuelve a casa se encuentra que todo está bañado en cinismo con cubitos de insidia. No se siente a gusto. Su mujer no es la misma. El ambiente es turbio y podrido. Hay jugadores de ventaja que solo quieren estafarle un dólar. Hay listillos que quieren cargarle el muerto. Y Johnny podrá estar cansado, derrotado, ya de vuelta de todo, pero es incapaz de rendirse. Es una palabra que no entra ni en su vocabulario ni en su ánimo. Y lo va demostrar una última vez.
Por el camino, se encontrará a una chica que también ha cometido errores pero que ha sabido sacar provecho de ellos. Nadie dice quien dice ser. El amable propietario del club. El servicial guardia de seguridad que hace las veces de detective de un hotel residencial. Y Johnny no sabe si la chica dice la verdad o, por el contrario, es otra rata dispuesta a meterle en el agujero del que nunca debió salir. Los Ángeles parece que no tiene sol y la noche se hace demasiado larga cuando tienes que vértelas con un puñado de individuos de baja estofa.  Todo confluye en el club de La dalia azul, allí donde los sueños se ahogan en un vaso de whisky lleno hasta el borde.
Lo cierto es que Johnny tiene suerte porque sí que hay alguien que dice la verdad. Es una verdad confusa, sumida en las brumas de la desorientación pero es un tipo auténtico. Se trata de uno de sus compañeros. Un tipo que tiene una placa de metal en la cabeza y que no aguanta la música con el volumen alto. Él estima a Johnny y tiene conciencia del gran equipo que formaban allá arriba, en las alturas. Tiene arranques violentos pero es porque le duele la cabeza. No es fácil convivir con un tipo que duerme con un dedo en el gatillo pero es el mejor de todos. Curioso mundo, piensa Johnny. Solo el loco dice la verdad. Los demás están sumidos en un barro de blanco y negro.

Raymond Chandler siempre dijo que éste era el mejor guión que había escrito de todos los que llegó a realizar en Hollywood, que no fueron muchos. Pero por una vez, le dejaron escribir lo que quería, trazar a los personajes, construir una trama llena de rincones oscuros. Alan Ladd, ese rostro que volvía al cine negro en un cuento de hadas, puso la negrura. Verónica Lake tuvo un algo más atractivo que en el resto de sus películas. William Bendix construyó un personaje memorable. Howard da Silva, un grandísimo actor que, más tarde, fue perseguido en la caza de brujas, aportó naturalidad. Y George Marshall puso oficio detrás de la cámara. No fue una película excepcional. Quizá ni siquiera fuera una gran película. Pero sí fue una película sólida, con interiores en los hombres y exteriores en la noche. Algo que no es fácil de sobrellevar cuando se han visto tantos muertos y aparecen de nuevo en Los Ángeles.

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

Adoro el cine negro de esa época y esta no me la puedo perder, apunto. Ni Alan Ladd ni Veronica Lake son precisamente lo que se dice mis actores favoritos, pero el argumento promete. Corrígeme si me equivoco pero tiene cierto aroma hitchcotiano aunque el tito nunca hizo cine negro puro. Lo del falso culpable y el tipo al que se le carga el muerto encima, y tiene que demostrar su propia inocencia, aunque todo apunte en su contra y todos los indicios le señalen a él.

Curiosamente ayer me pegué una doble sesión youtubera con el género. Empecé con "El gran tipo", en la que el carisma de James Cagney se eleva por encima de un guión algo flojo. Luego di un salto temporal y cualitativo con "Delito de pasión", título horroroso para una película que mezcla el drama romántico con el trhiller y que no está nada mal. ¿Alguna película está mal cuando tiene a Barbra Stanwyck dentro?). Ambas pelis, como digo, están en el yutub y son cortitas.

Abrazos con sombrero ladeado

César Bardés dijo...

Eso nos une, Dex. Yo confieso que me hago ciclos de cine negro de todos los tipos clases y colores. A mí tampoco me gustan ni Alan Ladd ni Veronica Lake pero les doy un pase en tres películas que a mí me parecen muy salvables. Una es "La llave de cristal", de Stuart Heisler, adaptación de Hammett que está muy, muy cerca de "Muerte entre las flores". Otra es "El cuervo", de Frank Tuttle, la película que les encumbró a los dos, por entonces unos desconocidos, adaptación de Graham Greene y que pone de manifiesto la soledad de un asesino profesional, tremendamente frío e implacable. Otra es esta "La dalia azul" que tiene el enredo típico de Chandler y que lleva su sello de cabo a rabo. Ojo al papel de William Bendix que es extraordinario.
"El gran tipo" creo que la he visto. ¿Es aquella en la que Cagney es un Inspector de la Oficina de Pesos y Medidas o algo así? Recuerdo que me pareció floja y luego, así investigando, descubrí que Cagney había tenido un gran éxito el año anterior con una maravillosa película, hoy lastimosamente olvidada, que se llamó "Contra el imperio del crimen" y creo que ésta quería repetir un poco la fórmula porque Cagney, por fin, se había pasado al lado bueno de la ley. Con "Delito de pasión" me pillas porque ésa sí que no la recuerdo. La buscaré. Lo más probable es que no la haya visto.
Abrazos con humo saliendo del cañón.