miércoles, 4 de enero de 2017

COMANCHERÍA (2016), de David MacKenzie

Allí donde los caminos están cubiertos de polvo y decepción, también ha llegado el capitalismo más salvaje que arrebata tierras y arruina vidas. El arrojo de algunos les lleva al robo y, lo que es aún mejor, al robo del mismo ladrón. Sin embargo, eso no es legal y un policía de Tejas tratará de encontrarle sentido a todo en el borde del momento en que todo lo pierde. Quizá no sea un país donde se pueda encontrar la lógica. La violencia moral no se rige por esas reglas.
Así que en el infierno, aún habrá gente que se hunda en las profundidades convirtiéndose en sujetos en permanente huida que no tienen demasiada cabida en un mundo que ya ha dejado de ser comprensivo. Hace muchos años los blancos arrebataron su tierra a los indios y ahora los bancos arrebatan esa misma tierra a los blancos. Solo hay una letra de diferencia, solo unas cuantas generaciones para que nada cambie y el ser humano trate de destruirse a sí mismo con saña. Nada nuevo bajo el sol.
La brutalidad también bordea la necesidad y en el momento en que se atenta contra la misma vida, entonces ya se deja de tener razón. Es la eterna cuestión. No todo lo legal es razonable. No todo lo razonable es legal. Y debemos establecer la frontera entre ambas cosas en los estrechos márgenes de la moralidad. Difícil tarea para una vida ya pasada. Aún más difícil para otra que trata de dejar algo honorable para los que vienen después. Hay que anticiparse al siguiente movimiento. Y puede que, al final, solo una amenaza algo velada surque el aire, en busca de un resarcimiento que se posará sobre el camino, igual que el polvo del desierto.
Áspera y dura, Comanchería tiene su mayor activo en la presencia y peso del maravilloso Jeff Bridges dando unas cuantas lecciones de interpretación y de agudeza. El árido paisaje de esa Tejas desmontada por los bribones de chaqueta y corbata proporciona el escenario ideal para hacer correr la sangre bajo el calor y el cansancio de unos hombres que, en realidad, ya están de vuelta de todo. Solo las guitarras se atreven a rasgar el eterno cielo azul del desierto para recordarnos a cada segundo que la tierra no da nada sin esfuerzo y que los hombres no se esfuerzan para que otros sean felices. Solo se disparan de forma seca y sedienta, como buscando una razón en agujeros y planes de delincuencia temporal. Sobrevivir es la contraseña y no cabe duda de que allí, en ese lugar en el que los caminos están cubiertos de polvo y decepción, la ley comienza a ser un concepto muy difuso que no es respetado por nadie. Quizá como en tiempos del salvaje Oeste, cuando un arma era el elemento común de cualquier ciudadano y la justicia podía ser aplicada por el que lo deseara. Malos tiempos para buscar la lógica. Malos tiempos para buscar.

Y es que habrá que enterrar muchos principios para poder salir adelante. Las serpientes se enrollan en nuestros pies para acompañarnos hasta la muerte y puede que, de alguna manera y en algún momento pasajero, nos podamos sentir los señores del llano, dueños de un destino que, en el mismo instante en que basó su sentido en el dinero, nos zarandea con la facilidad con la que se quita una vida.

4 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Pues me has sorprendido porque yo creí que hoy tocaría Yenni y Pratt en la también sorprendente (al menos para mi) "Passengers", una película con más jugo del que inicialmente pudiera parecer.

En cuanto a esta, un western del siglo XXI, a tenor por lo leído por ahí, me da la nariz que es una película estimable porque está Bridges dentro. Me explico. A tenor de lo que he leído por ahi y también un poco por lo que tu comentas, debe ser una buena película pero que no pasaría de ser menor y con cierto regusto amargo e interesante para el buen espectador. Es el hecho de que el gran Jeff esté ahí el que le da más pucliciad a un film que pasaría bastante desapercibido por la cartelera, sin más que comentarios positivos de un grupo de elegidos.

Decía la gran Maria Guerra que es una película en la que todos sus personajes serían votantes de Trump y eso dice mucho más de lo que parece a primera vista, pues parace que nos cuenta esa parte de la América desconocida, de la que no vive en las ciudades y que sufre las consecuencias devastadoras de un sistema económico sólido pero manifiestamente injusto y deshumanizado.

Apetece echarle un vistazo y ver si entendemos algo de unas elecciones que aun nos parecen sorprendentes.

Abrazos con sombrero tejano.

César Bardés dijo...

Calma, que la Yenni y Chris ya vendrán, que fue la otra película que tuve que ver para completar original.
En cuanto a ésta, es una película que remite ligeramente a "No es país para viejos", de los Coen pero con un aire mucho más árido, más seco (de hecho, el título del artículo en prensa ha sido "Un disparo seco"). Es una buena película y, desde luego, crece con Bridges. Pero también te voy a decir algo. Es un papel que no funcionaría si no lo hace un actor que ofrece ciertas garantías. Bridges, desde luego, las tiene y lo saca de manera brillatne.
No deja de tener razón María Guerra al decir que sus personajes votarían a Trump. Quizá el que no lo haría es el personaje de Bridges que, al fin y a la postre, es el que persigue a los malvados pero ésa es solo la opinión de un criticucho de provincias.
Échale un vistazo. Merece la pena.
Abrazos con mira telescópica.

dexter zgz dijo...

Sí, realmente merece la pena, yo hablaría eso sí de BUENA película, pero no de EXCELENTE. Si te soy totalmente sincero esperaba algo más. Tampoco te sabría decir en qué consiste ese algo más. Quizá sea una película algo predecible, que el disfraz de cine de género sirva sólo para enmascarar una nueva visión de esa América profunda que ya nos han contado otras veces (Payne) con tipos realmente curiosos a los que ya tenemos el gusto de conocer y que votan a Trump. Tal vez sea porque la dirección de McKenzie que rueda bien pero de forma algo mecánica deja pocos resquicios a la emoción y a la sorpresa (aunque el final está bastante bien). Uff, y Chris Pine, el Mario Casas de California.

Abrazos sin judías verdes

César Bardés dijo...

Estoy bastante de acuerdo con tu valoración. Es una buena película pero no excelente. Creo que también tienes bastante razón en lo rutinario de la dirección que, para mí, solo destaca en ese diálogo final entre Chris Pine y Jeff Bridges y en esa impresionante mirada sostenida entre los dos. (Adivina quién gana)
Muy bueno lo de Chris Pine como el Mario Casas de California. Sí, es flojito, bastante. Pero es posible o al menos yo le veo rasgos, que con la edad gane en carácter como les ha pasado a tantos otros. Ya digo que yo también veo semejanzas entre esta película y "No es país para viejos", de los Coen, más que en el estilo, en lo que cuenta. Sus personajes no llegan a ser tan grotescos como los que ponen en juego los ínclitos hermanos pero sí que parece que abundan en esa América profunda, de paletos y cerveza, que parece que viven sobre la camioneta más que en sus casas.
Abrazos con pasamontañas.