miércoles, 26 de abril de 2017

MEMORIAS DE ÁFRICA (1985), de Sidney Pollack

Yo tenía una granja en África. Pero más allá de paisajes asombrosos, de una fauna espectacular o de cualquier otra cosa que pueda sugerir tan exótico continente, recuerdo las sensaciones de aquel lugar. El calor de la tarde, la lluvia en su época, los bichos cercando mi piel, las caricias…sí, eso es lo que no se puede olvidar. Las caricias del único hombre del mundo que no se podía estar quieto, tenía que vivir su aventura y no aceptaba a nadie más a bordo. La plenitud de ver esa tierra desde el aire y a su lado vale por toda una vida. Los animales en su entorno, tratando de buscar comida o agua mientras el avión les asustaba con sus hélices imparables…y él estrechando mi mano como si aquel fuera el primer momento, el último momento, todos los momentos. Eso no se puede olvidar ni siquiera congelando al pensamiento en la helada Dinamarca. El sol abrasador todavía me roza, los ojos de él todavía me acogen. Yo tenía una granja en África…
Y tal vez la sensación del recuerdo me transporta a esa ocasión en la que él me lavó la cabeza mientras Mozart desgranaba sus notas en aquel viejo gramófono. El agua fresca cayendo entre las raíces de mi pelo era como la vida tratando de abrirse paso entre los días. Sus dedos llegando a las profundidades del bosque de mi cabello eran como una exploración de los sentidos, como adentrarse en una tierra que deseaba ser desvirgada. La música que rodeó todos aquellos años ha sido siempre como la expresión máxima de un romanticismo que es, más bien, un privilegio para unos pocos. La granja seguía su marcha mientras mi marido alternaba en los sitios donde la alta sociedad de labrantía extranjera seguía haciendo dinero explotando a los nativos. Quédate quieto, Dennis, quiero sentirte. No te muevas. Estás dentro de mí. Y ya no podrás salir por mucho que no quieras estar junto a mí. El amor es esto. Es África. Eres tú. Es Mozart. Es el calor. Es el agua fresca. Es darse cuenta de que en tu tumba, todos los días al atardecer, habrá dos leones mirándose a los ojos y diciéndose muchas cosas sin abrir la boca. Tal vez por eso vine a África, para darme cuenta de que aquí empezaba la eternidad.

Luego dejé la granja y volví a mi país. Me enfrenté a las hojas en blanco que me desafiaban con su arrogante blancura y me puse a escribir tratando de explicar porque estaba fuera de África. Tal vez porque no podía seguir viviendo en un lugar donde estuve rodeada de pasiones y todas ellas se esfumaron en el momento en que tú, Dennis, ya no estabas sobre la Tierra. No lo sé. Tal vez porque ya no me ataba nada allí y empecé a sentir lo mismo que tú sentías, que no pertenecías a ningún paraje, a ningún sitio, a ningún continente. Escribir sobre las memorias de una misma en África es muy difícil y otros puede que lo consigan con ese arte del cine. Ojalá consigan transmitir esa plenitud, ese lavado de pelo, esos momentos imborrables que escriben la personalidad de los que los viven. Yo tenía una granja en África y todos los días me acuerdo de ella. Aún vivo allí. Aún amo allí. 

4 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

La reponen tanto ultimamente y es tan adictiva que rara es la vez que la pillo en un zapeo y no me engancho. Así que en los últimos 2 meses la habré visto no menos de 4 veces. Y es curioso, porque gustándome desde la primera vez que la vi no consiguió transmitirme tanta emoción como ahora siento cuando la veo, tanta como ahora leo en tu post.

No es sólo la belleza de las imágenes, no sólo es un guión maravilloso, no sólo unas grandes interptretaciones (enorme Meryl una vez más), no sólo esa música envolvente inolvidable, es un todo...es la pasión de una mujer apasionante, luchadora, valiente y enormemente sensible. Es la aventura de un aventurero indómito capaz de la máxima ternura. Es la alegre vida de un vividor que ama todo lo que la vida le ofrece. Es el colonialismo cruel y explotador ejercido con cariño y amistad.

Una gran película que mejora con el tiempo.

Abrazos desde el aire.

César Bardés dijo...

Si es verdad lo de la emoción (que lo dudo), gracias, es todo un elogio.
Sí, es una película muy bella, con una base literaria enorme (el libro de Isak Dinesen es gozoso de leer), con una música que siempre que se oye la primera nota se reconoce inmediatamente, con unas escenas que ya pertenecen al imaginario del cine más clásico y que nos retrotrae a los recuerdos más agradables de nuestra memoria (yo recuerdo perfectamente que la vi en el Cine Palafox -qué pena me da su cierre- una tarde de domingo, en pleno servicio militar. Yo tenía diecinueve años y pensaba en la chica de que estaba profundamente enamorado que, aquella tarde, no me acompañaba, la vi solo). Como bien dices, es una historia que cala, que llega, que nos deja la aventura de esa ternura que sienten los dos y que hace que, al final, las lágrimas nos hagan una visita, dispuestas a dejar una huella que el tiempo no ha conseguido borrar.
Redford, Streep, Pollack, Barry...¿no había amor en este cine?
Abrazos desde la maleza.

dexter zgz dijo...

Yo creo que es uno de los últimos grandes CLÁSICOS así con mayúsculas que nos ha dado el cine. Y han pasado ya 30 años, caray. Es cierto que el libro de Dinesen es muy bello, pero también muy difícil de adaptar precisamente por su aparente sencillez. Es muy meritorio lo que hizo Pollack, un todo terreno que le daba a casi todo y casi todo lo hacía bien. El tándem que formó con Redford nos dio grandes momentos y buenísimas películas como "Jeremiah Johnson", "Los tres días del cóndor" o "Tal como éramos".

Recuerdo que "Memorias de África" coincidió en los Oscars con Whoopi y tío Steven, así que el 0 de 11 de "El color púrpura" ya no parece tan descabellado. La escena del vuelo con la música de Barry llenándolo todo me parece uno de los momentos más descomunales del Séptimo Arte. Así que brindemos por la cándida adolescencia.

Abrazos al pie de las colinas del Nkong

César Bardés dijo...

Es un gran clásico, sin duda, y todo un referente para el cine romántico. Treinta años...joer, cuando mi padre decía eso me daba cuenta de lo mayor que era. Ahora somos nosotros los que lo decimos. Pollack le daba a casi todo, cierto, no siempre bien. Recordemos aquella de "Caprichos del destino" que no, que no...siempre he dicho que Pollack me parecía absolutamente brillante cuando se adentraba en los terrenos del cine de espionaje, de intriga o de acción y que cuando su objetivo era el amor...no era tan bueno. Eso no quita para que diera en la diana con "Memorias de África" o con "Tal como éramos"...recordemos que tampoco es tan difícil teniendo a un galán como Redford en el reparto. El éxito estaba prácticamente asegurado.
En cuanto a la competencia que se desató entre "Memorias de África" y "El color púrpura"...bueno, es verdad que la película de Pollack es y era superior pero yo creo que la de Spielberg tampoco mereció esa derrota casi humillante. Todo un mensaje de Hollywood para decirle al tipo que les daba de comer a todos que no le iba a ser tan fácil. Ocho o nueve años después llegó "La lista de Schindler" y ya no pudieron buscarse muchas excusas.
Tengo un pero muy grande a la película aunque eso no empaña en absoluto el resultado final. Algunas de las transparencias que utiliza son de traca de feria de segunda. La secuencia de la avioneta es pura belleza, además tiene el enorme mérito de traspasar esa sensación de plenitud que tiene ella, ese compromiso invisible que se forja en el aire entre ella y Dennis...pero se les cuela algún planito que ya, ya. Recordemos también que la película empieza con la frase "Yo tenía una granja en África..." y es una mujer que escribe de espaldas al lado de una ventana desde la que se ve un paisaje nevado al fondo...otra transparencia que resulta de tercero de Primaria. Si Pollack hubiera cuidado esos detalles, ya su factura técnica hubiera sido fuera de escala.
Abrazos con la hélice.