En muchas ocasiones, un
avance científico puede derivar en algo monstruoso. Esta vez, la doctora Susan
Tyler creó genéticamente a una criatura para acabar con los portadores de una
enfermedad. Fue una solución rápida y de urgencia que funcionó. Sin embargo,
todo invento tiene consecuencias inesperadas y esa criatura genética ha
crecido, ha sobrevivido, ha matado todo lo que se ha encontrado y su siguiente
víctima, como no puede ser de otra manera, es el ser humano. Quizá sean los
únicos que están por encima en la cadena alimenticia. Cuando la amenaza es
patente, la doctora Susan Tyler será de inestimable ayuda porque sólo ella sabe
cuáles son los puntos vulnerables de esos insectos creados para matar y
desinfectar. Al fin y al cabo, siguen pensando lo mismo. Hay que desinfectar el
planeta y el principal bicho es el hombre.
Habrá que bajar a las
alcantarillas para que la limpieza sea efectiva. También hay un niño que es muy
capaz de imitar los ruidos de esos puñeteros insectos y va a ser de mucha
ayuda, a pesar de sus tremendas dificultades de comunicación. La ciudad
subterránea va a convertirse en una trinchera en la que el enemigo ya se ha
introducido. Será sin cuartel. El fuego, las culpas, el enfrentamiento, los
insecticidas, la resistencia. La especie, debido a su procedencia genética, ha
evolucionado y no es tan fácil de exterminar. Aplastar, vencer. No cabe el
empate, ni la cesión. O ellos o nosotros.
La primera aventura
americana de Guillermo del Toro en la dirección es más que notable. Agarrando
elementos propios del cine de terror más clásico, del Toro convierte la
historia en un cuento de horror y supervivencia dentro de un entorno urbano,
alejándose de mansiones malditas, campos aterrorizados y vísceras
descontroladas. A su lado, tiene una baza inmejorable como es Mira Sorvino,
mucho mejor actriz de lo que el cine ha tenido a bien concederle, como esa
doctora que, dentro de su maravilloso atractivo, debe luchar contra los
demonios de su propia creación y su capacidad natural para afrontar los nuevos
desafíos, como corresponde a cualquiera que se apasione por la investigación
científica. La mirada infantil, algo muy propio del cine del mexicano, también
está presente en la película, con un tinte entrañable y siempre con la amenaza
presente. A pesar de que el propio del Toro renegó de ella debido a las
continuas interferencias de los hermanos Weinstein, queriendo alterar el guion
escrito a pie de campo. Sólo la intervención de Mira Sorvino junto con la de su
pareja de entonces, Quentin Tarantino, solventó una situación que llegó a ser
realmente tensa.
Los inventos…ah, los inventos…suelen tener consecuencias imprevisibles y eso es algo que del Toro pudo experimentar en sus propias carnes. Mientras tanto, nos regaló una historia que, literalmente, supone un descenso a los infiernos de la ciencia, de lo que, en un principio, estaba matemáticamente previsto y que luego se desata por un orden natural que se ve alterado por esa plaga que invade cada rincón de la Tierra y la contamina con su comportamiento, casi siempre tóxico. Se llama ser humano.

No hay comentarios:
Publicar un comentario