El
hombre sigue empeñándose en resolver sus diferencias a través de guerras y
conflictos, escarbando en sus propios defectos para hacerlos aún más evidentes
y delatando su condición de raza inferior, poco merecedora de formar parte del
orden universal. Más aún en estos tiempos en los que ha olvidado desarrollar su
empatía para concentrarlo en algo que no necesita ninguna como las redes
sociales, las pantallas y los avances tecnológicos que, aunque aparentemente,
nos han acercado más, sólo han conseguido que sea un ser más solitario, más
aislado, más egoísta. Si hubiera un ser superior, probablemente, tenga esa
virtud consolidada, como una de las mejores maneras para alcanzar la felicidad
como seres, la plenitud como partes integrantes de la verdad y la seguridad
entendida como elemento esencial de la convivencia entre los millones que
integramos este pequeño y hermoso planeta.
Quizá, en algún lugar,
haya un par de ejemplares humanos que sean capaces de manifestar una empatía
mostrada como una ventaja evolutiva, sabiendo cuáles son los problemas del otro
y siendo voluntarios natos para preocuparse por los demás. Eso hace que, en un
momento dado, esos seres superiores hablen por sus bocas, les doten de la facultad
de traducir lo ininteligible, les faculten para dar a conocer uno de los
grandes secretos que atenaza a los hombres y a las mujeres y se despeje la
incertidumbre si somos los únicos seres de toda la creación. Y seguro que Dios
no tiene nada que decir a todo ello.
Mientras tanto, los
gobiernos no dejarán de tratar al ser humano como si fueran niños que necesitan
ser guiados en sus creencias y en sus temores. Tal vez porque, de ese modo,
sean más fáciles de manipular y de servir a las estúpidas propuestas para hacer
la vida más fácil cuando, en realidad, la complican muchísimo más. No dudarán
en emplear toda su fuerza y sus medios en tapar la verdad…porque la verdad es
enemiga acérrima del poder y, si se vive y se habita en un mundo de mentiras,
el ser humano se perderá en sus propios complejos, en sus inferioridades, en
sus miedos. El principio organizador de cualquier sociedad es la guerra y
siempre tiene que haber alguna. Es imposible que haya un mensaje de paz, de
sinceridad, de comprensión…sobre todo, de comprensión. No nos podemos
comprender, olvidamos que todos tenemos nuestras guerras propias, nuestros
remordimientos, nuestros fallos difícilmente reparables. Se dedican a aumentar
todas esas sensaciones sólo para que tengamos la conciencia no expresada de que
somos ganado. Imprescindible para sus objetivos. Innecesario para sus
beneficios.
De repente, llega Steven Spielberg y nos pone en la mesa una película de aventuras que recuerda mucho a Encuentros en la tercera fase, pero que es mucho más ambiciosa en su capacidad de alcance. Parte de una situación que ya está en marcha y obliga al espectador a ponerse al día porque así es la vida misma. Y sumerge al espectador en un abismo de silencio absorbente, atento a cada una de las acciones cinematográficas. Nos encontramos con el cine y no sabemos muy bien qué hacer después de asistir a tanta mediocridad. Él no nos manipula, no quiere que creamos más que en nosotros mismos. Es la confianza lo que salva al ser humano y no el pánico. Los seres superiores, si realmente lo son, no podrán venir para castigarnos, sino para orientarnos. Así de sencillo. Y lo harán con riesgo porque seguro que saben sobradamente que somos depredadores de lo distinto. Cuenta con un reparto competente con Emily Blunt, Josh O´Connor, Colin Firth, Colman Domingo y, por supuesto, con el que puede ser el último trabajo de John Williams en la banda sonora. Y caemos en su trampa de acción, en su camino de teoría, en su misiva de buena voluntad. Quiere que creamos que, igual que somos portadores de muerte, también lo somos de esperanza y que la solución no se halla en otro lugar más que en nosotros mismos. Y nos deja otra certeza reservada para los que de verdad apreciamos lo que resulta valioso. Spielberg habla. Los demás, escuchamos.

2 comentarios:
No he visto todavía la película, pero no será por falta de ganas. Tampoco he querido mirar mucho alrededor para ir lo más virgen posible al cine. Es casi imposible, a poco que te asomas a las redes estos días ves la que hay liada. Pobre Steven, siempre que estrena le pasa lo mismo. Yo confío en él plenamente, aunque discrepo contigo en lo de que no nos manipula. Yo sí creo que Spielberg es manipulador, pero no en el sentido peyorativo con el que se habitualmente se le carga. Esa es su cruz. Pero acaso no es Spielberg el mejor cuentacuentos del cine (del actual sin dudarlo y de la historia ahí lo dejo), yo a eso voy.
Con respecto a la película promete debate, sí. Al respecto tuvimos el otro día una tertulia literaria y un debate interesantísimo en torno a 1984 de Orwell (por cierto, recomiendo fervorosamente el documental "2 + 2 =5" actualmente en Filmin). No sé si está bien traído el paralelismo, pero a mí eso de la falta de empatía y el individualismo feroz que invade nuestra sociedad a las puertas de que la IA nos devore por completo me da mucho yuyu. Y que en tiempos en los que todos desconfiamos de todos es muy difícil acercarse si quiera lejanamente a la verdad, lo que diablos sea eso.
Esperamos pues con ansía el día de la revelación. Yo me doy con un canto en los dientes si es la mitad de buena y entretenida que "Encuentros en la tercera fase" ( desde hace tiempo creo que está en mi top 3 de Spielberg junto a..., bueno, para que te voy a nombrar títulos si dentro de cinco minutos podría decirte perfectísimamente tres distintos).
Abrazos expectantes
No es la mejor película de Spielberg. Sin duda, no es la peor. Yo creo que cualquier película estrenada por un gran monstruo es sistemáticamente atacada. Si te fijas, con Eastwood han hecho exactamente lo mismo. Esta película es valiosa. Más por lo que dice aunque él rueda, como siempre,maravillosamente bien (y cuando la veas te diré una secuencia que me dejó boquiabierto). Ya aún más absurdo todavía es la polémica sobre si Spielberg es mejor que Godard. Increíble. Una disyuntiva que siempre nos ha preocupado a los que amamos el cine.
Por poner peros, te pondré uno. el uso del CGI. Es malucho. Y más aún viniendo del tipo que nos hizo creer que los dinosaurios existían. Ahora bien... ¿es razón suficiente como para denostar una película que está a mil años-luz de los tótems tipo Paul Thomas Anderson o Ryan Coogler? Vamos, ni lo dudes. Spielberg da una lección de rodar, de cómo rodar y de cómo trasladar un mensaje potente y que llegue. Ah, qué pena, no es esa espectacularidad tipo "E.T." pero sí, te puedo decir que es mejor que la mitad de "Encuentros en la tercera fase".
Abrazos extraterrestres
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