viernes, 19 de junio de 2026

PRESENCE (2024), de Steven Soderbergh

 

El experimento tiene su interés. Se trata de narrar, desde el punto de vista de un espíritu, el embrujamiento de una casa. La cámara, en todo momento, es subjetiva y sólo sabemos lo que el supuesto fantasma ve. Toda la historia está estructurada en largas secuencias en las cuales esa presencia etérea es testigo de la dinámica familiar que llega bastante debilitada a esa casa donde, un día, hubo un asesinato. El espectro no alberga malas intenciones, aunque exprese sus enfados. De alguna manera volátil, quiere proteger a las personas que allí viven. Tal vez, porque ocupan algo tan querido como su casa. Sin embargo, hay varias razones que hacen que el experimento no sea del todo redondo.

De forma un tanto especulativa, se llega a decir que el espíritu es el de una antigua amiga de la hija del matrimonio que compra la casa, probablemente víctima de un suicidio como consecuencia de los tormentos propios de una adolescencia difícil, pero eso no se confirma en ningún momento. Por otro lado, el supuesto pánico que debe despertar una historia de fantasmas no acaba de aparecer. El espectro es bastante pacífico con escasos fenómenos paranormales, aunque, sin duda, interesante. El tercer reparo es meramente formal. Al ser una historia narrada desde el punto de vista subjetivo de la presencia, no hay ni un solo primer plano. El fantasma no se acerca mucho, aunque es testigo de conversaciones que le provocan una reacción. La conclusión está algo suspendida. Es interesante el intento por parte del director Steven Soderbergh y del guionista, uno de los mejores, David Koepp, pero la película en ningún momento llega a despegar.

Dentro de su argumento en el que, con cierto tino, nos describe el comportamiento familiar, vemos cómo el padre está agobiado y ve que las cosas empiezan a ir mal con su mujer y tiene una misteriosa conversación con un amigo en el que sugiere que uno de los dos, él o su mujer, está dedicándose a algo ilegal, pero ahí se queda. La madre, una diletante que sólo tiene ojos para su ordenador de trabajo, no esconde su predilección por el hijo varón, proyecto de deportista de élite que, cuando habla, resulta bastante cortito y delata la influencia que los amigos tienen en él. La chica, la menor de la casa, se halla en una marea de sentimiento y confusión y no tiene ningún reparo en acostarse con el mejor amigo del hermano, un tipo que dice las palabras exactas para encandilar a cualquier joven en su situación. El resultado de todo el embrollo es confuso, es como algo inconcluso, una especie de proyecto que no termina de estar suficientemente pulido a pesar de la prometedora idea. Puede que hubiera hecho falta una presencia sobre el hombro de Koepp para hacerla más inquietante, más áspera, algo menos cercano a la reciente Here, de Robert Zemeckis, y más propio de Un lugar tranquilo, pero sin monstruos alrededor.

Ah, y cuando terminen de leer este artículo, no se olviden de echar un vistazo a su armario. Parece ser que es el sitio favorito de los fantasmas. Desde allí, lo oyen todo, lo ven todo y no delatan su presencia. Yo ya lo he hecho y ahí dentro están todos mis fantasmas.

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