viernes, 9 de diciembre de 2016

ANIMALES NOCTURNOS (2016), de Tom Ford

Cuando un escritor se enfrenta al papel en blanco, es capaz de comenzar a escribir sus líneas con sombras propias emboscadas detrás de cada situación. Al fin y al cabo, está dejando un pedazo de su alma en esas malditas palabras que, en ocasiones, cuesta tanto elegir. En ellas estarán sus ilusiones, sus esperanzas, sus frustraciones y también sus venganzas. Golpeará con fuerza las teclas porque la vida se ha encargado de dejarle bien claro su lugar. Y, al final, sus experiencias formarán parte de la historia que ha querido contar, aunque no hayan tenido nada que ver con la trama.
Y, tal vez, la rabia dé con el punto exacto de la genialidad y del estremecimiento porque los sentimientos juegan un papel importantísimo en su creación. Intentará poner en cada una de sus líneas las sombras de su cobardía, o el límite de su resistencia, o el sentido de sus silencios tan llenos de significado. Morirá con sus personajes y probará de nuevo el dolor de los abandonos. Y tratará, por todos los medios, de trasladarlos al lector que deberá ponerse en su piel. Quizá el escritor sea alguien con algo que decir y muy poco que hacer. Quizá sea un complot para demostrar la derrota que se superó y llevar a cabo un último ajuste de cuentas.
A menudo, se mide la creatividad con el entorno, como si éste fuera capaz de dar muchas respuestas cuando, en realidad, es muy parco en palabras. La mejor opinión sobre lo más parecido al arte es aquella que muere con el escritor y resucita con sus miradas, sus inquietudes, sus inferioridades reconocidas. Puede que haya que visitar lugares muy sórdidos de su interior para captar toda la dimensión de su metáfora. En el fondo, el escritor es un urdidor de trampas que sonríe mientras el lector se acerca para, luego, encerrarlo ante sus propias verdades. Es un hechicero de las frases. Es un embaucador de oportunidades perdidas.
El director Tom Ford vuelve a poner al público en situaciones incómodas después de su primer intento tras las cámaras con Un hombre soltero y consigue que la sensación sea la de juntar las piezas de un rompecabezas cuya figura final está muy cerca del vacío. Ford sabe que la gente se equivoca en decisiones veladas por los deseos ocultos y trata, por todos los medios, de que el rencor se manifieste con la violencia moral que hiere aún más que cualquier otra. Amy Adams, como siempre, otorga profundidad a sus intenciones y Jake Gyllenhaal es el folio de sus explicaciones, formando un dúo de difícil emparejamiento en el mundo hostil entre la ficción y la realidad. Todos somos cazadores y eso nos hace fieras muy peligrosas en la fauna de la noche.

Sin embargo, algo parece fallar en todo el complicado armazón que propone Ford. Ese mundo despersonalizado que nos describe y que rompe premeditadamente nos deja solos en medio de la carretera que, posiblemente, sea uno de los lugares más inhóspitos y rutinarios de nuestro mundo. Y quiere que las lágrimas sepan a hiel y que la única salida sea abandonarse en medio de un cielo que, a buen seguro, se llenará pronto de buitres ansiosos. Demasiado para una historia que nunca tuvo su oportunidad. Demasiado para cualquiera que sepa que un acto de creación suele ser, por encima de todo, una prueba de amor. 

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

Tras unos títulos de crédito "exhuberantes" que invitan a la deserción en masa de la sala o cuando menos al escepticismo, la película echa a andar. Y aunque al final resulta ser más convencional de lo que pintaba me acaba convenciendo. Sobre todo porque es una gozada ver a Amy Adams haciendo lo que sea, hablando con marcianos, con chipirones en su tinta, con dibujos animados o simplemente leyendo y sobresaltándose con lo que lee. Una pedazo de actriz. Me gusta aunque me la saquen pintada como una puerta para simular un personaje de más edad.

A su lado Jake, que ya sabes que es uno de mis chicos favoritos. Él es como bien dices el folio en blanco de la película. Está especializándose en personajes difíciles y ambiguos, algo torturados ("Nightcrawler", "Demolition") y el chico no lo hace nada mal. Creo que tú mismo eras un escéptico en cuanto a Jake pero ya tienes motivos más que suficientes para confiar en él. Michael Shannon también está como suele (aunque la vi doblada y su doblador le hace un flaco favor) y también muy bien el chiquito nominado a los Globos de Oro.

Mucho mejor que "Un hombre soltero" que apenas se tenía en pie gracias al trabajo de Colin Firth. Aquí no sólo son los actores los que brillan sino esta triple historia y ese juego de espejos entre el lector, lo leído y lo sugerido, muy provocativo e interesante.

Abrazos desde la cuneta

César Bardés dijo...

Los títulos de crédito yo creo que son más una provocación que otra cosa. A Tom Ford le va la marcha y, la verdad, llegan a ser bastante desagradables. Cierto es lo de Amy Adams y la categoría de gran actriz que tiene. Y Jake ya hace tiempo que me convence mucho más. Y Michael Shannon es un tipo que me convence desde el principio aunque ¿ves? su personaje me parece un poco regular, no está muy bien explicado, por eso digo que en el montaje de Ford algo parece que no encaja del todo muy bien.
Desde luego, es una película mejor que "Un hombre soltero" y el juego de espejos (por cierto, bastante similar a aquella de Paul Haggis "En tercera persona") siempre resulta interesante. Debo decir que, al final, me olía bastante cómo iba a ser el final y que todo está tramado por lo que está tramado.
Abrazos sin coche.