martes, 16 de enero de 2018

BAJO LA ARENA (Land of mine) (2015), de Martin Zandvliet

Si queréis escuchar lo que hablamos en "La gran evasión" de Radiópolis Sevilla acerca de "El resplandor", de Stanley Kubrick, no tengáis miedo, lo podéis hacer aquí.

Después de la guerra, el mayor enemigo es el rencor. Es luchar contra la venganza que los vencedores siempre se toman contra los vencidos. Es no saber distinguir entre la carne de cañón que fue enviada para el frío cumplimiento de las órdenes y los mandos que dieron esas órdenes. Y bajo la arena hay un montón de ellas enterradas, esperando que se extraigan y dejen de clamar por más sangre, sea cual sea el color que tenga. Más que nada porque es muy difícil mirar a las caras de esos soldados prisioneros y darse cuenta que, bajo ellas, sólo hay niños a los que se les ha obligado ser hombres cuando ni siquiera han tenido tiempo de vivir su infancia.
Cientos de miles de minas enterradas en las playas danesas deben ser desactivadas. Para ello, no hay nada mejor que utilizar a los propios prisioneros, negarles el pan, tratarles como perros, arrebatarse a sí mismos la conciencia de que se están usando miradas que perdieron su ilusión en los campos de batalla. No, no era su país, pero ellos ni siquiera lo sabían. Fueron allí, les pusieron un fusil en las manos y dijeron que disparasen. Todo por Alemania. Adelante, Alemania. La sangre joven de la patria es prescindible siempre y cuando se alcancen los objetivos. Y los daneses rugen de furia contra los que les subyugaron durante cinco largos años de penurias, torturas y humillaciones. Si una mina explota en la cara de esos niños, peor para ellos, que hubiesen nacido después. ¿No eran carne de cañón? Pues ahora se van a convertir en carne de mina.
Y allí van, con su aire derrotado, decepcionado, casi seguros de que no van a salir con vida del empeño. Las playas de arena blanca de la costa oeste danesa parece que les dan la bienvenida con un alarido ahogado de belleza. La misma que ellos ya han perdido. Y si no lo han hecho, lo harán ahora. La muerte se esconde en el siguiente palmo de terreno y el día languidece entre sus manos llenas de arena y pánico. Lo único que quieren es que no se oiga ninguna explosión porque eso significará que alguno de sus compañeros ha caído. Las minas esperan a veinte centímetros de la superficie y parece que se ríen ante sus manos temblorosas y su futuro inexistente.

El corazón suele ser un cazador solitario y, en esta ocasión, es un paracaidista. Después de la orden fría, siempre late ahí abajo, dándose cuenta de que, en realidad, esos chicos que no sobrepasan los diecisiete años, tienen tanta condición de víctimas como los que han sufrido la invasión del ejército alemán. No será una esperanza repentina. Tendrá que abrirse paso con dificultad, como los interminables pasillos de arena que abren esos chicos tratando de desterrar a la muerte tan cerca del mar. Será poco a poco, con las consabidas dificultades, con los fatídicos errores, con los compañeros caídos. Después de la guerra, hay que hacer un esfuerzo por la objetividad y por cumplir lo que se promete. Y la posguerra es una gran mentirosa que suele ofrecer paz a cambio de hambre. Hay que tener mucho cuidado, cultivar la paciencia y darse cuenta de que la siguiente mina puede ser la defini….

4 comentarios:

Raúl Gallego dijo...

Siempre pagamos los errores de nuestros padres igual que los hijos pagarán los nuestros. En este caso los errores fueron ingentes y la bestialidad se extendió sin entender las fronteras puestas antes por esos hombres que supo denunciar Kubrick en Senderos de Gloria, Renoir en La gran ilusión, Malick en La delgada línea roja, etc, etc, para eso está el cine, salud César

César Bardés dijo...

Pues sí, aunque el cine está lleno de mentiras, también es un recipiente de emociones verdaderas y nos hace ver dónde está la humanidad, el rencor, la venganza, los errores, los aciertos...por eso siempre he dicho que el cine me ha ayudado a ser mejor persona (por poco que quiera decir eso). En cualquier caso, resulta siempre un auténtico gozo comprobar que el cine, a pesar de los pesares, sigue dando de vez en cuando muchas razones para pensar.

Leonardo Collao dijo...

Buena,aunque el final un poco brusco.La huella que dejo la guerra parece no apagarse ,siempre es bueno crear conciencia ahora desde otro punto de vista.

César Bardés dijo...

Saludos, Leonardo. Es cierto, el final es un poco brusco por poco explicado, pero la película tiene valores que no debemos olvidar. Al fin y al cabo, habla de la sempiterna venganza de los vencedores contra los vencidos y eso, mal que queramos, siempre se va a dar después de un conflicto.