Con este artículo sobre la buena o mala suerte, celebramos que el blog ya ha recibido un millón de visitas. Gracias a todos los que habéis entrado y, aún más, a los que habéis leído.
Hay momentos en los que
un interruptor se acciona en algún lugar de nuestro interior. Es un instante en
el que el cuerpo, la mente y los sentidos te piden dejarlo todo porque se te ha
pasado una idea loca por la cabeza y ya está. Es lo mejor. Es un sueño que, tal
vez, todos hayamos tenido una vez. Se trata de desaparecer. Se ve un cartel de
venta de una casa sin ninguna gracia en medio de un pueblo en medio de la nada
y se urge para cerrar la operación allí mismo y al contado. Es lo que se
necesita. Un agujero en el que poder meterse…o castigarse…o rumiar una soledad
que se necesita como compañera. Una decisión tonta porque la vida irá al
encuentro tarde o temprano, pero es como poner la existencia en pausa y todo se
detiene. Allí, en ese pueblo riojano que nadie conoce.
Por supuesto, en esa
nueva vida de silencio y de vacío, hay una chica en el piso de abajo. Es
atractiva y es inteligente, pero está herida. Su mirada parece la de un perro
abandonado y, de alguna manera, despierta algo que estaba muy olvidado en ti
después de tanto dolor, de tanta violencia y de tanta incomprensión. Es una
chica que, cuando sonríe, lo hace de verdad. No se detiene en tonterías.
Trabaja en un supermercado y, en sus ratos libres, cuida de un cascarrabias resabiado
que vive en el bajo. Un tipo que desconfía de todo porque todo en su vida ha
sido pura desconfianza, pero que sabe leer en las personas, por mucho que
intuya que el daño está cerca. Es un buen hombre.
Resulta muy interesante
comprobar que en esta película de Gracia Querejeta todos los personajes están
perdidos y tratan desesperadamente de encontrarse. Y utilizan los más variados
medios para conseguirlo. Desde el cariño hasta la violencia. Desde la cobardía
de recluirse en un agujero hasta la seguridad de estar haciendo lo correcto.
Desde la tentación del dinero fácil hasta la certeza de que nada en el futuro
va a ser sencillo. Para ello, cuenta con tres intérpretes estupendos como Hugo
Silva y, sobre todo, Megan Montaner en el que, sin lugar a ninguna duda, es el
mejor papel de toda su carrera de largo. Como invitado en silla de ruedas,
Miguel Rellán pone el diálogo brillante y la adivinanza definitiva y mucho
cariño en su personaje de hombre que vuelve de todo, sólo que en la silla de
ruedas que utiliza como descanso.
Así que, si alguna vez creen que es atractiva la vida en un pueblo en el que nunca pasa nada, con su tiempo detenido en las largas tardes finalizadas en una noche fría, piensen siempre que todos tenemos batallas secretas que librar y que no siempre ganamos. A menudo, la culpa viene de visita y, quizá, por eso, algunos se recluyen en algún lugar perdido. A medias para lavar sus pecados. A medias para evitar sus responsabilidades. Y aún a medias para que el mundo, ese bufón incansable que no deja de reírse de nosotros, se olvide de una vez de nuestra existencia.

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