La noche es fría y
parece pintada de negro con tonalidades rojas. Una chica corre desesperada.
Está cubierta de sangre y, por fin, llega a una comisaria. Allí relata cómo se
ha cometido un terrible crimen. Ella iba con su prima y la lluvia les obligó a
meterse en un portal. Un desconocido las abordó y se propasó, asesina a su
prima, ella escapa. El horror ha pasado muy cerca. La chica posee una ligera
ventaja y es que uno de los inspectores de la policía también es familiar suyo.
Parece todo muy claro. Es como uno de esos crímenes impulsivos realizados por
un degenerado. Lo único que hay que hacer es pasar el aviso y detenerle.
Pero…la chica cambia la versión. Ya no es un desconocido. De repente, pasa a
acusar a su propio hermano. ¿Cómo es eso? El pariente inspector sospecha que
ninguna de las dos versiones es la verdad, pero ya no es un caso espontáneo que
se resuelve con una simple orden de búsqueda y captura. Ahora hay que
investigar y ponerse muy serio. El inspector se aplica y la noche parece
abrirse para mostrar sus propios secretos.
Excelente película
dirigida por Claude Chabrol a partir de un relato del novelista Evan Hunter,
con Donald Sutherland en la piel de ese inspector que se ve atrapado por un
proceloso mar de emociones del que no sabrá muy bien cómo escapar. Comenzando
con un misterio de poco calado, Chabrol se va empapando de las motivaciones de
cada personaje hasta conformar un notable rompecabezas en el que el misterio no
es el hecho en sí, sino los propios protagonistas. Sutherland, como siempre,
ofrece una interpretación impecable, moviéndose en los límites del cine europeo
con la soltura que siempre le ha caracterizado. Y la sorpresa se mantiene hasta
el final, así que no desistan a la mitad. Dejen que el ambiente, la neurosis y
la noche invadan su estado de ánimo y conviértanse en un personaje más de este
drama criminal de cierta altura que, por otra parte, se ha olvidado por
completo dentro de la filmografía de Chabrol, ese fugitivo de la Nouvelle Vague, que prefirió hacer
películas más estudiadas y deudoras de la cultura americana que el resto de sus
compañeros de generación.
¡Ah! Se me olvidaba. Si tienen la costumbre de escribir un diario, tengan mucho cuidado con lo que vierten en él. Puede que sea la pieza clave para descubrir todo el misterio en el que quieren envolver su vida e, incluso, puede que su muerte. Lo importante es que esos pensamientos íntimos que nadie más debe ver, son una prueba irrefutable de un buen puñado de motivaciones y de movimientos de los más cercanos. Ya saben. Hay que ser discretos incluso en la intimidad, si no, corren el riesgo de ser descubiertos y todo el juego quedará a campo abierto. Y con una mente con la de un policía algo despierto, se va a destapar todo lo que pretenden, o lo que han pretendido, o lo que han urdido…no dejen que la rutina y los secretos familiares sean los dominadores de su vida. Son sólo dos días.

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