Sin movimientos
bruscos. Suave, suave. Tres tipos de armas tomar son reclutados de un modo algo
misterioso para hacer un trabajo que, en un principio, parece fácil. Se trata
de entrar en una casa, retener a una familia mientras el padre se desplaza a su
trabajo y coge unos documentos de vital importancia que nadie sabe en qué
consisten. Sin embargo, cuando algo huele mal entre obreros que están
acostumbrados a faenar en la basura, es que algo va realmente fatal. No se
sabe, parece que uno de ellos tiene unas órdenes concretas y en ellas no se
incluye a los otros dos individuos. No obstante, hay algo con lo que nadie
cuenta y es que esos dos otros fulanos son de cuidado. Son peligrosos, de
cabeza bastante fría y gatillo extremadamente caliente y comienzan a caer los
cadáveres uno tras otro y, curiosamente, dentro de su ética personal no entra
el hacer daño a esa familia que parece normal. Con un padre y su amante
secretaria, con una madre que también tiene un lío, con un hijo en edad adolescente
y rebeldía natural y una niña que aún no ha salido del cascarón. Esto es de
locos, aunque las balas no atienden de razones, sólo de obras y hay que tener
en cuenta que hay fuerzas muy poderosas detrás de esos documentos. Incluso el
FBI, que está más despistado que una bala hincada en el hígado buscando el
corazón.
El atractivo de esta
película reside en su espectacular reparto. Dentro de una ambientación muy
convincente y con un diseño de personajes que no se para en tonterías, hay que
destacar el estupendo trabajo que realizan Don Cheadle y Benicio del Toro en
los papeles principales, espléndidamente secundados por un repertorio de
actores de altura como Jon Hamm, Brendan Fraser, espectacular en el papel de
intermediario con unos aparentes modales delatores de que todo le da igual, Ray
Liotta, David Harbour, Kieran Culkin y un apropiado Matt Damon en la parte
final. Detrás de las cámaras, un tipo que suele saber lo que se hace, aunque, a
veces, no, como Steven Soderbergh. Todos estos nombres conforman un bosque
tupido dentro de una trama que se va enrevesando como una reunión de vecinos,
sólo que los vecinos son matones de primera. Soderbergh no sólo juega con una
sensación latente de violencia, sino que también pone sobre el tablero una casi
permanente tendencia a la perplejidad de los personajes y del propio público.
Es cierto que, tal vez, la película se resienta de haber sido rodada en plena
época de pandemia y, en algún momento, es notable la idea de que los actores y
actrices tienen que guardar una distancia mientras dicen sus diálogos o
amartillan sus pistolas, pero el argumento es muy bueno, a un solo paso de la
brillantez. Y la garantía interpretativa está asegurada, eso es irrebatible.
Así que mucho cuidado si les reclaman para algo, les juntan con otros de igual valía y fama y no les dan muchas explicaciones. Seguro que hay alguna bala en la recámara para usted. Hay que asegurarse de que el asunto es limpio y rápido y que no hay que dejar correr la sangre innecesariamente. Al fin y al cabo, hasta en el negocio del asesinato es obligatorio poseer una cierta ética.

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