jueves, 1 de octubre de 2026

LA BOLA NEGRA (2026), de Javier Calvo y Javier Ambrossi

 

Puede que el espacio en blanco se haya hecho un hueco dentro del alma herida. Lo fácil se ha abierto paso, buscando relaciones con la superficialidad de este mundo de redes y contactos esporádicos, huyendo de un pasado que jamás ha gustado porque la sensación de abandono se convirtió en una costumbre y, cuando ocurre lo impensable, se busquen respuestas con desesperación. En el fondo, la sorpresa de un texto que salió del poeta y que nadie ha podido leer. Un manuscrito muerto en vida. Y entonces, con todos los defectos humanos a cuestas, se empieza a mirar el mundo con los ojos de alguien que juró cumplir una promesa sólo para hacer que el amor fuera eterno, más allá de las balas, más allá de los odios, más allá de la incomprensión que siempre guarda el atraso.

En otro tiempo, un soldado comienza un viaje para descubrir lo que esconde su corazón. En medio de la muerte y del caos, halla cielos en lugares de infierno. Tal vez porque ya hay, también, otras llagas que siguen abiertas y que le obligan a escalar y sobrepasar sus propias flechas clavadas. La belleza es algo incomprensible en tiempos de destrucción y el destino, tan fatal como siempre lo imaginó el poeta, se gastará para apretar por última vez el gatillo que acaba con todo aunque se inicie un camino de redención que culminará otra generación. La muerte silba en un rincón y el caballo golpea el tambor de la llanura con la fuerza de las bombas. Y las letras fluyen para decir, una vez más, que nunca se podrá entender lo que se llega a querer.

En otro plano, más irreal, más hundido en el papel, un chico experimenta el rechazo de una sociedad que espera de él un comportamiento determinado. El orgullo herido también será un motor para que el niño de nieve hable con la voz a él debida y, entonces, todo se vuelve blanco y cristalino, haciendo que un manto de olvido, cruel y desagradecido, le cubra con voces de piedad que nunca podrán salir de una gente que se esconde tras la pompa de su propio aspecto. Apariencias y realidades, nieves en verano y lluvias de hospital, deseos ocultos y revoluciones calladas. Todo se une para que nunca se pueda entender lo que se llega a querer.

Javier Calvo y Javier Ambrossi encajan las piezas del rompecabezas con precisión, con un gran sentido visual, no siempre necesario, pero sí extraordinariamente efectivo, con una utilización de la banda sonora, en algunos momentos, bastante discutible, pero construyendo un gran fresco sobre reconciliación, sobre injusticias, sobre prejuicios que ya deberían estar superados, con sus errores y con muchos aciertos. No existían los ceniceros en los cafés de la República, la revista de corte de pelo en el ejército era bastante permisiva, quizá el poeta no era tan amanerado según las pocas imágenes que nos han quedado de él, pero hay una buena base a partir de esas poquísimas páginas que han quedado de una obra inacabada de Federico García Lorca para armar una historia que acaba por entrar en el imaginario de quien deja sus ideas políticas en el hall del cine. Sin duda, Guitarricadelafuente realiza un excelente papel, lleno de inseguridades y de miradas que quieren atisbar más allá de las trincheras, Glenn Close resulta elegante y liberal como los salones del Ateneo en su breve aparición, Milo Quifes coloca esos ojos inquietos en su personaje, tan extraviado que no deja de buscar una salida a su inquietud. Un escalón más abajo, Miguel Bernardeau, como siempre corto dramáticamente, pero presta un físico imponente y, hay que decirlo, bastante improbable en la época, Lola Dueñas, excesiva y casi rechazable, Penélope Cruz, breve, pero impensablemente con buena dicción cuando se esfuerza con el acento castizo. El resultado es que la emoción llama a la puerta, sin entrar del todo, pero lo hace con convicción, con vocación de buen cine, con alguna que otra idea visual muy interesante y con la certeza de que va a gustar mucho en otros lares. Por eso, tal vez, el cine nunca entenderá cuánto le queremos.

2 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Bueno, lo primero que quiero es expresar mi agradecimiento a los Javis y a esta película, no por las bondades del film (que luego comentaré lo que me parece) sino por haber conseguido mi regreso a una sala de cine tras varios años de incomprensible (no lo comprendo ni yo) renuncia. Tampoco tengo claro que haya continuidad...ya veremos.

Creo que hay veces que el cine se muestra excesivo, grandilocuente, potenciando los momentos de manera descarada, forzando el impacto. En otras se muestra chiquito, sin demasiado ruido, sin alzar la voz. A veces lo grande nos deja fríos y otras veces lo pequeño es hermoso (como decía el famoso libro de economía de Schumacher).

A mi esta película me parece excesiva, pero juega con eso y no creo que sea para mal.

Los Javis se han jugado una pasta al rojo (el color, esta vez, es casual) en la ruleta. Y si les sale bien, que parece que si, ganarán una pasta en este casino. A doble o nada pudo salir bien o mal. Y han creado una obra que para mi es un hito en el cine hispano. Pocas películas de nuestro cine, diría ninguna (habrá alguien que comente "Lo imposible", "Los otros" o "La sociedad de la nieve", pero yo creo que no), se la han jugado a convertirse en un fenómeno. Y esta lo hace, desde la dirección, la elección del casting, de la música y por supuesto su despliegue comercial.

Ahora vamos a lo que es puramente fílmico y a lo que me pareció. Cuando acabó estaba profundamente decepcionado. Irritado, incluso, en algún aspecto como el del insistente y machacón uso de la música. Sin embargo, creo que tiene bastantes aciertos que van aflorando según la reposas:

La poesía. Es difícil rodar las metáforas poéticas, quedan casi siempre demasiado oníricas y normalmente te sacan del asunto central. Aquí creo que está bien jugado y visualmente muy espectacular (esos esquiadores-bolas negras son impresionantes). Como defecto diría que la música (otra vez ella) apaga los versos y me costaba oír las palabras que seguro que sonaban mucho más bellas con esas imágenes.

El amor. Todo el tiempo, todas las veces, en todas las historias. Lo cuentan siempre y desde distintos planos. Los amigos a Carlos en la historia de la obra. En la guerra en la historia central. En ese hijo que reclama el que no tuvo, ni tiene y en esos abuelos que escondieron el amor simulando ser primos.

Las metáforas visuales. Muchos critican la escena de la escalada al San Sebastián por un supuesto ridículo refuerzo. A mí me parece que visualmente es brutalmente bella. ¿No se pueden hacer cosas simplemente porque son más bonitas? El quiero acariciar y no llego a tocar de Guitarrica a Bernardeu me parece una preciosa forma de expresar el deseo y el miedo a la vez. Lola Dueñas durmiendo en la casa de su hijo al final, la reconciliación, la comprensión, el reencuentro.
Bueno así lo vi o, mejor dicho, lo repensé yo.
...

CARPET_WALLY dijo...

….sigo
Y si entramos en el tema interpretativo, creo que coincidiremos poco.

Ni Guitarrica, ni Bernardeau me ayudaron a entrar en su historia salvo en un par de momentos (el de las caricias no dadas y el de la trompeta para la crisis de ansiedad). El resto del tiempo el cantante me irritaba con esa eterna cara de pena y de descoloque. El otro es demasiado buen mozo y con muy poco fondo dramático para que se pintara el personaje como real. He de reconocer que siendo esta la historia central, me pareció un poco premiosa y repetitiva.

Milo Quifes bien, bastante bien, aunque me quedo más con los secundarios (incluido el botones viejo). Y la frase de Natalia de Molina “…Por mi gusto, tiraría la jabalina, pero debo endulzar naranjas. Debo y quiero” es de lo mejor de la función (claro, esa si la escribió Lorca). Esa historia me parece muy bonita y el baile (aunque no aprovecha un buen flamenquito coral andaluz) me parece una gran escena desde el punto de vista visual.

Y la historia más actual es la que más me gusta, también la que más me interesa yla que más me conmueve, aunque no esté diseñada para eso. Me gusta mucho, pero mucho, el actor, Carlos González, con una naturalidad muy grande, sosteniendo el duelo con Lola Dueñas (excesiva también, pero con una energía que necesitaba la película, cuando sale eleva un poco el tono de la función) y, sobre todo, con Glen Close (majestuosa, elegante y presencia siempre). Incluso me gustó también bastante otra debutante, Yenesi, en ese papel tan a pie de tierra que significa Goyita.

Y coincido mucho con que Penélope está muy bien, con la fuerza y la dicción de una profesional muy por encima del resto del reparto.

Y podría decir mas cosicas, pero tengo mucho lio y no me da la vida.

Seguro que comento más, si es menester

Abrazos en pelotas en la playa