jueves, 7 de noviembre de 2013

PACTO DE SILENCIO (The company you keep) (2013), de Robert Redford

Quizá hubo una época en la que quedarse callado, sin decir nada ante un buen puñado de injusticias y mentiras, era un verdadero acto de guerra. Tal vez unos cuantos jóvenes se lanzaron a llamar la atención para detener la masacre de una guerra que diezmaba a una generación y desmoralizaba al país, para exigir los derechos de la gente de color, para gritar, bien a las claras, que la nación y la situación social que habían heredado de sus padres no era justa y que no estaban dispuestos a tragar con ella. Sus acciones estaban equivocadas pero no así sus razones.

Los años pasan de forma implacable y aquellos jóvenes se convirtieron en padres de familia con muchas cosas que perder. Y aún así, mantuvieron sus creencias porque eran más fuertes que sus propias vidas. La traición a su forma de pensar no cabía en sus pensamientos así que, con una coherencia envidiable, decidieron pagar por lo que habían hecho porque en ningún momento quisieron hacer daño, solo desearon llamar la atención, pegar aldabonazos de conciencia en la adormecida sociedad bienpensante. Cuando los años cumplen con la obligación de situar las vidas de los inocentes que rodean a los agitadores, entonces llega el momento de pasar por el estrado de los acusados.
Y el salto generacional es casi insalvable. Aquellos jóvenes que hace treinta años se movían por convicciones, se arriesgaban y se situaban en primera línea de lucha, ya no tienen nada que ver con los jóvenes de hoy, acomodados, expertos tomadores de atajos que desean conservar sus coches lujosos, sus empleos o sus ventajas juveniles, sus conformismos irritantes que llevan, inevitablemente, a no distinguir con claridad las líneas de lo correcto. Aquellos actuaron, mal o bien, pero lo hicieron. Hoy, ni siquiera actúan.
Inteligente película, dirigida con ambición y seguridad por Robert Redford, que habla de que el lujo burgués no es razón suficiente como para permanecer callado, que los verdaderos criminales, los únicos responsables de la guerra a la que nos están sometiendo, son los principales beneficiados de una sociedad que no protesta y que, si lo hace, no pasa de ser un movimiento pintoresco, casi una exhibición circense porque, dentro de ello, no hay pensamiento, ni dirección, ni liderazgo, ni claridad. Ni siquiera hay una respuesta para sus inquietudes.
Para ello, Redford se sirve de una estupenda compañía de actores que aportan oficio, seriedad, serenidad y gozosa profesionalidad a esta historia disfrazada de thriller cuando en su corazón habita la denuncia y el deseo de intentar cambiar algo, aunque sea poco. Ahí está la maravillosa escena de Susan Sarandon con Shia LaBeouf, el tremendo peso del avejentado Nick Nolte, el atractivo de la sedición representado por Julie Christie, el comprensible escepticismo de Richard Jenkins, la tranquilidad de Chris Cooper y la presencia magnética aunque ya difícil por la edad del propio Redford. Todos ellos saben dibujar en su rostro las expresiones maduras de unos cuantos jóvenes que, en su día, tuvieron y que a través de un código de conducta irreprochable, retuvieron. Porque la peor traición no es la de proporcionar pistas a un antiguo camarada en apuros, ni tampoco dejarse apresar por un sistema al que se desprecia. La peor traición es volver la espalda a un pasado malherido que clama por encajar la verdad y, sobre todo, es renegar de lo que movió a un puñado de jóvenes rebeldes que quisieron gritar oponerse a los desmanes de los que mandaban. Y es que la ética, el hacer lo correcto debe ser la auténtica enseña de la rebeldía y, también de las futuras generaciones. Solo así podrá haber una luz de honestidad y de verdad en unas vidas que también tienen que retirarse para dejar que las satisfacciones personales se abran paso entre unos ideales que son alaridos de justicia. 

5 comentarios:

dexterzgz dijo...

Pues fíjate que si no se me hubiese puesto David Trueba por delante esta hubiese sido mi elegida esta semana. De todas formas no tardará en caer. Me apetece ver mucho ese reparto deslumbrante (Shia quizá desentone entre todos) y ese thriller con sabor sesentero. Recuerda el tono un poco a cosas como "Los tres días del condor", magnífica película, aunque con Robert más pureta. Me han dicho que corre que se las pela, lo cual a los 78 no está mal, pero que se lo perdonas.


Abrazos con seudónimo

dexterzgz dijo...

Sesentero = setentero

Abrazos regresivos

César Bardés dijo...

Sí tiene algo de "Los tres días del cóndor" pero con mucha miga dentro. Es una ventaja de película porque quien ver un "thriller" pues eso es lo que verá y quien quiera buscar algo por detrás en una serie de conceptos que, hoy en día, están más anticuados que él corriendo pues también.
Es cierto que la escena en la que corre...bueno, pues eso, ya no tiene edad para esos trotes aunque él mete esa carrerita para que tenga algo de credibilidad el final. Claro que se lo perdonas (caramba, si hasta le hemos perdonado la espantosa cirugía estética que se ha hecho) y lo que sí hay que decir es que la película está impecablemente dirigida e impecablemente pensada. Y no deja de ser una gozada que él llame a unos cuantos amigos para que le echen una mano en una aventura que da para pensar muchas cosas. Redford, tras la cámara, sigue siendo un tío de movimiento elegantes y muy, muy precisos, aparte de que sabe contar historias.
Abrazos nostálgicos.

CARPET_WALLY dijo...

Bueno, pues la veremos aunque ya sabéis que aun gustandome estéticamente redford me parece demasiado "concienciado" y no me refiero a sus ideas, con las que comulgo casi siempre o incluso voy más allá, sino en cuanto a su empeño en aleccionar sobre lo correcto, que además lo hace de forma abierta y sincera (lo que quizá sea una muestra más de honestidad).

También he leído por ahí que es una película antigua, setentera en sus planteamientos y sus desarrollos, un pelín pasada a lo Redford y que necesitaba de un director tipo Pollack para darle el ritmo adecuado. Nostalgicos del cine de entonces, tal vez.

Abrazos con pantalón de campana.

César Bardés dijo...

Por supuesto que es un tipo "concienciado". Ya sabéis lo que me gustó "Leones por corderos" con la que guarda más de un contacto con ésta. Yo creo que hace muy bien en decir las cosas de forma abierta y sincera y disfrazándolo de un "thriller" que podría pasar por meramente comercial.
No sé con qué espíritu se realiza la afirmación de que es "setentera". Sospecho que, en parte, porque todo el asunto arranca de los setenta y porque, esos que lo dicen, ya creen que es una película anticuada para los tiempos que corren. Yo no lo creo. Creo que el espíritu de algunos cineastas que tenían energía en los setenta, reivindicativo y luchador, tiene que trasladarse a la época a la que vivimos porque somos una sociedad (en general, no solo la española) pinchada y conformista. Creo que la película tiene ritmo (están pasando cosas continuamente), Redford sigue actuando muy bien merendándose a jóvenes valores como el mentado LaBeouf que, aunque no lo hace mal, choca frontalmente con la forma de actuar de esos actores que salen a lo largo de toda la película. Y, seamos sinceros, Pollack era muy bueno en el terreno "thriller", a veces pelín prolijo. Y los que buscan referencias hasta debajo del taburete, la comparan con "Los tres días del cóndor" cuyas ambiciones de denuncia estaban apuntadas hacia esferas más altas fraguando eternas teorías de la conspiración y demás. Precisamente aquí lo que se nos dice es que, si hay que cambiar las cosas, hay que actuar. Y reconoce que en los setenta se hizo de manera equivocada pero manteniendo una serie de valores que ahora brillan por su ausencia.
Mucha nostalgia y mucha lectura a medias, es lo que hay.
Abrazos con vaqueros lavados a la piedra (tengo un amigo que lo intentó en un río...lo que me pude reír).