jueves, 23 de junio de 2016

EL EXPEDIENTE WARREN: EL CASO ENFIELD (2016), de James Wan


La noche extiende sus garras de misterio sobre los dulces sueños de la infancia. Ella es misterio y oscuridad pero también resulta acogedora en su silencio. Solamente cuando algo se mueve en sus rincones es cuando comienzan a temblar los asentados cimientos del descanso. Y es entonces cuando los objetos se mueven intentando la comunicación imposible, cuando el desconocimiento entra en juego con la fuerza de la maldad, cuando el demonio, marqués de las tinieblas, se introduce entre las paredes desconchadas de la desesperación.
Y así, con ruidos incesantes en mitad de la noche, con golpes desaforados en las puertas, con el inocente juego de un primitivo mando de televisión, el infierno tiene una puerta hacia la luz para recoger su cosecha de víctimas, almas débiles de familia desestructurada, que están señaladas con la muerte en vida y con el chillido como rezo. La noche comienza a tartamudear y el coche de bomberos se enciende en el juego, los crucifijos se invierten para anunciar al anticristo y los mensajes se suceden con las bocas torcidas de un hombre torcido que caminó por un sendero torcido y acabó en un infierno torcido. El cine ya nos ha presentado, sin grandes ceremonias, al pánico. Y nada mejor que una niña para mostrar su malévola sonrisa y su pacto con el diablo.
Los Warren siguen en su camino para despejar las nieblas del espíritu aunque saben que, de alguna manera, están atrayendo las consecuencias. Las visiones se suceden y la inquietud se adueña de sus nobles corazones porque han desafiado en demasiadas ocasiones al invisible puente que une este mundo con el más allá. El cansancio se nota en sus rostros y las dificultades se agolpan en sus razonamientos. Nada más lejos de la realidad. Son las mismas trampas de siempre, las que pone ladinamente el ángel caído para poder realizar su infernal trabajo. Los años setenta tocan a su fin y los ojos transparentes del odio se multiplican en los días de patilla larga y creencia corta. Esta vez el arma para derrotar al mal absoluto no es el amor…será la fe, la capacidad de creer en alguien, la perseverancia y la certeza de que algunas visiones son premonitorias.

Digna segunda parte de El expediente Warren porque sigue la estela de la eficacia que se demostró en la primera, con algo más de contención al final (aunque no deja de haber un cierto desbocamiento) y secuencias igualmente inquietantes, este caso Enfield que se convirtió en el más documentado de los fenómenos paranormales de la historia, profundiza en las entrañas del miedo por una dirección sobria que en ningún momento renuncia a las reglas clásicas del género. Tal vez porque James Wan, el director, sabe que el atractivo no reside en la exhibición visceral ni en la estupidez adolescente, ni siquiera en el movimiento exacerbado de la cámara para trasladar la sensación de nerviosismo, sino en la originalidad aparente de las situaciones que plantea, que se construyen con paciencia sin dejar nada gratuito alrededor. Sí puede haber algún momento menos convincente, especialmente cuando se da paso a la animación por ordenador, pero no sufre el resultado final que deja un charco de sudor a la espalda y una leve sensación de alivio.  Ahora, arriésguense a salir de esta página…lo que venga después ya es todo incertidumbre. Puede que, realmente, ustedes estén leyendo las letras de un espíritu que quiere hurtarles la razón. Puede que, simplemente, estas líneas sean una visión de lo que se van a encontrar… o solamente sean una trampa más del diablo.  

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