martes, 21 de febrero de 2017

EL CLUB DE LA LUCHA (1999), de David Fincher

Si queréis escuchar lo que hablamos sobre "Deuda de honor (The homesman)", de Tommy Lee Jones en "La gran evasión" de Radiópolis Sevilla, podéis hacerlo pinchando aquí.

Somos prisioneros de nuestras propias ambiciones. Solo deseamos sobrevivir en la vida cómoda, repleta de deudas que nos obligan al pago puntual de la compra de un puñado de cosas que no necesitamos. Ese coche lujoso, de negro noche y reflejo brillante. Aquella pantalla plana, de visión panorámica e imagen digital. Una casa confortable amueblada de acuerdo con el propio carácter. La verdad, es todo tan frío, tan inhumanamente distante que romper con todo ello parece una tentación.
Así que por qué no crear una realidad paralela destinada a desahogar las frustraciones. Esas mismas a las que nos condena la vida moderna que nos reduce a meras estadísticas en un mundo que olvida demasiado rápidamente todos los nombres. Hay que crear el caos, la réplica, la auténtica pasión contra el sistema. Lástima que la vorágine de la violencia y de la adrenalina nos aboque irremediablemente a establecer unas reglas para el mismo caos. En el mismo momento en que eso ocurre, todo se desata. La creación y el caos se convierten en bestias indomables que comienzan a confundir sus propios objetivos con la destrucción gratuita. Así es cómo comienza la dictadura de los que quieren acabar con todo…en realidad para que todo siga igual. La vida ajena carece de valor porque lo que importa es establecer la protesta de algo que subjetivamente es injusto. Y ahí está la frontera entre el bien y el mal. Algo tan difuso y tan difícil de trazar que, demasiado a menudo, se confunden y resulta ser el principio de un nuevo orden que subjetivamente es injusto y…
Con el tiempo El club de la lucha se ha convertido en una película de culto para todos aquellos que han escondido los deseos secretos de hacer volar todo por los aires y dejar de ser un número al que nadie tiene en cuenta. Como si fueran los primeros en pensar en ello. Lo cierto es que no deja de ser una de las películas más tramposas de la historia porque se dedica a establecer pacientemente unas reglas que luego dinamita de manera similar al caos al que parece adorar. Es como decir que nada de lo que te ha contado tiene una importancia real y que, a la hora de mirar nuestro interior, siempre habrá un amigo invisible que estará dispuesto a escucharnos, a aconsejarnos con esa vocecilla que no dejamos de escuchar en nuestros oídos e, incluso, a tentarnos con pasar al lado más oscuro de nuestra propia personalidad. Bien por los que han seguido con pasión esta película. Yo no soy uno de ellos.

No le hagan caso. Es un anticuado que no tiene ni idea de lo que realmente le gusta. La confusión y la mediocridad se agolpan en su interior y no ha nacido para luchar. Él está ahí y yo estoy aquí y no deberíamos de hablar de esto. Yo que ustedes, establecía alguna regla informática para no acceder a este artículo. Nunca ha existido. O sí. Lo que pasa es que no tienen ni idea de lo que originalmente decía. Y si lo saben, ándense con cuidado. Puede que a sus espaldas haya alguien con los dientes afilados dispuesto a hincar los colmillos en la próxima película que a usted le guste.

6 comentarios:

dexter zgz dijo...

A mí también me irrita profundamente esta película. Es de esas que me crea además complejo de tonto porque veo que todo el mundo la pone por las nubes y me pregunto si no me habré perdido algo. ¿Todo el mundo? No, bueno, casi todo, siempre me quedarán los dos CBs.

El caso es que soy incapaz de apreciar todo ese nihilismo que nos viene de buena parte del cine moderno. Entiendo que la sordidez está justificada en otros títulos de Fincher, con por supuesto "Seven" a la cabeza. No voy a negarte lo que dices de las trampas, crear unas normas para luego dinamitarlas y decir que esas no valen y poner otras (como los principios de Groucho). Eso si me apuras vale para las películas de Lynch que son una rayada de principio a fin.

Yo también soy un antiguo y no compro esto. Por no hablar de que el mensaje me parece moralmente muy cuestionable.

Abrazos sin puñetazos

César Bardés dijo...

Es cierto que es bastante irritante. Y no lo es menos que también tiene una legión de seguidores que comparten el nihilismo que destila la película, como si todos tuviéramos en la cabeza un Tyler Durden que significara, de alguna manera, la bestia que todos llevamos dentro dispuesta a saltar sobre un sistema injusto y frío. Si nos paramos a pensar un poco en a quién le gusta esta película, estoy seguro de que hablamos de "frikis", antisistemas, rebeldes porque sí y cosas parecidas. Ninguno de ellos te aducirá una razón puramente cinematográfica para que le guste. Todo se basa en las "peleas de puta madre", en "hacer volar al sistema por los aires", en "el otro yo que llevamos dentro" y cantidad de tópicos parecidos. Es cierto que el mensaje, simplón y ramplón, no es nada del otro jueves. A mí la parte que sí me parece que tiene un mínimo interés (aunque no salva la película) es el hecho de ese grupo anarco-fascista que se forma a raíz del éxito del club comienza a imponer una serie de reglas que, en el fondo, son tan despreciables y execrables como las del sistema que pretenden derribar. Me recordó un poco a los de la "nueva política". Sentí simpatía en su momento por el 15-M aunque no me uní porque no veía que hubiera objetivos comunes, cada uno tiraba a su aire y demás. Y me acuerdo que le dije a otra persona que me acompañó a la Puerta del Sol: "Esto dejará de tener sentido en el mismo momento en que se politice". Me refería no solo al juego político sino también al establecimiento de unas reglas bastante delirantes para entrar en ese juego político. Fui a una asamblea que se hacía en una plaza al lado de un centro comercial al lado de mi casa. Vi cómo, algo infantilmente, se habían establecido unas reglas tácitas a la hora de corear o expresar disconformidad con lo que decía el orador de turno. Para decir que lo que decía el fulanito estaba bien, se levantaban las manos y se movían. Para expresar disconformidad, se hacía un movimiento circular con los índices en posición contrapuesta, como cuando decimos que te enrolles. Todo se reducía a una permanente demostración de postureo para expresar que todo el mundo que tuviera algo que decir, iba, al menos, a ser escuchado. En el momento en que ese movimiento se politizó ya se escucha bastante menos, solo se escucha lo que se quiere y cuando se quiere, ya se dice hoy una cosa que solo resulta válida hasta mañana (unos días la justicia funciona de maravilla y otros es un auténtico asco, depende de si va en contra de los intereses) y se llegan a actitudes chulescas y al borde del fascismo que están en las antípodas de lo que, originalmente, se pretendió que fuera el 15-M. Y aquí veo cosas en común, no puedo evitarlo. Seguramente estaré desbarrando y el que hable en realidad sea mi Taylor Durden...pero es que los mismos que pretenden derribar el sistema niegan categóricamente que tengan a un Taylor Durden en dirección contraria preguntándoles si hacen lo correcto. Y éstos se pliegan a las reglas a pie juntillas.
Abrazos con jabón.

CARPET_WALLY dijo...

Jajaja, no sé si desbarrando es la palabra pero crear un paralelismo entre "El club de la lucha" y el 15-M no deja de ser meritorio.

A mi también me desagrada "El club...", tampoco le veo grandes virtudes cinematográficas (atmosfera, guión tramposo e interpretaciones algo pasadas de rosca no son suficiente para mi), pero sobre todo con lo que no juego es con lo que menciona Dex, el mensaje, que no sólo no me parece muy aconsejable sino puramente fascistoide. Una religión de la violencia. Porque lo antisistema viene después, lo anterior es darse de leches para desahogar las miserias propias, la violencia como escape de las frustraciones, pero no para ser alguien (el mejor, el más rápido, el más fuerte, el más listo, el más valiente...) sino para ser uno más, para ovejizarte...y ahora ya si, todos a una dinamitamos el mundo...masa, grupo, soldados sin rostro, seguimiento al lider...nazismo.

Creo que aunque la deriva política del 15-M tenga muchas cosas criticables, no es precisamente por ahí por donde van los tiros. De hecho, es precisamente la adaptación al sistema la que ha creado el primer gran conflicto interno. Y yo que soy mucho de reformar pero sin romper demasiado, creo que se ha salido perdiendo en la última partida. Pero no creo que el 15-M fuera entonces, ni sea ahora, una legión de fanáticos. Al lider le cuesta Dios y ayuda que sus ideas venzan en un congreso abierto. ¿Depuracion?, ¿Purga?, es probable, pero nada que no sea comprensible política y humanamente. Lo que no cuadra conmigo, lo que no me aporta lo deporto...y a mi me parece que eso será la perdición...pero de ahí a lo de Tyler Durden y cia....Yo no lo veo, pero puedo estar perfectamente equivocado.

Por lo demás, una película que no entiendo que tenga legión de seguidores...o si, lo entiendo social y culturalmente (mucho memo capaz de ver rebeldía en la bazofia), pero no cinematográficamente.

Abrazos cariñosos

César Bardés dijo...

Yo no creo que sea tan peregrino establecer un paralelismo entre una cosa y otra. No olvidemos que las tesis del gran líder se basan en tomar la calle, en hacer todo el ruido posible. Cuando se quemó todo lo que se quemó y se rompió todo lo que se rompió (obligando a la entonces delegada del Gobierno Cristina Cifuentes a dar orden de leña a la policía) no estaban precisamente diciendo las cosas con educación y con orden, por ejemplo. Y están a un paso de eso y creo que lo sabes. Otra cosa es que reserven esas acciones para el momento oportuno (nos ponemos en el 2019, Carpet?). Sigo diciendo que la politización del 15-M es un error como una casa. Manifestémonos, protestemos, estemos todos los días delante de la Moncloa (no como entonces, que se escogió la Puerta del Sol porque el gobierno de la Comunidad de Madrid era de la derecha y no el de la nación), no dejemos de gritar, de reivindicar, de hacer que se oiga la protesta...pero politizarlo? De verdad crees que estos han venido para hacer las cosas..."pacíficamente"? Mira a quién apoyan, mira a quién defienden. No son opciones pacíficas precisamente. Son opciones que también están dedo a dedo con el fascismo. No van a hablar solo las urnas y si quieres nos apostamos algo.
En cuanto a "El club de la lucha", aparte de que tiene cosas de un infantilismo parecido al narrado como "quemar las sedes de las empresas de las tarjetas de crédito porque así el sistema se pondrá a cero" (me suena de algo, por otra parte), es cierto que el mensaje final de la película es muy, muy reprochable...y curiosamente gusta mucho a la izquierda porque va en contra del sistema del capitalismo, basado en que todos nos endeudemos.
El 15-M no era una legión de fanáticos, cierto. Solo los que se han politizado se han convertido en fanáticos. Date una vuelta por cualquier foro político y ponles a caer de un burro, a ver si levantan las manos y las agitan. Y ellos tienen la razón.
Un conocido actor de izquierdas me dijo no hace mucho que coincidió en un programa con esta chica que ha acumulado muchos méritos para ser quien es y que no hace mucho decía que la presencia de Ana Botella, mujer de José María Aznar, era un signo más de la corrupción. Voy, que me pierdo. Coincidió con ella y le dijo algo así que muchas de las cosas que reivindicaba su fuerza política eran justas pero que los cambios se realizan poco a poco y no de golpe. ¿Sabes lo que ella contestó? Que no, que en este país todo se ha hecho a golpes...y que ellos no iban a ser menos.
Abrazos con las manos levantadas y agitadas.

CARPET_WALLY dijo...

Pues sinceramente y educadamente (como tu) disiento. Yo también me pasé en aquellos días por la puerta del Sol y también agitarse manos (el aplauso de los sordomudos) y darle al rulo para pedir al siguiente. Tras un rato, medije : esto sólo puede llegar a algo si se habla menos y se hace más. Soltar proclamas más o menos justas delante de un grupo de jovenzuelos (esa era otra pega, la deda media era de veintipocos y los adultos, mayores de 35, era muy pocos) era muy facil. Yo me junté con un grupito (4 ó 5 en un aparte) que se autoafirmaba, hay que hacer esto, y lo otro y los bancos son malos y la gente buena y los políticos peor y el pueblo es la leche... Yo iba con mi traje y mi corbata, lo que me hacía bastante sospechoso, pero me atreví a intervenir. Les aclaré que a pesar de mi aspecto estaba bastante de acuerdo con las lineas generales de la protesta, pero que encontraba mucha idea general y poca concreción, mucho hablar de como debían ser las cosas y poco de como debía hacerse para que fueran así. ¿que leyes habría que aprobar y como? ¿Como llevar las demandas de la calle al parlamento? En definitiva, creía entonces (y aun lo creo) que había que dar una voz política a ese batiburrillo de descontentos. Había que hacer surgir una opción política nueva que sumara a los indignados y los representara....Me miraron con educación, me dieron educadamente la razón...y siguieron a lo suyo.

Lo de los cambios a golpes es también una postura, de hecho, el verdadero problema es que es más fácil colocarse en el postureo que intentar de verdad cambiar las cosas desde dentro. Ni 2019, ni nada, yo vaticino fuerte retroceso de quienes no han sabido adaptarse, pero lo mismo me equivoco claro.

Y ponerles a caer de un burro no es muy honorable, yo antes les señalo su falta de eficacia en conseguir los cambios que dicen perseguir que en criticar sus manifiestos errores "democráticos". Es más fácil defenderse de quien te ataca que de quien te señala tus defectos.

Abrazos posibilistas

César Bardés dijo...

Sigo diciendo que el movimiento del 15-M tenía que haber tenido desde el principio una vocación civil y no política. El mejor gesto de todos los que se hicieron fue cuando Cayo Lara se plantó allí y se le echó a patadas. Sin ir más lejos, el mayo del 68 jamás se politizó en Francia (y muchos intentaron subirse al carro), no surgió ningún partido contestatario que diese voz a las reivindicaciones de los estudiantes (verdadera fuerza civil que destaca por su ausencia y su falta de madurez en sus propuestas), se manifestaron una y otra vez, una y otra vez, pararon el Festival de Cannes, exigieron la refundación de su sistema (no la abolición total) y, sí, es cierto, hubo disturbios (más provocados por la policía que por ellos mismos, no como aquí, se pongan como se pongan los que ven en todo una agresión, que parece que alguien rompe escaparates o quema contenedores y hay que decirle con muy buenas palabras, por favor, no rompas más y pórtate bien). En el momento en que se politiza se dan alas a determinados sectores que están muy bien donde están, arrinconaditos y sin relevancia. No es de recibo que una fuerza política que dice representar a todos los descontentos esté dando alas a esos sectores que no tienen nada de pacíficos. Yo vaticino disturbios en las calles (y nosotros que vivimos en Madrid lo vamos a sufrir pero muy bien) según se vayan acercando las elecciones. Eso está cantado. Hay que hacer agitación para que la gente se contagie de que hay descontento, de que todo va mal, de que todo hay que cambiarlo (para que todo siga igual, por supuesto, aunque en otro orden) y si no se sale a la calle el gran y amado líder no conseguirá el asalto al poder. Y eso si no pasa antes con la elección de Pedrito como Secretario General del PSOE, que ya ha dicho cuáles son sus intenciones, en mi opinión, también enormemente peligrosas y muy equivocadas.
Creo que es un error no señalar sus supuestos errores democráticos por una sencilla razón. Las nuevas generaciones, que son los que más les apoyan, creen que la democracia es lo que ellos representan y lo que ellos dicen. Si seguimos callados los que sabemos la diferencia, pronto pagaremos un precio excesivo.
Abrazos imposibles.