jueves, 16 de febrero de 2017

MOONLIGHT (2016), de Barry Jenkins

En un entorno donde la violencia, la droga y la marginalidad es la rutina de todos los días, no hay sitio para la sensibilidad. Siempre hay que demostrar que eres un hombre, un macho sin ambages, un tipo duro que no se arredra ante cualquier desafío. Los que exhiben cualquier tendencia que se aleja de lo aceptado, resulta agredido. Primero, moralmente. Después, físicamente. Y eso solo hace nacer el deseo de huir de todo, de no ser el centro de unas calles inundadas de basura y escarnio, de humillación y muerte.
De vez en cuando, esa sensibilidad que se ha estado ahogando durante tanto tiempo, experimenta una explosión de venganza, de rabia que ha estado anidando en el corazón durante demasiado tiempo. Tal vez porque en casa no ha habido lugar para la ternura continuada. Tal vez porque en el colegio se han construido sumideros de intimidación que reprimen cualquier signo de amor, sea cual sea. Lo cierto es que, cuando esa sensibilidad dice basta, puede que asome la cabeza en la peor de sus caras y eso significa un billete de ida sin vuelta al mismo centro del que, un día, se pretendió huir.
En ese terrible y temible océano de pesadillas y fingimientos, laten corazones que ansían la normalidad, que sencillamente, no encuentran ningún asidero al que agarrarse y dejan que el entorno les engulla como víctimas perfectas del abandono y del desprecio. Y aún así, se puede encontrar una mano amiga, se puede sentir que hay humanidad entre tanta suciedad, se puede experimentar la paz mientras se está sentado en la playa, dejando que la brisa azote la negra piel que conserva las sensaciones y las complicidades. Luego ya vendrán los desengaños y la rebeldía y el lamento interior por transformarse en lo que no se quiso ser. Es la instalación en el callejón sin salida que siempre tendrá abierta la puerta del regreso.

Barry Jenkins, el director de esta película, se revela como mucho mejor guionista que realizador. La historia es potente, con un progreso admirable y con una descripción cuidada de unos ambientes tan sórdidos que apenas se puede imaginar que existan pero, cuando se pone detrás de la cámara, se revela deseoso de impresionar con absurdos y rápidos planos circulares, con el afán de introducirse en las sensaciones del protagonista con la irritante y ya casi permanente cámara en mano, casi sin darse cuenta de que la misma historia es, de por sí, tan descriptiva y compacta que no hubiera necesitado demasiados adornos para alcanzar esa pretendida maravilla que quiere alcanzar con la forma de su película. En cualquier caso, en todo momento es una historia creíble, sensible, bien contada y bien interpretada aunque regularmente dirigida. Y eso es mucho cuando se trata de introducirse en esos entornos que llegan a causar una incomodidad cortante y un manifiesto deseo de mirar hacia otro lado. Quizá porque sabe que, en esos barrios periféricos y llenos de pena, no es país para sensibles y aquí se pone en juego la historia de un chaval que apenas habla, que solo observa, que solo espera y que cifra su triunfo en un rato más de mostrarse tal cual es, tal y como no le han dejado ser durante toda su vida. Demasiadas lágrimas han surcado su rostro. Demasiadas veces ha tenido que esconderse. En realidad, nunca le han permitido decir bien alto que es un hombre y que, como tal, también tiene derecho a amar.

4 comentarios:

dexter zgz dijo...

La vi ayer y me dejó tan impresionado que no había reparado en lo que tú comentas de la dirección de Jenkins. Sí es cierto que en la primera escena cuando aparece esa cámara bailarina dando vueltas alrededor de los protagonistas pensé "ay Dios". Lo cierto es que luego ya me metí tan de lleno en la historia que apenas me fijé en si la cámara se movía un poco. Tampoco me molestaba. Ahora que lo pienso, creo que esa agresividad con la cámara se va relajando conforme avanza el metraje.

Te voy a parecer un falso porque la semana pasada te dije que me había emocionado la película de Affleck. Pero esta me ha emocionado muchísimo más, esta sí, te lo juro. Durante muchos momentos he sentido que la película era mía, me he sentido identificado con más de una escena y más de un personaje. La película es todo ternura y todo sensibilidad y también sus personajes. Me sorprendió que el papel de Mahersala Ali fuese tan corto, pero la verdad es que es un personaje que deja huella y su vítola de favorito en los Oscars está muy justificada. Puede que no te guste mucho cómo maneja la cámara Jenkins, pero de verdad donde me dejó impresionado fue en el montaje y en cómo estructura las elipsis y el avance del tiempo. Con esa división en capítulos que toman sus títulos de los distintos nombres bajo los que se oculta el protagonista a lo largo de la película. Y cómo concluye cada uno de esos capítulos con un plano o un detalle que te deja literalmente devastado para comenzar el siguiente.

Y el final. Qué puñetera es la temoporada de los Oscars que nos obliga a comparar cosas que no tienen nada que ver. Quien quedó impresionado con el final de La La Land, que le eche un ojo al final de esto. Absolutamente prodigioso, con esos dos últimos planos inolvidables, esa conversación en el restaurante, ese juego de miradas. Si el final de Lalaland nos habla de lo que pudo ser y no fue, el de Moonlight podría estar hablándonos de lo que no pudo ser y fue.

Abrazos azules

César Bardés dijo...

Es que lo de la cámara dando vueltas lo hace un par de veces y de manera muy innecesaria. ¿Qué quiere decir con eso? Que el universo gira alrededor de esta gente que se mueve entre drogas, pobreza y marginación? Me parece totalmente innecesario y con muchas ganas de dejar impresionado cuando es una historia que tiene suficiente gancho y mordiente como para impresionar por sí misma.
Me gustó mucho además cómo está estructurado el guión con esos tres capítulos que ilustran la niñez, la adolescencia y la madurez del protagonista dejando su nombre verdadero, su auténtica personalidad para el final, para mí el capítulo más conseguido. Creo que ahí, precisamente, es donde la película experimenta una cuesta arriba muy notable.
Sí, es cierto que también a mí es una película que me llega muchísimo más que "Manchester frente al mar" (aún reconociendo el estupendo trabajo de Affleck, que se perfila como seguro ganador). Creo que hay una enorme sensibilidad en todo lo que cuenta a pesar de ese ambiente sórdido, caluroso y agobiante en el que se mueve. Casi se puede sentir el sudor de los personajes.
Me gustó mucho Mahersala Ali en su papel aunque también me deja un poco a medias por la forma en la que despacha su salida de escena. En el fondo, es un hombre que se mueve entre el fracaso y la desesperación y, de hecho, creo que fracasa una vez más al tratar de que el protagonista se aleje de ese mundo y disfrute un poco de la sensibilidad que ofrece la vida, por muy horrible que sea el entorno.
El otro día hablábamos de la inutilidad de algunas películas que tienen temática "gay" y de la utilidad de otras. Sin ser una película redonda, creo que esta debería entrar en la segunda categoría. Deja huella con esa enorme humanidad que destila y que trata de forma sensible con un protagonista del que te explican muchas, muchas cosas.
Abrazos con postizos de oro.

dexter zgz dijo...

De muchas películas de temática gay me suele molestar el subrayado, la tentación de querer quedar de guay por parte del director. Hay que agradecerle a Jenkins y a su guión que se aleje de todo este subrayado. Es más, creo que hay que agradecerle que cuando está a punto de visitar un lugar común se quede en la puerta.

Te discutiría un poco lo de que Mahersala fracasa. La escena de la cena, valga la cacofonía, es una exhibición de humanidad y de principios. Y el muchachito le plantea un par de preguntas que a mí me dejaron temblando. Luego esos principios se tambalean en la demoledora escena en el coche con la madre. Pero de todas formas, el guión tiene la suficiente habilidad para dejar esa cuestión en el aire. Como muchas otras, es una de las muchas virtudes de la película.

Me habían asustado mucho con la comparación con "Boyhood" justificada por la coincidencia de contar la evolución de un personaje a través del tiempo. Pero queda claro que para contar una historia así no hace falta emplear 12 años ni irse a las tres horas de película. El trabajo de Jenkins deja en pañales al de Linklater.

Abrazos y un beso
PD: Casto, eh

César Bardés dijo...

Ésa es una de las grandes virtudes de la película y es su elegancia a la hora de contar las cosas, una virtud que me parece muy difícil cuando se ha dibujado todo un entorno que coquetea con el exceso.
Yo no digo que el personaje de Mahersala no sea humano, ni tenga principios. Claro que los tiene...pero no consigue su objetivo, que es alejar al chaval del entorno. Es más, creo, aunque quizá sea una visión demasiado subjetiva, que el chaval se convierte precisamente en una continuación del propio Mahersala. Hasta lleva las mismas fundas de oro.
Para mí, es una película claramente mejor que "Boyhood". Más que nada porque hay una razón de peso...un deseo de contar una historia con un objetivo y un planteamiento muy definido. ¿Qué pretende Linklater con "Boyhood"? ¿Contarnos la vida de un niño, que pasa a adolescente y se queda en el inicio de la etapa adulta con el mayor neorrealismo posible? Como bien dices, ¿doce años y tres horas de película para eso? Jenkins hace un trabajo que funciona en el equilibrio y que es muy difícil de mantener y, además, destila una enorme humanidad. La mirada de Linklater es fría y, en mi opinión, bastante inútil.
Abrazos desde la playa.
PD: Mirando al mar eh?