martes, 12 de diciembre de 2017

COLLATERAL (2004), de Michael Mann

La noche en Los Ángeles es como una extraña mezcla de luces y suciedad, de amplitud y agobio, de frivolidad atada con nudos de estrellas. Y una noche en particular va a ser más larga de lo habitual. En especial para un taxista que conserva un sueño que nunca va a poder realizar. Por eso, tal vez, no ha dudado en reservarse el largo, larguísimo turno de noche, para no pensar en su fracaso, en esa mentira que todos tenemos y que nos ayuda a afrontar lo que nos espera con las nuevas veinticuatro horas de desesperación. Sin embargo, en ese taxista desgraciado hay algo diferente. Puede que sea una honestidad a prueba de bombas, o, tal vez, que su conversación es algo más elevada de lo habitual en un tipo que solo se dedica a traer de aquí para allá a unas cuantas almas perdidas. Lo peor de todo es que va a recoger al alma más perdida de todas. Un asesino profesional que tiene la noche algo apretada para cumplir todos los encargos que se le han hecho. Y quiere que el taxista le lleve a cada uno de los lugares donde dejará su rastro de muerte y su huella de profesionalidad.
No es fácil de imaginar la angustia que puede pasar un simple taxista llevando en el asiento de atrás a un asesino profesional. Más que nada porque las horas no son llevaderas en la noche de Los Ángeles y los dos comienzan a indagar en el alma del otro. El asesino sabrá que la vida del taxista en una pura mentira, que se engaña todos los días pensando que un día saldrá del taxi y que va a montar su propio servicio de limusinas. En realidad, pobre diablo, lo que realmente esconde es su enorme y aplastante soledad, tan solo rota por una madre enferma y algún que otro cliente que deja una generosa propina al término de su viaje. El taxista tendrá conciencia de que el asesino tiene miedo a morir sin que nadie se dé cuenta, de que, en el fondo, es un ser patético que acabará siendo un cadáver camuflado en la vorágine de una gran ciudad que ni siquiera presta atención a sus propios muertos. En realidad, pobre diablo, lo que realmente esconde es su enorme y aplastante soledad, tan solo rota por el dinero que cobra y la eterna conversación que genera cualquiera de sus encargos dentro de la noche, larga noche, maldita noche.

Michael Mann nos monta en su taxi para llevarnos a un enfrentamiento de conciencias y personalidades mientras el enorme escenario de una ciudad sumergida en la noche y en la luz de sus calles nos envuelve y nos aprieta. Quizá, al igual que sus protagonistas, solo seamos víctimas colaterales de un estilo de vida que pide a gritos un cambio que se niega a desangrarse por encargo.

4 comentarios:

dexter zgz dijo...

No soy yo lo que se dice muy fanático del cine de Michael Mann. Sé que me lo tengo que hacer mirar, pero "Heat" se me hace muy pesada y larga y la considero sobrevalorada. Lo gordo es que encima la tengo en Dvd, igual le tengo que volver a echar el lazo un día de estos.

Pero mira tú por dónde que la película que comentas sí que me convence. Al menos en buena parte del metraje, porque creo que ese final tan precipitado y tan efectista lo echa un poco a perder. Una pena, porque hasta ese momento la cosa iba realmente bien. Porque envuelto en su habitual estética de diseño, Mann despacha un producto de calidad con diálogos interesantes, ágil sentido del ritmo e interpretaciones estupendas (una de las mejores en la carrera de Cruise).

Abrazos bajando la bandera

César Bardés dijo...

Yo tampoco es que sea un fanático de Michael Mann. Creo que tiene estupendas películas (como "Heat" en la que entro muy bien en ese juego de espejos que propone, además de disfrutar de dos interpretaciones "delicatessen") y películas muy malas ("Enemigos públicos" es para que le suspendan en la escuela de cine y peor aún es esa que hizo con Hemsworth sobre los peligros de la red y, creo recordar, se llamó "Blackhat" o algo parecido). En cuanto a "Collateral" me parece también interesantísimo ese juego de espejos entre dos personajes tan dispares y a mí no me chirría el final precipitado. Creo que acaba como tiene que acabar y, de paso, Mann se sale del puro cine comercial con una fórmula que podría haber funcionado perfectamente, y nos habla de la soledad y frialdad absoluta de la urbe, impasible ante un cadáver o ante alguien que pide ayuda. En el fondo, Mann hasta plantea si ambos personajes no llegan a ser necesarios en una sociedad como la que hemos construido. En las interpretaciones estoy de acuerdo. Cruise está fantástico, al igual que Foxx. Y lo que es mejor, hay una enorme química entre ellos.
Abrazos con la luz verde.

CARPET_WALLY dijo...

Pues coincido con ambos. Michael Mann es capaz de hacer auténticas mierdas, uniría a las comentadas "Miami Vice" y hacer gran cine, Yo soy muy de "Heat" un verdadero western, como también lo es "Colateral" pero también me parece muy apreciable "El dilema". Y la que si me parece muy sobrevalorada es "El último mohicano" donde lo único que me gusta es la banda sonora y, por supuesto Madeleine Stowe.

Cruise, pues si, una de sus cimas y mira que me gusta poco el hombre, pero está bien porque está muy fuera de su papel habitual y muy bien también Foxx, efectivamente hay química entre ellos y en su antagónico reflejo.

Abrazos con el taximetro en marcha.

César Bardés dijo...

Pues tienes toda la razón. El gran tríptico de Mann es "Heat", "Collateral" y "El dilema". Lo de "Miami Vice" es que lo había borrado de la mente por pésimo (posiblemente sea lo peor que haya hecho nunca). Efectivamente, "El último mohicano" está muy sobrevalorada. Ya cuando la vi (que lo hice acompañado de un grupo de amigos), salí decepcionado del cine cuando los demás estaban como locos creyendo que habían visto la repera en pelo largo. Una muestra de que a una historia que, ya de por sí, es bonita y emocionante, se le puede ir la mano cuando se quieren cargar demasiado las tintas con un estilo recargado y recargante.
Fíjate si Cruise está bien que corre...pero corre muy poco.
Abrazos con el bocata de las tres de la mañana.