viernes, 22 de diciembre de 2017

EL BAZAR DE LAS SORPRESAS (1940), de Ernst Lubitsch

Con esta película quiero desearos a todos los que os atrevéis a pasar por aquí y leer cinco minutos de cine, una Feliz Navidad. Os lo deseo de corazón. 
Como todo el mundo está dirigiendo sus miradas hacia loterías, escaparates y manjares, vamos a racionar la actividad del blog. Colgaremos los correspondientes estrenos de la semana el martes 26 de diciembre y el martes 2 de enero. El resto de los días, disfrutadlos mirando a quien realmente queréis. Retomaremos el ritmo habitual a partir del martes 9 de enero. Sed muy felices y sed conscientes de que, a vosotros, también se os quiere.

“Hay muy pocas personas que se preocupan de conocer la verdad interior de los demás”
Y demasiadas, añadiría yo, que solo se preocupen de conocer las tiendas por dentro. Pero sin miradas demasiado intensas, no vaya a ser que no compren nada. Y ahí tenemos la tienda del señor Matuschek, una tienda de artículos de regalo muy coqueta, con un puñado de empleados que tienen una característica en común. Son buenas personas. Bueno, todas no. Está el típico pelota sabihondo, engolado, ridículo y listo de vocación como el señor Vadas. Aunque también hay que reconocer que esa labia que se gasta también hace mella en el público. El caso es que los demás sí que tienen un corazón más grande que todos los precios juntos. Y en concreto, el señor Kralik y la señorita Novak tienen algo de sintonía. Solo que no lo saben. Se cartean y no saben que el otro es el remitente. Las cosas que guarda el correo ¿verdad? Por cierto… ¿no les interesaría una tabaquera preciosa por 5,50?
El caso es que por esa tienda desfilan un montón de inquietudes, de inseguridades, de deseos no cumplidos, de sencilleces felices, de buenas intenciones, de trabajo continuo y de sentimientos. Sí, es una tienda que tiene de todo. Incluso citas que no deberían producirse porque las citas a ciegas rara vez llegan a buen término. Ya se sabe. Uno se hace a la idea de que una chica con la que se ha conectado a través de cartas es de una manera y resulta que se encuentra que está en el polo opuesto. O viceversa. Muchas veces, esas cosas desembocan en la decepción, en el llanto amargo de no haber cubierto las muchas expectativas que se depositan en la ilusión, en la soledad de una época gris, de cierta necesidad, que avisa de la guerra a la vuelta de la esquina y de los desengaños en esta misma acera. Las cosas que guarda la vida ¿verdad? Por cierto… ¿no les interesaría una tabaquera muy bonita que toca Ojos negros cada vez que se abre por 4,20?
De paso, si se entra en la tienda, asistiremos a un muestrario de la naturaleza humana y a un maravilloso espectáculo del corazón que guardan algunos dependientes, como el entrañable y casi genial señor Perovitch, un señor muy educado que destaca por su discreción, que ayuda cuando debe y calla cuando actúa. O la eficiente Flora, que lo mismo sirve para un roto que para un descosido y lleva la caja, y coge mensajes, y vende, y sonríe…Dentro de la tienda a la vuelta de la esquina puede estar toda la Humanidad. A veces es así. Se hace una comedia y te sale humanidad. Un alemán de sempiterno puro en la boca como Ernst Lubitsch lo sabía muy bien ¿verdad?... Por cierto… ¿no les interesaría una tabaquera ideal como regalo al increíble precio de 2,50?

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

Un bonito christma para desearnos unos felices y entrañables días. Yo también aprovecho para desear que lo pases muy bien y que comas muchas albóndigas.

Con respecto a la película que comentas hay que decir que es una película preciosa, de esas que ya no se hacen. De hecho, Tom y Meg la hicieron hace unos años y les salió un churro. Todo es destacable en esta película, la dirección de Lubitsch con un guión que se presta un poco a caer en lo empalagoso. Y las interpretaciones todas sublimes. Me gustaría resaltar la de ese grandísimo actor poco reconocido y lubistcheano llamado Felix Bressart.

Abrazos desde el mostrador

César Bardés dijo...

Felix Bressart, un actorazo. Uno de los Bulganoff, Irianoff y Kopalski de "Ninotchka" o el actor deseoso de interpretar "El mercader de Venecia" en "Ser o no ser", una de esas personalidad que daban textura a la película a pesar de que su papel siempre era secundario.
Das con una de las claves de esta película. Es una historia que lo tiene todo para ser mortalmente empalagosa y en manos de Lubitsch resulta ser una encantadora comedia, con mucho de su cinismo, con interpretaciones magistrales por todo un elenco de secundarios y por Stewart y Sullavan. Quizá sea una de esas películas que no admiten otras visiones. Es tan perfecta, tan milimétrica, que tocas cualquier cosa y se te cae con estrépito.
Felices días en la heroica e inmortal.
Abrazos con la tabaquera bajo el brazo.