jueves, 21 de mayo de 2026

JUGADA MAESTRA (2026), de John Patton Ford

 

La ambición y la venganza nunca han sido una buena pareja. Cuando el fin principal es el arribismo y la escala en la posición social, tener el pensamiento nublado por una idea de venganza siempre hará que el objetivo se difumine y se puedan cometer errores. Si la venganza es ese plato que ha de servirse frío, la ambición es capaz de desdibujar las metas. En este caso, tenemos al típico trepa al que se le han negado unos cuantos derechos por el comportamiento díscolo de su madre y pergeña un plan alocado que consiste en eliminar a todos aquellos que obstaculizan su lugar en la línea de sucesión hacia una fortuna incalculable. Por el camino, se cruzarán sus pasiones y sus desaires y, claro, al final se construye su propia cárcel basada en un asesinato que nunca llegó a cometer.

Con estos mimbres, el director y guionista John Patton Ford se dedica a inventarse una nueva versión de aquella obra maestra de la Ealing que se llamó Ocho sentencias de muerte, cuyo mayor atractivo residía en mostrar la maravillosa versatilidad de un actor como Alec Guinness que se atrevía a interpretar a todas las víctimas del protagonista, encarnando hasta ocho papeles distintos, con caracterizaciones totalmente diferentes y con un trabajo de dicción extraordinario, dotando a cada uno de sus personajes de una personalidad variada y variable de una entidad que se mostraba, prácticamente, por sí sola. En esta ocasión, esto no ocurre y hay un actor o actriz diferente para cada asesinado así que Patton Ford se aplica en la realización de los asesinatos, bastante alejados de sus originales, siendo algunos realmente ocurrentes. El problema está en que el protagonista es un actor tan limitado y tan carente de cinismo como Glen Powell que está a años luz de la arrogancia que mostraba un intérprete experto en las tablas como Dennis Price que, además al estar ambientada su versión en la época victoriana, contaba con la ventaja de la ridiculización de unos tiempos en los que un asesinato podía ser considerado como un signo de distinción.

Es cierto que aquí la película se beneficia de una actriz capaz de transmitir sensualidad y mala baba como Margaret Qualley, pero al conjunto se le puede reprochar la carencia de colmillos afilados, perdiendo gran parte de su carga de profundidad crítica, aunque, por supuesto, no duda en atacar con fiereza a la burguesía y al ambiente ejecutivo de las altas finanzas. Mientras en Ocho sentencias de muerte hay una permanente sonrisa repleta de cinismo, aquí persiste una cierta indiferencia que condena a la historia al aprobado muy, muy justo.

Por otro lado, también hay una diferencia que se antoja casi fundamental y es el final. Sin descubrir nada, podemos decir que la película de la Ealing contaba con un último giro brillante, acorde con la acidez del relato, mientras que aquí se cierra todo al estilo típicamente americano, sin alejarse demasiado del original, pero dejando en el aire una sensación de maldición, de destino escrito de antemano. Y la expresión “escrito de antemano” no es casual. Tiene su aquel. Sobre todo, si han visto la primera versión.

Así, pues, tengan mucho cuidado con ese joven que parece tan majo a simple vista. Detrás de cada hombre (o mujer y esto tampoco está escrito por capricho) hay un infierno de  ambiciones desmedidas, de envidias escondidas, de deseos incumplidos que pueden dominar la totalidad de sus comportamientos. Lo que puede ser una jugada maestra se queda en una broma infantil si se sucumbe a la ambición desmedida o a la venganza fermentada. El resultado puede ser una cruz insalvable, rodeada de rejas, de confesiones poco acertadas o de versiones descafeinadas al cincuenta por ciento. Piensen bien los pasos a dar y no duden en abandonar lo que resulte altamente sospechoso. Por el camino que se han trazado para que alguien les considere algo, un abandono no es una derrota. Ni siquiera si deciden no ir a ver esta película. 

4 comentarios:

dexterzgz dijo...

¿Qué necesidad?

César Bardés dijo...

Pues el tal Patton Ford seguro que pensó que es una historia que ha caído prácticamente en el olvido (lo cual, en sí mismo, tiene parte de razón) y que una actualización podría quedar genial igual que quedó el original en su momento. Yo creo que por ahí van los tiros. En cualquier caso, ya te digo, pierde la gracia al no contar con un actor tan lleno de sorna como Alec Guinness para dar vida a los ocho personajes, que era la principal gracia.
Abrazos necesarios

CARPET_WALLY dijo...

Innecesaria a todas luces. Como muchos remakes.
Hace poco escuché un "Todopoderosos" a propósito de los remakes y comentaban que, en ocasiones, merecía mucho la pena hacerlos por incorporar novedades técnicas que permitían mejorar algunos aspectos visuales obsoletos (Ejemplo: King Kong), o por reformular una buena historia de partida aportando nuevos puntos de vista ("Luna nueva"-"Primera plana") o por acercarlo a una cultura o publico distinto del que tuvo el film original ("Los 7 magníficos - Los 7 samuráis).

Este último es el sentido que podría tener esta versión. Una película tan británica como "8 sentencias de muerte" de los años 40-50, sólo la conocemos los más interesados en el cine, pero la historia actualizada en mundos financieros, con personajes medianamente reconocibles para los nacidos en este siglo o finales del anterior, puede ser bastante aprovechable.

Otra cosa es que, como siempre, las comparaciones sean odiosas y a los que tenemos posibilidad de hacerlo porque adoramos la película de la Ealing, esta nueva producción nos parezca muy fallida, absurda y finalmente...inncesaria (por eso no la he visto).

Abrazos sin caracterizaciones

César Bardés dijo...

El problema en todo esto que dices de "Todopoderosos" es que no es muy comparable que la versión la dirija Wilder basándose en Hawks,que no John Patton Ford en una comedia "mítica" (al menos para los que hemos visto dos o tres películas) de la Ealing. Sí, es innecesaria. Entre otras cosas porque no tienes los mimbres imprescindibles para hacer otra película, que, al menos, sea digna. Glen Powell está muy lejos de parece un tipo con la mala leche que destilaba Dennis Price (para preparar esta película me vi "Ocho sentencias de muerte" que la tengo por aquí en físico y el tipo no para de tener una sonrisita de hostia y media mientras van pasando cosas a su alrededor, amén del festival interpretativo de Alec Guinness, que demostraba qué pedazo de actor era).
Sí, digamos que puede ser una versión más comprensible (el mundo victoriano a las nuevas generaciones les suena a chino mandarín) y más actualizada en ese mundo que tanto miran y se dejan influenciar como el de las altas finanzas y el pelotazo rápido.
Sí,realmente innecesaria. Más educación en cine del bueno y menos basura de tercera para hacer que todo esté masticadito.
Hoy lo tiro todo.
Abrazos testamentarios.