miércoles, 13 de julio de 2016

TAXI DRIVER (1976), de Martin Scorsese

Una bestia de color amarillo emerge de un mar de brumas. Es una especie de dragón que parece dispuesto a limpiar las calles de basura humana y de corrupción moral. Lo conduce Travis Bickle y sus ojos están cansados de no dormir. Quizá porque ya estuvo en una guerra y nadie se lo agradeció. Quizá porque la noche le engulle con sus enormes ojos brillantes de farolas encendidas y lo hunde en el silencio y en la mediocridad. Las razones importan poco. Lo que importa es que, sin apenas darse cuenta, la misma calle está fabricando a un psicópata que, en cualquier momento, alcanzará la catarsis en una explosión de violencia incontenible. Demasiados locos subidos en el taxi. Demasiadas degeneraciones de asiento trasero. Demasiado frío en una ciudad que se abre de piernas. Tal vez haya alguna pequeña luz rubia en algún sitio, en algún rincón que no haya sido tocado pero la luz se apagará abruptamente porque Travis, sencillamente, no tiene ni idea de tratar a la gente. Solo ve basura y empieza a comportarse tímidamente como basura. Las calles tienen que limpiarse. Solo hace falta un buen limpiador.
El espejo devuelve la imagen obsesiva de un tipo que solo quiere cerrar bocas y volar cabezas. “¿Me estás hablando a mí?”, clama una y otra vez. Entre otras cosas porque nadie ha reparado nunca en él. Puede que haya habido un par de charlas con otros colegas de profesión. Las imprescindibles. Pero Travis es un cero a la izquierda, un ser perfectamente sacrificable. Si él no estuviera solo su taxi le echaría de menos. Y eso es muy poco para cualquier ser humano. Incluso para un ser humano que está dejando de serlo como Travis Bickle.
La música parece que hunde sus garras en la razón para decirle a Travis que no cierre sus ojos. Puede que, incluso, le susurre al oído que no duerma porque si él duerme, la ciudad acabará con él, acabará diluyéndole en un mar de asfalto, de humedades, de semen recién derramado, de aguja con sangre en la punta, de pesadilla de cemento y nada, de corrupción de carne que no debería mancillarse. Sin embargo, también hay algo dentro de él que le dice que puede hacer algo útil solo que no sabe leer sus propios pensamientos. La noche sigue comiéndole poco a poco, sin pausa, sin prisa, con la paciencia puesta en los faros de su taxi, con la locura rondando y bajando el taxímetro.

Déjame en cualquier sitio, Travis. Y llévate una buena propina. Sigue conduciendo y no trates de ser un ejecutor que solo busca desahogar su rabia. Así solo habrá sangre a tu alrededor por mucho que los disparos lleguen a darte algo de paz. Dentro de algunos años, seguro que volverás a tener lleno el tarro de las obsesiones y alguien saldrá dañado. Y solo tendrás un par de recortes de periódico pegados en la pared, una televisión rota en el rincón, una desesperación que no sabrás dónde aparcar y la seguridad de que tú también eres basura. La calle no tiene piedad.  Y tú no eres más que un pretendido tipejo con complejo de inferioridad que un día quiso llamar la atención. Vuelve a la bruma. Vuelve al frío. Arrebújate en tu chaqueta de veterano. Y cambia de turno. Tal vez así puedas, por fin, cerrar los ojos.

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

Bueno, bueno, vaya semanita: Wilder, Marty, Spielberg muy probablemente al caer. Estás que lo tiras, Bardés. Suena a "me voy de vacaciones y os voy a dejar con buen sabor de boca". A fe que lo dejas, vive Dios.

Si "Some like it hot" es probablemente la peli que más he visto de Wilder, "Taxi driver" es la que más he visto de Scorsese, sin duda. Y mi favorita, por encima de otras. A mí, ya te he dicho muchas veces que me costó pillarle el tranquillo. "Taxi driver" me ganó desde el principio, con un De Niro pletórico en su época dorada, con ese taxi fantasma surgiendo de las brumas y la penumbra arropado por un icónico saxo cortesía de Bernard Hermann. Hay muchas cosas que decir de está película pero tú las has condensado muy bien en estas líneas. Se te da especialmente bien el Cejas (recuerda, siempre nos quedará Shutter Island). Habría también que recordar que "Taxi driver" es el germen de "Bringing out the dead" (me niego a emplear el título castellano), una película que tú y yo creemos recibió mucha más cera de la que debía. Muchas veces he pensado qué hubiese sido de esta película del 98 de haberse rodado unos añitos más tarde, tras la paranoia post 11- S. Seguro que hubiese sido una cosa muy distinta, quién sabe si una obra maestra. Quién sabe si Leo hubiese ganado su primer Oscar haciendo de ambulanciero.

Ahí lo dejo

Abrazos amarillos

César Bardés dijo...

Vamos a ver si continúo con la racha el viernes. Espero que sí.
Quizá con Scorsese tengo muchas cosas en común con esos temas de redención y de catarsis que tanto siembra en sus películas. "Taxi Driver" es una película que ya pillé tarde y en vídeo cuando los vídeos ya se hicieron domésticos. Estamos hablando de 16 o 17 años (la película fue rigurosamente prohibida a menores de 18 años y por aquel entonces los acomodadores eran los vigilantes. En cualquier caso, me impactó muchísimo y me pareció una obra mestra impresionante y comprendí todo lo que aportaba un actor en estado de gracia como Robert de Niro.
Tienes cierta razón en decir que "Taxi Driver" es el germen de "Al límite" (pongámoslo así para que los profanos sepan de cuál hablamos) y que recibió mucha más cera de la que debía. Es cierto que Nicolas Cage quizá se quede empequeñecido ante el recuerdo de Bobby y de la posibilidad de que en los 2000 Leo hubiese asumido ese papel de "ambulanciero" pero aún así es una película muy, muy estimable. Y también tienes razón al pensar en lo que hubiera sido esta película si se hubiese hecho después del 11-S.
Abrazos con el dedo en la sien.