miércoles, 26 de octubre de 2016

DELITOS Y FALTAS (1989), de Woody Allen

La moral es siempre una compañera incómoda. Más que nada por sus propiedades de maleabilidad y de elasticidad. Puede que un hombre haya cometido un delito imperdonable, sangriento, oscuro, absolutamente reprochable y su moral quede adormecida cuando, después del hecho, se da cuenta de que nada cambia, de que sigue teniendo la misma vida fácil y cómoda que tenía antes, de que el dinero sigue llegando a espuertas, de que su familia sigue a su alrededor ignorante a todo. Puede que un hombre haya cometido una simple falta, algo fácilmente perdonable, y sin embargo, la moral le castiga todos los días con el remordimiento y la ronda del fracaso. Su vida cambia porque se marcha irremisiblemente por el agujero, su familia acabará huyéndole ignorante a todo, su trabajo escaseará porque además ya no tendrá el mismo saber, su mirada se volverá más amarga porque es incapaz de sacarse de la cabeza esa nimiedad que, en el fondo, no hace más que atormentarle. La dualidad del hombre puesta de manifiesto en una sola historia. Lo demás solo son rutinas humanas.
Y es que el hombre que se ve empujado a cometer el delito, está siendo atormentado por las iras de una mujer sin salida, al borde del histerismo, que amenaza, una y otra vez, con quebrar su estabilidad familiar porque piensa que también tiene derecho a una estabilidad propia. Pero eso no es ninguna justificación porque los errores, tarde o temprano, se pagan. Y se comienza a tener miedo. Y el miedo es la peor defensa porque nos lleva a la solución más inmediata y expeditiva. Quizá la más horrible de todas.
El hombre que cometió la falta solo dejó escapar el que pudo ser el amor de su vida porque tal vez no estaba bien que diera un paso adelante estando casado con otra. Allí había complicidad, había mucha verdad, había auténticos momentos de placer que ya se han evadido de su vida matrimonial. Y además lo dejó pasar para que acabara en la mayor de las derrotas. En un nuevo triunfo del triunfador de siempre. Moral, maldita moral, acabada moral. Hoy quizá sea un buen día para sentarse con otro tipo y contrastar opiniones.

Woody Allen consiguió hacer una obra maestra de un cuento sobre la moral que descubre las debilidades del ser humano y en cómo puede llegar a emplear equivocadamente sus fortalezas. Porque Allen, a pesar de su ateísmo y de su descreimiento general, cree que la ética tiene que existir porque, sin eso, no se puede vivir. Sin eso, no somos más que animales que no tienen prejuicios, que no tienen educación, que no tienen honestidad. Y no es fácil tratar de ser humano. Nunca sale gratis. Siempre hay que hacer concesiones a los caprichos del destino o, incluso, a la capacidad de asumir nuestros propios errores que siempre es, ha sido y será muy limitada. Allen sabio. Allen grande.

6 comentarios:

dexter zgz dijo...

El calificativo de "obra maestra" se le queda corta a esta obra maestra. No sabría decirte cuál es mi película favorita de Woody Allen, creo que depende de los días, pero te puedo decir que muchos días le toca ser a ésta.

Y yo creo que más que otra vuelta de tuerca a Dostoievsk, la misma que volverá a dar en tu veneradísima "Match point", "Delitos y faltas" saca a relucir uno de los temas allenianos por excelencia como es la duda. Más allá de sus crímenes sin castigo, Allen plantea también el tema de la duda en sus tragedias amorosas como en "Hannah y sus hermanas" con Caine dudando, en "Manhattan" con Isaac dudando o en "Annie Hall" con Annie... dudando una vez más. Lo vemos incluso en sus humoradas con ese Woody o con cualquiera de sus alter egos balbuciendo y dudando. Es una gozada de película que nos presenta al Allen más auténtico, al más serio, sin renunciar al humor y a la ironía (porque eso de "Salté por la ventana" me parece una de las notas de suicidio más lucidas que se puedan pensar).

Abrazos ciegos

César Bardés dijo...

Tienes razón. Ya sabes que yo soy muy de "Manhattan" y dependiendo de los días te puedes inclinar por ésta o por aquella. Yo sigo diciendo que "Match Point" tiene muy poco de Dostoievsky mucho de Dreiser pero es posible que esté equivocado. Cierto es que la duda en el ser humano es uno de los temas preferidos de Allen pero también asume que es algo inherente a su esencia. Si el hombre no duda, probablemente, no existe. Y, desde luego, "Delitos y faltas" combina a la perfección melodrama, humor, ironía, Hitchcock y cine, mucho cine. No es fácil dar a luz una película así. Es más, creo que el Allen actual no sería muy capaz de hacer de nuevo una obra de estas características.
Abrazos desde el teléfono.

dexter zgz dijo...

Fe de ratas: "Salí por la ventana" era, lo otro no tenía mucho sentido, claro.

Y qué grande es Anjelica, por Dios. Una de las cosas que no le perdono a Allen es que en "Misterioso asesinato en Manhattan" la sacase tan poquito (a ella y a Alan Alda).

Yo creo que más que no ser capaz de hacer una película así a estas alturas, es que ya ni se lo plantea. Para muchos, el último Allen, incluido el de "Midgnight in Paris", es un Allen de perfil bajo, incluso él mismo reconoce que ya sólo le interesa hacer películas así. Pero, oye, ya quisieran Joe Wright o Arofnoski tener un perfil bajo como ése.

Abrazos acodado en la barra

César Bardés dijo...

Sí, sí, en eso estoy de acuerdo. Incluso veo en "Café Society" a un gran cineasta, muy por encima de esta generación de "preparados" (estoy esperando que venga algún crítico listillo a bautizarla de alguna manera). Y es verdad que no es el Allen lleno de fuerza y sentido, lo cual me confirma en esa idea de cansancio que invadió a algunos grandísimos cineastas al final de su carrera y que, al no estar sobre el terreno, no llegué a comprender demasiado bien. Y ahora Allen es el ejemplo perfecto de eso. Aún puede hacer obras maestras como "Midnight in Paris" pero, como bien dices, ya no creo ni que sea su objetivo.
Abrazos morales.

CARPET_WALLY dijo...

Gran película sin duda, mu sumo a vuestros parabienes para una de las obras cumbres. Y no sé si Dostoievski pero lo que si hay es mucho Kant en Allen y esta película. tal y como señala el lobo en el post se nota mucho. Puesto que como dices independientemente del ateísmo de Woody, él impone que debe existir una ética inherente al ser humano y en eso no difiere del filósofo.
Su ley de universalidad impone que para que una acción sea permisible debe poder aplicarse a todas las personas sin resultar contradictorio. Y el imperativo categórico actua sobre todas as personas sin importar sus intereses o deseos.
Esa es la raíz de la mala conciencia de Martín Landau (inmenso en esta película), incapaz aun recuperando su vida de obviar algo que le convierte en eterno culpable.
A mi me encanta ese momento en que la trágica historia se une con la comedia, ese momento en que, sentados, Martin le cuenta su cuento a un Woody que hasta ese momento nos ha hecho reir o sonreir a conciencia. Magistral.

Y si, ya no hace películas así y, a pesar de ello, domina los resortes que a otros les suponen desafíos aplaudidos por los memos de turno.

Abrazos éticos

César Bardés dijo...

Ni tampoco de Bergman que también creía que la bondad debía ser un camino a seguir, no porque lo manda Dios, sino porque tiene que ser una cualidad de la condición humana. Es algo que distingue a los grandes y lo digo sin ningún tipo de acritud. Se puede comulgar con valores que propugnan instituciones o ideologías que han caído bajo el yugo de la modernidad por las personas que los representan o por simple cuestión de creencia sin avergonzarse de ello. Y eso les sitúa un escalón por encima del resto de los mortales. Lo tengo más que comprobado.
Por otro lado...a veces (no muchas) me gustaría un poco ser el típico crítico gilipollas que coge algo que le gusta a todo el mundo y, por el mero hecho de llamar la atención, va contracorriente. Allen es aceptado y querido por una inmensa mayoría de los que de verdad nos gusta el cine...hemos llegado a un punto de tanta tontería que si yo, o cualquiera, con un mínimo de voz empezara a decir que Allen es una mierda pinchada en un palo, seguro que comienza a ser más leído que "La chica del tren". Otra cosa que tengo más que comprobada. Afortunadamente, tengo hechuras bien punteadas y no caigo en la tentación.
Abrazos delictivos.