jueves, 6 de octubre de 2016

VIENTOS DE LA HABANA (2016), de Félix Viscarret

Las casas viejas de La Habana parecen gritar su vejez a través de sus grietas. Las calles son campos de vientos abandonado, como un cansancio infinitas veces repetido. Las noches huyen en busca de algún rincón donde esconderse mientras en algún lugar, un asesinato ocurre y un hombre encuentra. A partir de ahí, La Habana despierta con su humo desinfectante, su polución diferida durante cincuenta años y sus colores rotos.
No cabe duda de que el hombre halla sus ganas de contar historias cuando algo parecido al amor se hace sitio a empujones en un futuro sin ilusión. Las investigaciones avanzan y la podredumbre ya alcanza a todos, de arriba abajo, dejando que la droga entre donde nunca debe y las almas yazcan en rincones de deseo y olvido. Los patios húmedos donde se tiende la ropa, las azoteas que parecen abrir sus bocas hacia el cielo secreto, las calles desadoquinadas y en trance de campo, todo hace recordar cuánto fracaso anida en los corazones sin esperanza, cuánta decepción hay en la revolución y La Habana deja entrar el viento de Cuaresma, que trae violencia y pasión y también un paso más hacia el abismo que se siente al borde de la nada.
El Inspector Conde está hecho de carne y hueso y nos conduce con su mirada hacia la ternura, hacia la necesidad, hacia la dureza, hacia la amenaza y hacia la amistad. Tal vez porque solo le queda todo eso. Ya no espera realizar sus sueños porque se perdieron entre el alcohol y los desengaños. Ya no tiene demasiados horizontes hacia los que dirigir sus ojos. Quiere amar y encuentra sangre. Quiere vivir y encuentra corrupción. Quiere contar y encuentra pobreza. La Habana ha decaído tanto que ya no puede frenar su viaje a los infiernos.

Buena adaptación de la novela de Leonardo Padura Vientos de Cuaresma, con un Jorge Perugorría muy inspirado, capaz de transmitir todo un muestrario de sensaciones contenidas con su expresión y su forma de mirar. Félix Viscarret dirige con sobriedad y buen estilo, con un aroma a cine clásico en ruinas que resulta todo un acierto. El ambiente manda y los antiguos coches que pululan por las calles de La Habana soltando su expiración de humo y ruido proporcionan sabor y verdad. Y, en algunos momentos, creemos sentir ese cansancio que parece inscrito en esas paredes de colores chillones que ahora son tenues lienzos de tiempo y agua. La vida es sucia en sus calles y la certeza del aire viciado se vuelca hacia un mar que hace que la ciudad sea un personaje más. Incluso en las construcciones que quisieron ser modernas se posó la antigüedad con sus alas de buitre. Y hay que resolver un crimen que sale de entre sus grietas negras que se dibujan sobre las paredes como las venas se notan bajo la piel. La piel suave entregada por nostalgia. La piel deseable agarrada por la mentira. Y el asesinato no deja de golpear en la obligación y en el cariño hacia una época en la que se fue joven mucho antes de ser, de repente, un viejo que deambula buscando respuestas que nunca serán pronunciadas sin la libertad. Los papeles vuelan y La Habana se siembra de letras que se escribieron con tinta de pasión, con energía de enamorado, con lágrimas de sexo derramado. Lluvia blanca que no dejará más rastro que un montón de huellas en un asesinato cualquiera de una gran ciudad.

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

Pues no sé, hay algo que me da pereza en todo esto. Y el caso es que todos los ingredientes del plato me gustan. Me gusta la novela y por supuesto el cine negro, La Habana me apasionó cuando la visité. Me gusta Leonardo Padura, tanto como novelista ("El hombre que amaba los perros" me parece una lectura imprescindible) como en su faceta de autor de guiones ("Regreso a Itaca" de Cantet es bastante apreciable, aunque algo más farrogosos los relatos de "7 días en la Habana"). Pero visto el trailer recientemente en cines, no sé. Igualmente me tira para atrás la presencia de Perrugorría, un actor que me cansa un poco.

Abrazos desde el Malecón

César Bardés dijo...

Pues no soy ningún fan de Perugorría pero está sorprendentemente relajado y amargo en el papel del Inspector Conde. La película no es "El sueño eterno" pero está bien, trabajada, bastante sólida y muy crítica con la realidad social cubana ("Una Habana que, de tanto decaer, se fue a la mierda"). Tiene su punto lírico y Perugorría sabe darle profundidad a ese personaje desencantado y decepcionado de todo. Ya te digo, ha sido una de esas gratas sorpresas que, de vez en cuando, te da el cine. Lo del monstruo de Bayona ya me da más miedo.
Abrazos con ron.