viernes, 26 de mayo de 2017

PURA FORMALIDAD (1994), de Giuseppe Tornatore

Las paredes desconchadas y de un sospechoso color verde parecen la lóbrega anticipación de la muerte. Perdido en la oscuridad del bosque solo existe el recuerdo de un revólver escupiendo su lenguaje de fuego. Alguien ha matado a alguien y no se sabe muy bien quién es la víctima y quién el ejecutor. Para eso está la policía, para hacer un interrogatorio exhaustivo y descubrir la verdad que se esconde en lo más profundo del alma más atormentada porque… ¿qué alma hay más atormentada que la de un asesino? Las horas pasan con lentitud y las puertas no se abren. Tal vez la comisaría, tan aislada como un árbol sin compañía, sea el contorno del mismo mundo y más allá de sus puertas solo exista el abismo y el desconsuelo. La inspiración hace ya tiempo que huyó en la noche y Onoff, el escritor, ha llegado ya al final buscando un nuevo principio. Más o menos lo que hacen todos los escritores. La admiración es moneda de cambio y el nudo kafkiano engorda a cada minuto mientras el agua fría de la lluvia insistente ha calado en los huesos de la desesperación. No hay salida. Solo queda enfrentarse a la verdad. La única verdad.
Onoff no recuerda nada de lo reciente. Parece que, como una frase mal escrita de cualquiera de sus obras, ha pasado por encima tachando y dejando huellas de torpeza para que el recuerdo sea algo apenas intuido, apenas comprendido. Las sospechas no tardan en aparecer porque el arma estaba ahí y no hay demasiadas explicaciones que puedan aclarar ese disparo en medio de la nada, en ese territorio difuso entre ninguna parte y la última realidad. Una canción flota por la estancia, como llamando al regreso a la cordura pero es inútil. Leonardo da Vinci expande su arte y las letras imaginadas vuelan hacia las estrellas, como mensajes de socorro en una larga, larga noche del alma torturada.

Claustrofóbica y agobiante, Giuseppe Tornatore puso a Gerard Depardieu y a Roman Polanski frente a frente en un intento de esclarecimiento de hechos que debe quedar para la eternidad como juez. Y la inteligencia fluye por los diálogos, se detiene en los rincones verdes y blancos de una comisaría demasiado antigua, demasiado mojada, demasiado fría. El miedo a revelar la auténtica verdad de las palabras nunca escritas se torna esperanza en un día sin luz. Raras evidencias de un crimen que, tal vez, sea común a todos. Extrañas sinceridades que han sido esquivas durante toda nuestra vida y que, tarde o temprano, tendremos que afrontar. Al fin y al cabo, señor Onoff, esto no es más que una pura formalidad.

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

A Tornatore siempre se le recuerda por ser el autor de "Cinema paradiso", una película que en verdad es muy especial para el cinéfilo. "Pura formalidad" es también muy especial tal vez por otras razones. Yo creo que son las dos cumbres del italiano, por mucho que "La mejor oferta" sea un título a reivindicar. Lo cierto es que un autor bastante irregular y tiene algún que otro pestiño (la última con Irons y la Kurylenko era de juzgado de guardia).

Por lo demás una película que me gusta mucho, con un duelo interpretativo interesante (Polanski delante de la cámara no es tan malo como algunos dicen) y un final realmente impresionante, digno de M Night Shyalaman (¿o he dicho alguna burrada?)

Abrazos bajo la lluvia

César Bardés dijo...

Es absolutamente cierto que es un director extremadamente irregular. Le he seguido siempre con cierto interés y es capaz de hacer una película para recordar y que la siguiente sea una auténtica decepción. Me pasó cuando le descubrí con "Cinema Paradiso" y, acto seguido, hizo aquel bodrio titulado "El hombre de las estrellas", que volvía sobre el tema del cine pero absolutamente desenfocado. "Baaría" es una película también muy irregular en sí misma, pero tiene "Malena" que, al fin y al cabo, es otra película que sigue esa misma estela y que me parece muy apreciable. "La mejor oferta" merece, sin llegar a ser una obra maestra, y acto seguido hace la de Irons que es horror puro. Sin embargo, "Pura formalidad" es un islote en su filmografía. Algo absolutamente atípico, inclasificable y original sobre lo que no ha vuelto a insistir. Con interpretaciones muy buenas tanto de Depardieu como de Polanski y en la que nada, aunque lo pueda parecer, es casual. No, no es ninguna tontería decir que es digno de Shyamalan, casi, casi, se podría decir que, en realidad, es un antecedente suyo.
Abrazos con leche.