miércoles, 7 de marzo de 2018

ENEMIGO PÚBLICO (1998), de Tony Scott

Ten cuidado. Te observan. Hay medios más que suficientes. No levantes la cabeza en la calle. Serás identificado vía satélite. No llames por teléfono. Hay trucos secretos para localizar la llamada. La tecnología ha traído este precio. Si tienes algo que el Estado quiere, no lo podrás esconder mientras haya algo electrónico a menos de dos metros. Corre, don nadie, corre. Eres inocente, lo sabemos. Pero eso es lo que hay que pagar si quieres vivir en una democracia que se preocupa de sus ciudadanos.
En todo sistema, hay elementos que se salen para desgastarlo desde fuera. Son renegados que, en determinado momento, no acaban de ver que haya nada demasiado dentro de la ética como para espiar a sus conciudadanos. Así se arrancan de cuajo todos los peligros, pero también se vulneran con premeditación y alevosía las libertades. Duda interesante. ¿Qué va antes? ¿La libertad o la seguridad? Respondan ustedes y sonrían a la cámara.
No habrá nada en nuestras vidas que no se pueda investigar. Basta con darle a la tecla adecuada y saldrá toda una relación de nuestros éxitos, nuestros fracasos, nuestros olvidos y nuestros proyectos. Se sabrá hasta el mínimo detalle de nuestra felicidad. ¿El matrimonio? Bien. ¿Los hijos? Estupendos, aunque alguno ha tonteado con maría. ¿El trabajo? De fábula. Soy técnico superior en desarrollo y expansión de semillas de girasol. Ya. O sea…tienes un puesto de pipas. ¿Tuviste amantes? Sí, una, pero todo acabó. Mi familia ante todo. Eso es lo que tú te crees. Antes que nada está la maquinaria del Estado. Esa misma que te protege, que te permite apagar la luz por las noches y dormir a pierna suelta a pesar de que hay mil y un peligros acechando en la oscuridad. Él te exigirá, te vigilará, te exprimirá y, si es necesario, te eliminará. Para el Estado no eres nada, no eres nadie, solo un nombre de una interminable lista de la que se puede desaparecer en cuanto seas un riesgo. ¿Por qué? Quizá porque posees un juguete que tiene algo interesante dentro. Otro aparatito tecnológico para mi retoño. No importa, llegarán a verte, a oírte y a adivinar tus pensamientos, te guste o no. Solo así podrán tener a todo el mundo controlado.

Excelente película de Tony Scott con un Gene Hackman que recuerda mucho al Harry Caul de La conversación, veinticinco años después. Solo en su rostro se puede reflejar la angustia de espiar a todos con la facilidad con la que se chasquea un dedo. Aquí hay menos traumas, más acción, menos contemplación, más realidad que otras películas que tratan el mismo tema. Estamos todos vendidos. Y preferimos vivir sin prestar demasiada atención a nada…tal vez porque sabemos que algunos individuos viven prestando toda su atención a todo.

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

Asusta pensar que hayan pasado ya 20 años del estreno de esta película. Que en aquel entonces no había ni whatsaps ni facebocks, los móviles eran casi objetos de lujo y las redes sociales estaban en mantillas prácticamente. Si hace 20 años estábamos así de controlados, cómo estaremos ahora.

Es una estupenda película del siempre cuestionado Tony Scott. Muy, muy entretenida, que es el mejor piropo que se le puede poner a una película de acción. Pero es que aparte te hace pensar. Y tiene un ritmo trepidante que no te da respiro.

Y luego está Gene, claro.

Abrazos corriendo

César Bardés dijo...

Pues sí, asusta pensarlo.
Y sí, es una estupenda película de acción, que no te deja un minuto de respiro y cuyo tema es apasionante, por eso, quizá, capta aún más que cualquier producto de acción medio.
Hubo un crítico (no yo) que dijo una vez que "Tony Scott es el hermano más listo de Ridley". Es verdad, puede que Tony no hiciera ninguna "obra maestra" pero, quizá, cuando se ponía a hacer lo que se llama "cine comercial" estuviera por encima de Ridley.
Lo de Gene es monstruoso. Qué pedazo de actor.
Abrazos con señal.