La sombra de un padre,
en algunas ocasiones, es demasiado alargada. Puede que haya sido un héroe de
guerra y que su vida sea la entrega a su país. Todo ello bajo una disciplina
férrea, que se ha convertido, prácticamente, en una forma de vida que ha trasladado
a su propia familia. Los hijos crecen mirando a esa figura imponente que luce
unos orgullosos galones de sargento de las fuerzas aéreas en la bocamanga. Los
hijos puede que quieran parecerse a él, puede que quieran que él se sienta
orgulloso de ellos, puede que todo eso lo intenten conseguir sin renunciar a su
propia personalidad. No sería difícil de imaginar teniendo en cuenta la
personalidad del propio modelo. En cualquier caso, Bull Meechum dice las cosas
claras, en las menores palabras posibles. Así es imposible que no le entiendan
y no sólo eso. Tal vez, sus hijos, si son inteligentes, sabrán lo que piensa el
padre sin despegar una pestaña. Puede que ahí resida el don del coraje.
Sin embargo, la
película se esfuerza en no conceder ninguna condecoración al Sargento Meechan.
Puede que nadie quiera imponérsela, pero los hijos están llegando ya a unas
edades en las que hoy es blanco, mañana negro y al siguiente lo quema. Ben
Meechan, el mayor de sus hijos, quiere abrirse paso en el deporte. Concretamente,
en el baloncesto. Puede que ahí, en esa parte de la cancha, se sienta un
general. Y que no acepta que cualquier otro le dé instrucciones, u órdenes, o
lo que sea que le llegue. Tiene su propia personalidad. E, incluso, es capaz de
sobreponerse a las estúpidas convenciones raciales de Carolina del Sur y tener
un amigo negro. ¿Qué hay de malo en ello¿ En esencia, nada, sólo que Bull
Meechan sabe que esto puede perjudicar la carrera de cualquier oficial. Y su
sueño es que Ben regrese enseguida a casa para que el año que viene ingrese en
la academia miliar. ¿Quién sabe? Puede que tenga un teniente en casa dentro de
unos pocos años. Bull Meechan no es un racista en esencia, no tiene nada en
contra de los negros. Sólo sabe que no ejercen buena influencia, ni levantan
comentarios elogiosos dentro del ejército. El hijo, por otro lado, cree que su
padre podría cambiar eso. Pero no lo va a hacer. Quiere demasiado al ejército
como para arremeter contra él. Así que quizá el mejor camino sea el de la
canasta en una cancha de baloncesto.
Robert Duvall realiza una interpretación prodigiosa en esta película, rellenando todos los huecos de su personaje sobre la marcha. Es un hombre de enormes carencias, pero iiremediablemente valiente. Dedicado a vender su alma si fuera necesario. Lo que sea por mantener el honor del uniforme. Y más aún por el apellido Meechan. Es el don del coraje, ese don que se tiene o no se tiene. Y echando un vistazo al Sargento Bull Meechan es evidente que él lo tiene de serie. Sin más. Y lo utiliza en todos y cada uno de los aspectos de su vida. Aunque esté equivocado en unos cuantos. Al fin y al cabo, eso nos pasa a todos. Lo que no tenemos todos es esa perseverancia, ese pundonor, esa forma de decir que no hay rendición posible.

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