martes, 12 de mayo de 2015

MARTIN SCORSESE: LA REDENCIÓN Y LA CATARSIS

El debate marítimo que se sostuvo con pasión en "La gran evasión" acerca de "Master and Commander", de Peter Weir podéis escucharlo, si os apetece, aquí.

 Martin Scorsese ha sido uno de los cineastas más fundamentales de los últimos cuarenta años. Su influencia ha sido tan decisiva que su estilo ha sido imitado hasta la saciedad y, lo que es aún mejor, ha servido de indiscutible inspiración a otros cineastas con identidad propia como podría ser el caso de Quentin Tarantino. Esto puede parecer una simpleza pero no lo es en absoluto habida cuenta de que no estamos hablando de dos hombres de cine cualquiera, sino de dos pesos pesados que han establecido nuevas reglas y nuevas miradas.
Pedro Almodóvar dice que lo que destacaría de Scorsese es su “inquietud crónica” y que, en cierta ocasión, se entrevistó con él y con uno de sus guionistas habituales, Paul Schrader y que era “divertidamente patético ver a los dos parar de hablar cada cinco o seis palabras para aspirar aire a través de una mascarilla de oxígeno porque ambos son asmáticos”.
Malas calles fue su primera llamada de atención aunque aún no había encontrado ese ajuste de tuerca que sería, después, su seña de identidad. Es una película que ha obtenido un cierto prestigio en determinadas tertulias pero que refleja que aún no sabe dar un acabado formal sólido a pesar de tener algunos diálogos brillantes y de aparecer unos primeros chispazos de talento a la hora de dirigir a un actor como Robert de Niro.
El auténtico éxito de Scorsese vino con Taxi Driver, una bofetada (o, más bien, un disparo en la cabeza) a la sociedad norteamericana a través de ese personaje ya mítico llamado Travis Bickle y que,  afectado de insomnio, acepta trabajar en el turno de noche de una compañía de taxis. Su visión del mundo es tan oscura y obtusa como la noche en la que trabaja buscando clientela. Por su taxi pasan los personajes más variados mientras él, mirando a través del cristal de su parabrisas, va trastornándose porque no aguanta y no entiende la corrupción y la degeneración callejera, desarrollando patologías mentales muy peligrosas. La catarsis, un tema recurrente en su cine, llega mediante una terrible explosión de violencia, vomitona desbocada del asco que siente. La película es una obra maestra gracias al enorme y degradado retrato de la ciudad de Nueva York mezclado con la histórica actuación de un Robert de Niro absolutamente genial y acompañado de la sugerente y expresiva banda sonora que pasa por ser el último trabajo del genial Bernard Herrman.
Deseoso de mostrar su versatilidad, Scorsese se embarca en New York, New York, un homenaje al musical y a los músicos de jazz y a la ciudad que merece ser nombrada dos veces desde una óptica bien distinta a su anterior película con una mirada a los años cuarenta y cincuenta. Scorsese logra una fantástica ambientación y la película ha pasado a la historia por ese número final a cargo de una pletórica y deslumbrante Liza Minnelli pero no deja de ser una decepción en la carrera del director italoamericano. Un paso atrás que hundió a Scorsese hasta que de Niro insistió en que dirigiera su siguiente película.
En 1980 arriesgó mucho al rodar en blanco y negro la biografía del campeón mundial de los pesos medios Jake La Motta en Toro salvaje. Recientemente, esta película fue elegida como la mejor de los últimos veinticinco años del siglo XX. Con aroma de cine clásico, la cinta es hipnotizante desde su primer plano tomado a cámara superlenta desde uno de los lados del cuadrilátero en el que vemos a La Motta calentando para un combate con el albornoz puesto bajo un cargado ambiente de humo al compás de los impagables sones de Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni. El camino hacia la catarsis y la redención de este curioso personaje pasa por el tongo, los celos desmedidos, una pelea con su hermano, la pérdida del título mundial a manos de su eterno rival Sugar Ray Robinson, una carrera de humorista, la obesidad enfermiza, el divorcio, la pérdida del night-club de su propiedad, el ingreso en la cárcel acusado de estupro, su inicio desde cero…Magistral de principio a fin, la película supuso un merecidísimo Oscar a Robert de Niro y otro a la montadora Thelma Schoonmaker, colaboradora habitual del director.
Su siguiente película fue un rotundo fracaso a pesar de que tenía todos los ingredientes necesarios para ser un éxito. El rey de la comedia narra los avatares de Rupert Pumpkin (un sensacional Robert de Niro, una vez más), un hombre que quiere ser humorista a cualquier precio hasta tal punto que decide secuestrar al cómico de mayor éxito del mundo (un inusualmente serio Jerry Lewis) con la ayuda de unos personajes tan marginales como un mal chiste. La película combina momentos realmente brillantes con otros en los que se estanca peligrosamente, flojeando hasta la debilidad. La crítica dejó bien claro que no se lo iba a poner fácil a Scorsese a pesar del éxito de Toro salvaje.
Scorsese vuelve al terreno seguro y acepta el encargo de rodar la segunda parte de la maravillosa El buscavidas retomando el fascinante personaje de Eddie Felson “El Rápido” veinte años después contando para ello con el gran Paul Newman y con la sombra de Tom Cruise interpretando al típico joven deseoso de éxito y compulsivo hasta la médula, pálido reflejo de lo que fue Eddie Felson en su día. El aspecto visual de la película es impecable, con planos de una espectacularidad deslumbrante pero, lo más importante, es que Martin Scorsese consiguió con esta película que Newman, por méritos propios, se alzara con un Oscar indiscutible.
A continuación, Scorsese se embarca en el proyecto más polémico de toda su carrera. La última tentación de Cristo es una visión de la historia de Jesús (Willem Dafoe) constantemente tentado por el Diablo que, lejos de ofender a nadie, levantó ampollas en los círculos más fundamentalistas del catolicismo que, con las más diversas manifestaciones de protesta contra la película, le proporcionaron una impagable propaganda que redundaron en un beneficio muy tangible para la taquilla. La película, basada en el libro de Nikos Kazantzakis, solo establece la posibilidad de que Cristo, en la misma cruz, fuera tentado para dejar de sufrir renunciando a su lado divino a favor de su vertiente humana y viviendo una vida relativamente normal que incluía la cohabitación en matrimonio con María Magdalena y llegando a tener descendencia. Tan solo una simple tentación que Jesús rechaza para cumplir con su destino de Hijo de Dios. Probablemente, hoy la pretendida polémica estaría trasnochada pero el argumento no deja de ser apasionante ayudado por una magnética interpretación de Harvey Keitel en el papel de Judas Iscariote y a una fascinante factura visual que llevó a Scorsese a una nueva nominación al Oscar.
Otra apuesta arriesgada fue Jo, qué noche, basada en el guión de un estudiante de la Escuela de Cine de Nueva York en el que se relata la odisea de un moderno Ulises navegando por la madrugada neoyorquina. Más que por la interpretación, hay que descubrirse ante el poderío visual de una película independiente, rodada con muy poco presupuesto, sin estrellas, pero que fascina a cada fotograma y que, en sus dos primeros tercios, es absolutamente brillante y certera con el retrato de la más variada fauna que puebla la noche de la ciudad de los rascacielos.
Después de dirigir el episodio Apuntes del natural, el mejor de los tres que componían la muy mediocre Historias de Nueva York, Scorsese consigue otra obra maestra con Uno de los nuestros, la vida de un hombre que siempre soñó con convertirse en gángster y que salva su pellejo tirando por la calle de en medio. La película cuenta con una interesantísima estructura narrativa, uno de los puntos fuertes en los que se ha apoyado el mejor Scorsese y cuenta con una impresionante interpretación de Joe Pesci en el papel de un matón violento y sanguinario con un sentido del humor fuera de lo común y extremadamente cariñoso con su madre además de las maravillosas actuaciones de Robert de Niro, Ray Liotta, Lorraine Bracco y Paul Sorvino. Uno de los nuestros no deja de ser en ningún momento un apasionante retrato del mundo del hampa en sus estratos más bajos desde los años cincuenta a nuestros días.
Sorprendentemente, cambia de registro con su siguiente película, La edad de la inocencia. A primera vista no sería la elección lógica como director para trasladar al cine el espíritu de Edith Wharton dentro de una trama decimonónica ambientada en una alta sociedad tan hipócrita como cerrada (¿algo así como la Mafia?) en la que existen unas reglas estrictas de conducta ancladas en un conservadurismo demasiado reacio a los cambios, a la excepción y, por supuesto, al amor más apasionado. La película roza la obra maestra, con unos estupendos títulos de crédito de Saul Bass, una memorable banda sonora de Elmer Bernstein, una exquisita actuación de Daniel Day-Lewis (rabiosamente contenido ante el asco que siente al formar parte de la gran farsa que impone la moral más estúpida) y la encantadora elegancia de Michelle Pfeiffer. Pero por encima de todo destaca la enorme fuerza que imprime Martin Scorsese a la película, convirtiéndola prácticamente, en una historia de gángsters sin sangre, contada con encaje y té en lugar de disparos además de un hermoso relato sobre un amor que nunca fue posible.
Por aquella época, desde algunos sectores de la prensa se empezó a acusar a Martin Scorsese de ser un director muy poco comercial. Cansado de estas acusaciones, se decidió a hacer la película más descaradamente comercial que pudiera. El resultado es El cabo del miedo, cinta muy irregular y muy inferior a su predecesora El cabo del terror, de Jack Lee Thompson. Como homenaje a esa primera versión, Scorsese respetó íntegra la banda sonora de Bernard Herrman, colocó unos inquietantes títulos de crédito de Saul Bass e incluyó en pequeños papeles a los protagonistas de la primera Gregory Peck (cuyo rol revisó Nick Nolte) y Robert Mitchum (mucho, mucho más amenazador e inquietante que el desacertado, desorientado y pasado de revoluciones Robert de Niro).
El éxito moderado de El cabo del miedo, le permitió afrontar Casino, un auténtico fresco sobre la Mafia en Las Vegas. Lo cierto es que la primera hora de Casino contiene, quizás, los momentos más brillantes de toda la carrera de Martin Scorsese aunque muchos vieron en ella una repetición del esquema trazado en Uno de los nuestros con la introducción de varias voces en off contando distintas partes de la historia bajo su punto de vista. Sin embargo, cuando la cámara sale al exterior, la trama pierde fuerza pero, esa primera parte, en la que se descubre el tremendo personaje que compone Robert de Niro además de los trucos, entramados y engranajes del funcionamiento del casino que dirige, no solo es poderosa e impecable en su vertiente argumental, sino también en su extraordinario acabado visual con imágenes de pura fascinación.
Extrañamente, realiza un giro inoportuno e inesperado hacia el budismo de Kundun, una película totalmente fallida, anodina, sin fuerza ninguna que, tal vez, trata de aprovechar la brecha abierta un poco antes por Bernardo Bertolucci con El pequeño Buda. Ambas resultaron un fracaso comercial y artístico para los dos directores.
Al límite es un camino de redención, directamente emparentado con Taxi Driver, a través de un enfermero y conductor de ambulancias perseguido implacablemente por su conciencia. Pero si a Travis Bickle la catarsis le sobreviene recurriendo a la violencia desbocada, el protagonista de ésta película encuentra la paz mediante la voluntaria y piadosa aplicación de una eutanasia. Película incomprendida y maldita dentro de la filmografía de Martin Scorsese que merece una revisión más profunda.
Los sucesivos desastres de Kundun y Al límite le mantuvieron alejado durante algunos años del cine, entre otras cosas, porque se divorció de su productora habitual, Barbara de Fina, que desde ese momento no quiso financiarle ni un metro más de película y tuvo que buscarse a otro productor que quisiera invertir en un proyecto que llevaba acariciando durante más de veinticinco años con el título de Gangs of New York.
Harvey Weinstein fue quien dio el paso adelante pero la película en sí ya nació con problemas. Después de múltiples modificaciones en el guión, Scorsese había pensado en su fiel Robert de Niro para el papel de El Carnicero, el hombre que hace y deshace a su antojo en Five Points, suburbio de Nueva York, merced a la legendaria victoria que obtuvo en una cruenta batalla entre clanes en plena calle. Ante la negativa de de Niro, el papel recayó en un histriónico Daniel Day-Lewis. El rodaje se fue de las manos y las fechas se sucedían. Scorsese se pasa de presupuesto, monta la película y se la pasa a Weinstein que le impone el corte de una hora del metraje original del director para dar una mayor importancia a la historia de amor entre Cameron Díaz y Leonardo di Caprio en detrimento de toda la parte final que resulta precipitada y con vacíos inexplicables rematados por un embarullamiento confuso introduciendo algarabías callejeras en medio de un fenomenal despliegue de medios. Aún así se aprecian momentos brillantes en la película, como sus cinco primeros minutos, la secuencia del desembarco de inmigrantes y su inmediato reclutamiento para la contienda civil de los Estados Unidos o el impresionante plano final de las Torres Gemelas para señalar un nuevo principio, una vuelta al caos y la esperanza de que, tras el humo de las hogueras, el sol volverá a brillar.
Discute con Weinstein por el resultado final de Gangs of New York y se niega a participar en su edición para el mercado videográfico rechazando de plano cualquier intención del productor de realizar una edición especial con el montaje propuesto por Scorsese. Ante tal situación, Scorsese acepta una propuesta de Michael Mann para dirigir por encargo El aviador, biografía del magnate Howard Hughes con una soberbia interpretación de Leonardo di Caprio. Aún cuando resulta una película más impersonal, Scorsese filma con brillantez el proceso mental de un hombre que temía a la soledad y que no se movía por las leyes de la lógica. En todo caso, el éxito es inmediato y Cate Blanchett, interpretando a Katharine Hepburn, también obtiene su Oscar.
Uno de los grandes éxitos de la carrera de Scorsese es Infiltrados, versión de la película surcoreana Infernal affairs, con un reparto que incluía a Leonardo di Caprio (su nuevo actor fetiche), Matt Damon, Martin Sheen, Alec Baldwin, Mark Whalberg y Jack Nicholson que, en el último momento, sustituyó a Robert de Niro. La historia es brillante, hablando de los elementos infiltrados en cada uno de los lados de la ley, con giros en el guión inesperados y bajo el ojo de una cámara que, en esta ocasión, destaca por su honestidad. Scorsese, por fin y a la quinta, consigue su ansiado Oscar. Hollywood había pagado sus deudas.
Repite de nuevo con Leonardo di Caprio en la inquietante y excelente Shutter Island, otro producto de encargo que realiza con extrema lucidez e introduciendo de nuevo redenciones y catarsis como elementos que distinguen una forma de hacer cine que, poco a poco, se va haciendo única. Su radiografía de la culpa en esta película resulta estremecedora por lo que habita en sus consecuencias y el espectador sale del cine con un montón de cuchillas de afeitar agitándose en su pensamiento. Brillante. Espectacular y con un sentido de la imagen y de la historia que pudo confundir a más de uno.
Su inspiración continúa rindiendo un homenaje al universo infantil y al mismo cine con la maravillosa La invención de Hugo, encantadora mezcla de cuento y realidad que descubre la magia de la fabricación de los sueños y la capacidad de fantasear por parte de un niño que comprueba hasta dónde puede llegar la imaginación.
El lobo de Wall Street vuelve a contar con una interpretación prodigiosa de Leonardo di Caprio además de ser una denuncia sin tapujos del mundo de las finanzas que fabrica auténticas bestias con tal de acumular lujos y depravaciones. Scorsese, después de la sensibilidad demostrada en La invención de Hugo, se muestra implacable, con algún toque de buen humor, descarnado, ácido hasta la corrosión, tremendamente incisivo, alucinantemente agresivo.

Ningún artículo sobre Martin Scorsese estaría completo sin mencionar su extraordinaria faceta como documentalista, en especial, en lo que se refiere a sus incursiones en los mitos musicales que marcaron toda su juventud. Ahí está un extraordinario musical con el último concierto de The Band en El último vals, o el homenaje a George Harrison en Living in a material world, o a los Rolling Stones en Shine a Light, o a Bob Dylan en el documental para televisión No direction home, así como un sincero y honesto acercamiento a la figura de Elia Kazan en A letter to Elia. Lo cierto es que, sea como sea, el cine de Martin Scorsese es toda una colisión, es un intento obsesionante por introducirse en ambientes herméticos de duras reglas, es un camino jalonado de sangre y violencia, ya sea física o moral, para llegar a la redención a través de un terrible impacto catártico. Es un taxi emergiendo de entre las tinieblas de una sucia ciudad, es un puñetazo letal en un rostro entumecido de dolor, es una bola de billar que rueda salvajemente hacia un choque inevitable, es un matón descerrajando un tiro en la nuca, es un hombre cegado por el reflejo de un amor verdadero, es una Biblia arrojada a las heladas aguas de un río…Es una sacudida mortal al otro lado, el lado más turbio del sueño americano.

8 comentarios:

dexter zgz dijo...

Yo reconozco que me costó bastante entrar en el universo Scorsese. Me gustaban las películas que iba viendo, pero sin el apasionamiento del que todos hablaban. Hay una excepción y es "Taxi driver" que a día de hoy me sigue pareciendo su mejor obra.

Bueno, la semana pasada hablábamos de Coppola como artista total. El cejas también lo es. Y tiene tanto, y tanto bueno que es interesante detenerse en sus títulos más infravalorados. Para mí son claramente dos y coincido contigo: "El rey de la comedia" y "Al límite". En cambio hay películas que en su momento me gustaron y cada vez me atraen menos: " El cabo del miedo" y "El color del dinero". Hay también otras que directamente nunca me gustaron como "Kundum" o "Gangs of NY".

Y tienes razón, hay que hablar del Scorsese documentalista y su labor impagable. Me emocionó mucho "Una carta a Elia", su testimonio de amistad con Kazan sin estigmatizarlo y sin utilizar la palabra "chivato". Dan ganas después de verlo de lanzarse a la DVDteca a la caza de "Al este del Edén" o "La ley del silencio". Y es que si algo me gusta casi tanto como las películas de Marty es la vehemencia y el cariño con el que habla de las películas de otros, vaya, que es como Garci pero en neoyorkino.

Abrazos cinéfilos

Raúl dijo...

Gran repaso al cejas, César, lo enlazaré a la entrada del blog del programa si no te importa.
Si que Taxi Driver es la mejor estoy de acuerdo con Dexter, ese Travis mirándose y hablando solo con la pistola apuntando, you talkin´to me?? Es sucia y desesperanzada con el toque Schrader, como Toro Salvaje, otra cima de su carrera. Vaya película redonda, es curioso que Rocky y Rocky II fueron hechas antes, aunque mucho más flojas que El toro del Bronx hay cosas que creo que plagia no? por ejemplo los combates encadenados y algunos planos en el ring. Aunque Scorsese es muy grande y seguro que vio todas las clásicas de boxeo, El Boxeador, de Keaton, Cuerpo y Alma y su atmósfera de cine negro, las de Wise, Nadie puede vencerme y la magnífica Marcada por el odio. Por cierto el actor que hace de capo mafioso en Toro Salvaje también está en Fat City ciudad sin ley de Huston.
Scorsese estaba en plena crisis personal y de salud cuando la hizo , poco antes había rodado New York New York con De Niro y Liza Minnelli, un fracaso creo en taquilla, y El último vals, donde salen Bob Dylan, Neil Young o Van Morrison entre otros, hoy es considerado de los grandes documentales sobre una banda de rock en los 70. En esa época se pasó de la raya con la coca y otras sustancias. Salud y fuerza en el combate.

César Bardés dijo...

Desde luego, es, quizá, el director más cinéfilo que tienen en las Américas y hace gala de ello también en varios documentales en los que interviene como invitado.
En cuanto a sus obras maestras, yo creo que tiene tres que se pueden adecuar a ese calificativo. Una, sin duda, "Taxi Driver", una película que impactó muchísimo en su momento y que aún mantiene unos puntos de interés extraordinarios. Otra, "Toro salvaje". Me parece que es la mejor película que se ha hecho sobre boxeo. Es verdad, Raúl, que mucha gente la compara con "Rocky" aunque, realmente, tengan muy poco que ver. Técnicamente puede que haya algunos planos que sí que se puedan repetir por una sencilla razón, porque la Dolly es un invento de aquellos años y se usaba a la de tres. Pero, sin embargo, a mí me parece que Scorsese se acerca más a la cara, lo cual hace que el deporte sea el contenedor de una violencia extrema. Es increíble la magia que consigue. "Toro salvaje" podríamos decir que es un "biopic" o una pelicula de boxeo. De sus dos horas largas...¿sabes cuánto dedica a los combates? Un poco más de siete minutos. Y parece que has visto boxeo para aburrir. Su referente (aunque bien es cierto que coge elementos de todas las películas que dices, Raúl) es "Más dura será la caída", de Mark Robson, porque ahí sí que copia unos cuantos planos acercando la cámara o poniendo a los púgiles de cuerpo entero con la cámara en el suelo. La otra, creo, es "Uno de los nuestros". Nunca hubo un acercamiento a los estratos más bajos de la Mafia como lo hizo Scorsese. Muchos salieron decepcionados porque, el cartel ayudó mucho, creían que iba a ser una visión de "El padrino" por parte de Marty pero no. Se ocupó de los tíos que hacen los trabajos sucios, los que realmente se ensucian las manos disparando a bocajarro y cómo llegaban a perder los escrúpulos. Una película que además es muy larga y que no se te hace nada larga. Por supuesto, dentro de sus obras maestras, pondría esa primera hora de "Casino".
Yo creo que Marty, en su faceta documentalista, sorprende precisamente por eso, Dex. Es cierto que, dentro de toda la violencia que hay en sus películas (recuerdo que cuando salió Tarantino y me decían que era violento yo siempre preguntaba si habían visto algo de Scorsese. Las brutalidades del cine de Marty son bastante más sádicas que el bueno de Quentin) siempre mira con cierto cariño (que no indulgencia) a sus personajes. Y lo mismo con los mitos a los que retrata en sus documentales. Y, por cierto, no deberíamos olvidar lo que hizo con el anuncio de Freixenet. Ya no están esas discusiones bizantinas sobre cuál era el anuncio mejor que habían hecho los del cava y tal y tal. La elección, desde que la hizo él, está muy clara.
Cierto, Raúl, lo que dices sobre cómo corría la coca en los setenta, especialmente en esta generación que llamaron "Los nuevos cachorros" y a la que pertenecen Coppola, Scorsese, De Palma, Spielberg y Kaufman (todos ellos licenciados en cine menos Steven). Parece ser que sí se pasaron con las rayitas veinte pueblos y hasta me atrevería a afirmar que eso se nota en algunas de sus películas. Siendo una buena película, yo creo que de Palma no estaba demasiado en sus cabales cuando hizo "El precio del poder", por ejemplo.
Se dice, se comenta, que fue de Niro el que le sacó de ahí precisamente con el guión de "Toro salvaje". La anécdota me la reservo para el programa, por si acaso.
Abrazos salubres.

CARPET_WALLY dijo...

Pues yo también soy un Scorsesiano (menuda palabreja) muy tardío.

Aunque me gustó en su día "Taxi driver", no la aprecié tanto como vostros hasta mucho después (he tenido ocasión de revisarla un par de veces hace poco gracias a los canales temáticos y cada vez me gana más).
Si me enganché mucho más a "Toro salvaje", y pese a lo que comenta Raúl de sus momentos en el ring, yo no aprecié tanto esa parte como la vida de ese bufón perdedor fuera cuando el cuedrilatero ya no es más que un recuerdo. Un tipo entrañable, que acostumbrado a mantenerse siempre en guardia, dificilmente sabe encajar el cariño y cuando quiere darlo lo reparte a mandobles que pueden hacer daño a cualquiera que está cerca. Aun así, en esa película el que me encandila es De Niro, tanto que incluso me ciega la maestria de Martín.

También "El último vals" me supuso una gozada sin precedentes en materia de documentales musicales que entonces frecuentaba y eso que no conocía demasiado la música de The Band.

Luego vinieron "Uno de los nuestros" o "Casino" a sumarse en mi lista particular de aciertos de Scorsese, tanto como años antes "Jo, que noche", reconozco que aun así seguía siendo un director que no terminaba de otorgarme un placer sublime. De hecho en "Casino", en su momento bastante aclamada (sobre todo por Sharon Stone en plena efervescencia) hubo momentos que me dejaron bastante frio y la sensación de que Pesci repetía una y otra vez el mismo papel de siempre.

Cuando realmente ciento que me encontré con un director admirable fue en "El aviador". Probablemente no sea una obra redonda, pero a mi me parece que aquí, a pesar de que como señalas sea un encargo, si utiliza su virtuosismo para contar una historia que lo necesita. Aquí casi cada plano está utilizado para significar algo fundamental, no digo que en el resto de su filmografia no, pero yo no era capaz de apreciarlo tanto.

Luego vino "Infiltrados" o "El lobo..." o "Shutter Island" y la revisión de todas aquellas que no supe apreciar, hasta convertir a martin en uno de mis verdaderos referentes. A veces no me gusta tanto su bajar a ras de tierra, a mezclarse en la calle, en el barrio, vivir en el ultramarinos, pero reconozco que es tan autentico como relatar el mercado desde el despacho del gerente del Centro Comercial. No me gusta pisar los charcos, pero no puedo negar que ha llovido.

Y precisamente por eso, una película que a mi me parece admirable como "Al limite" no haya sido tan considerada como comentais. Demasiado barro, quizá.

Abrazos clásicos

César Bardés dijo...

Por cierto, Raúl, en absoluto me importa que enlaces el artículo con el blog del programa. También tienes un artículo sobre "Toro salvaje" en este enlace:
http://losojosdellobo.blogspot.com.es/2012/05/toro-salvaje-1980-de-martin-scorsese-un.html
Al lío. Yo tardé bastante en ver "Taxi Driver". Es una de esas películas que mi hermano se fue a ver con mi primo y salieron los dos encantados y espolearon mi imaginación contándome sólo de qué iba.
Es que Scorsese no solo tiene obras maestras, sino que tiene muy buenas películas. Ahí es donde meto yo "Jo, qué noche", o "Al límite" o "El rey de la comedia", o "Casino".
Sin duda, no se puede entender la carrera de Scorsese sin tener a de Niro al lado. Recuerdo que, a propósito del artículo (qué artículo eh?, de lo mejorcito que he hecho) sobre "Shutter Island", hablábamos que di Caprio tenía gestos clavados a de Niro a pesar de ser un tío de físico muy diferente. Y el trabajo de de Niro en "Toro salvaje" es inmenso, es una de las mejores interpretaciones de todos los tiempos sin ninguna duda. De hecho, La Motta no dudó en decir que hubiera sido un púgil excepcional y que hubiese estado encantado de entrenarle profesionalmente. Y de Niro disputó tres combates en una sala de bajo nivel en Brooklyn. Ganó dos.
Cierto es lo que dices de Pesci, aunque quizá su personaje en "Casino" sea algo más...cómo diría, áspero. No me imagino, por ejemplo, al personaje del Pesci de "Uno de los nuestros" poniendo los cuernos a Liotta por una mamadita reglamentaria. Sin embargo, el de "Casino" no se lo piensa. Es un ejemplo, simplemente.
Es posible que Scorsese haya hurgado demasiado en las entrañas de la sociedad más enferma y por eso algunas de sus películas que deberían haber tenido éxito, han pasado a ser fracasos directos. Tal vez con la esperanza de que así podrían caer en el olvido.
Abrazos a bocajarro.

dexter zgz dijo...

Habría que recordar también los inicios de Marty con "Alicia ya no vive aquí", una película que hace inolvidable su protagonista Ellen Burstyn, doblada de manera impecable por Lola Herrera en la versión española. De algo más atrás data su debut con "Who´s talking at my door", una opera prima bastante interesante. No hay tiros, no hay mafiosos, pero sí mucha cinefilia mirando tanto a la nouvelle vague como a John Ford, y una escena a ritmo de tumbao cubano que quita el hipo.

Y luego está el futuro. Hace poco Marty declaró que a lo sumo le quedaban 3 o 4 películas por dirigir. Lo cierto es que es un tío que no quieres que se retire nunca ni que se muera nunca, y que siempre tiene varios proyectos sobre la mesa. No sé si veremos ese prometido "Irishman" con un nuevo reencuentro entre Pacino y De Niro, ni si veremos a Leo en la piel de "Sinatra", un proyecto que ya incluso huele. Parece que lo próximo del cejas va la historia de los dos jesuitas portugueses en el Japón del siglo XVII, otro proyecto eternamente postergado llamado "Silencio". Por cierto que Peeedro le ha copiado el título, vaya morro.


Y por supuesto, Bardés, siempre nos quedará Shutter Island.

Nacho dijo...

Fantástico el artículo, César. Como ya comenté en la publicación dedicada a Coppola, es uno de mis clásicos junto al propio Francis, Spielberg y, como no, Eastwood. De Scorsese me apasiona esa visión casi cotidiana de unos personajes que, moralmente, podríamos considerar despreciables. Las situaciones descritas en sus películas van generando tensiones que desembocan en muchos casos en violencia.

Me ha encantado que hicieras referencia a "La edad de la inocencia". Me parece que está contada con una sutileza sublime. Y con dos actores estupendos como Day Lewis y la Pfeiffer.

Un abrazo

César Bardés dijo...

Pues me alegro que os haya gustado el artículo. No era fácil, lo confieso, porque Martin Scorsese tiene muchas películas para destacar y comprimirlo todo en un artículo que uno quiere que sea ameno, es una tarea difícil y, a veces, algo ingrata.
Tienes mucha razón en destacar, Dex, "Alicia ya no vive aquí", una película que la propia Ellen Burstyn hace muy grande y por la que consigue un merecidísimo Oscar.
De todas formas, gracias por vuestros comentarios y por haber dejado las pistolas y los cuchillos a la tía buena del guardarropa. Ha sido un placer debatir con todos vosotros sobre uno de los nombres más grandes del cine contemporáneo.
Abrazos cejudos.