martes, 5 de mayo de 2015

MASTER AND COMMANDER: AL OTRO LADO DEL MUNDO (2003), de Peter Weir

El mar es una doncella que hay que desvirgar al paso de una quilla. Abre sus piernas de espuma y ella se ofrece como tablero de juegos, de duelos infinitos, de horizontes que nunca se alcanzan y de engaños ingeniosos. La guerra está ahí, llamando a los hombres y a los niños para que sean más valerosos y más compañeros y un capitán quiere cumplir su misión rodeado de amigos más que de subordinados. Al otro lado del mundo, un barco navega para dar una victoria más a la razón.
En su cámara de popa se cuentan anécdotas, se gastan bromas, se trazan planes, se buscan anzuelos con los que atrapar al enemigo francés. Al fin y al cabo, Sorpresa se llama el navío y el respeto no da lugar a tales golpes de viento. Hay que enfrentarse con supersticiones estúpidas del viejo mar, con el viento en huida dejando al barco en medio de la inmensidad sin más soplo que el caliente aliento del sol, con el castigo en cubierta para mantener una disciplina que, también, es un signo de respeto, con el sonido de un violín y de un violoncello que, leyendo una partitura, cantan y propagan que la amistad es una parte importante de la hazaña. La vida es música salpicada de olas y la doncella llama una vez más al combate.
Entre el olor a brea y el trago de ron hay pequeñas heroicidades que hacen que la convivencia sea un poco más llevadera, complicidades deslizadas con discreción para que se tenga la certeza de que el Afortunado Jack es el capitán preciso en la nave adecuada, debilidades escondidas en el fragor de una batalla servida con cebo, pasión por una Naturaleza que se rebela, persistente, contra una guerra sin demasiado sentido donde las aguas ya no tienen nombre. Hay que cargar los cañones con mayor celeridad, señores. En juego está la supervivencia y también el honor. Malditos sean ambos.
El mar, en ocasiones, también estalla de furia, zarandeando el precario equilibrio de la persecución en busca de la muerte alborotada. Los maderos resisten como si estuvieran plantados en mitad del océano y el francés huye rápido porque tiene la ventaja de la ligereza. Eso hay que compensarlo con inteligencia, con perseverancia y con una actitud de depredador que se aminora cuando la justicia aparece. La mirada a través del catalejo es hambrienta, fiera, implacable. Y el francés solo tiene tiempo para urdir una última evasión. Destino lastimero para una melodía que se adivina alegre para la batalla definitiva.

Peter Weir dirigió con especial cuidado una película que nos lleva a los tiempos en que los marinos eran auténticos estrategas mientras pone en juego una serie de pasiones humanas y debilidades militares que solo enriquecen el mosaico azul de rugosas aguas en el recóndito lugar de los héroes. La recompensa podía ser una mortaja pero, también, el anuncio de una aventura que se antoja inolvidable para trepar al palo mayor y gritar la aparición del enemigo. No hay que rendirse. Por eso la Sorpresa sigue siendo nuestro barco.

10 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Lo cierto es que aunque bettany y Crowe están más que correctos ( sobre todo el primero), el mérito de esta película radica en Weir, que es un cineasta diferente, con unas cualidades técnicas increibles, con gran capacidad para manejar a los actores y una forma de contar historias con un ritmo propio. No puedes decir que ninguna película de Weir sea acelerada, antes al contrario, domina la pausa incluso en sus pelis de acción (si es que se puede llamar así a "Único téstigo" o a esta que comentas), pero a pesar de ello no se resienten, logra imponerte ese ritmo y te acompasa.

Lo cierto es que su filmografia es corta, no llegará a las 15 películas en treinta y tantos años, "Gallipoli" es del 81, y sin embargo todas tienen un destello de calidad caracteristico.

Abrazos viento en popa

César Bardés dijo...

Es que el gran mérito de esta película es centrar todo el asunto en esa relación tan bonita que tienen Crowe y Bettany. Weir es un cineasta, desde luego, interesante, muy poco prolífico pero que tiene piezas que merecen estar en lo más alto del cine contemporáneo. "Gallipolli" me parece una película muy hermosa a pesar de que lo que narra es una tragedia terrible. "El año que vivimos peligrosamente" sigue siendo de lo mejorcito del cine de reporteros de guerra junto con "Bajo el fuego". "El club de los poetas muertos", nos pongamos como nos pongamos, nos sigue poniendo muy a tono. Y "Master and Commander" me parece una película muy pensada, una película que será un clásico con el paso de los años y que tiene una producción excepcional. Weir hizo un guión fantástico, la música es una de las películas en las que se utiliza de forma más inteligente y tiene una fotografía absolutamente genial y además una historia que te llega desde el lado de la aventura y desde el lado de las relaciones humanas. Una pequeña maravilla de nuestro tiempo.
Abrazos desde el palo mayor.

dexter zgz dijo...

No hay que olvidar "Matrimonio de conveniencia", bonita comedia en la que dirige muy bien a la McDowell y al ruso que parece que tienen química y todo. "El show de Truman" es una película muy interesante que te lanza no pocas reflexiones. Tiene alguna peli fallida, en ningún caso hablaría de truños, como "La costa de los mosquitos" o "Camino a la libertad". Me gusta una peli que a casi nadie le gustó como es "Sin miedo a la vida" (¿es grave, doctor?). Es un tipo que sabe de cine, no hay duda. "Único testigo", "Master and Commander" "El año que vivimos peligrosamente" cada una en su estilo desprenden aromas clásicos. Saca lo mejor de sus actores (fíjate lo que hizo con Carrey) y es creador de imágenes imborrables, como la lluvia mojando a Mel o a Sigourney, o el baile en el garaje de Harrison y Kelly o...

Abrazos, oh, capitán, mi capitán

César Bardés dijo...

Ni me gustó "Matrimonio de conveniencia" (una película que estoy seguro que dirigió por encargo y que es lo más comercial que ha hecho y de forma algo descarada, además), ni tampoco "Sin miedo a la vida" que me parece su mayor error. Tampoco me encanta "La costa de los mosquitos" aunque es una película bienintencionada. Me encanta "El show de Truman", desde luego, me parece una fábula cercana a la genialidad. Me decepcionó bastante "Camino a la libertad" porque me esperaba algo épico al estilo de David Lean y me encontré con una película irremediablemente mal montada y con un "casting" claramente mediocre. Lo cierto es que Weir ha hecho películas que se han quedado en el imaginario colectivo y casi nadie le identifica con ellas. Ello no quita para que no tenga errores, los tiene. Lástima que sea un tipo tan poco prolífico en su trabajo y le cueste tanto ponerse detrás de las cámaras cuando tiene talento comprobado.
Abrazos desde la mesa del pupitre.

Raúl dijo...

y de Weir también destacaría la enigmática Picnic en Hanging Rock, vaya forma de empezar su carrera con una pelicula tan peculiar que se queda grabada para siempre desde que la ves. Y de su primera época también me quedo con El año que vivimos peligrosamente, magníficos Mel Gibson y la Weaver en esa historia en la convulsa Indonesia en plena rebelión comunista. Yo también pienso que con el tiempo Master and Commander será más apreciada, como los buenos vinos.
Salud y Grog!

César Bardés dijo...

Pues tienes toda la razón, Raúl. "Picnic en Hanging Rock" es una película muy interesante que descubría a un cineasta por entonces muy joven pero que tenía ideas muy claras. Lo que es cierto es que Weir es un cineasta aún a tener muy en cuenta, no es tan mayor y puede darnos alguna sorpresa si se pone detrás de las cámaras con decisión.
A mí ese puding de chocolate que se meriendan...

CARPET_WALLY dijo...

Pues a mi me parece, como a Dex, que "Matrimonio de conveniencia" tiene mucho encanto, que ciertamente sería de encargo, pero hasta para eso, para un apaño artesano puede valer. De hecho, en plan comedia romántica que juega con muchos tópicops le quedó mucho mejor que la riada de pelis de ese corte que nos sueltan los americanos cada año.

Dicen por ahí que la especialidad de Weir es poner a personajes en un contexto diferente al que les es natural y las respuestas que tal oposición les plantea. Bueno si uno mira algunas de sus películas puede entender que hay cierta razón en ello: Harrison en "la costa de lso mosquitos" y en "ünico testigo"; Williams en "El club..." Gibson en "Gallipoli" y en "El año que vivimos...", Depardieu en "Matrimonio..."....y no sabría decir si Carrey en "El show de Truman" porque en principio su vida transcurre en su entorno natural...hasta que deja de serlo.

Abrazos descontextualizados

César Bardés dijo...

Me sigue sin gustar "Matrimonio de conveniencia" aunque en tu favor he de decir que sí, que está realizada con corrección y demás, pero está muy ajustada a los estándares de la época aparte de estar concebida como un vehículo para la introducción en el mercado americano de Depardieu después del exitazo del "Cyrano".
En cuanto a ese tema común en su obra, estoy de acuerdo, hay una lucha del ser humano contra el entorno, normalmente natural, que en cambio está fuera de su dominio. Eso hace de él un autor.
Sigue siendo un director enormemente interesante.
Abrazos en medio de la tormenta.

Suso Susillo dijo...

Buenas,

Ante todo, enhorabuena por el blog. Me parece muy interesante todos vuestros comentarios. Eso sí, me gustaría romper una lanza a favor de "La última ola", una pequeña joyita dentro de su primera etapa, quizás la más sugerente y misteriosa de su filmografía junto a "Picnic en Haging Rock".

Saludos.

César Bardés dijo...

Gracias y bienvenido, Suso. Esta es tu casa tanto como la nuestra.
Estoy totalmente de acuerdo con tu comentario. "La última ola" es una película muy interesante de Weir aunque ligeramente lastrada por la presencia de un actor tan limitado como Richard Chamberlain pero, sin duda, la película es muy sugerente y nos hemos olvidado de nombrarla. Gracias por el apunto.
Saludo y rebienvenido.