martes, 3 de octubre de 2017

IDA (2014), de Pawel Pawlikowski

La vocación también requiere altos grados de experiencia. Y para una muchacha que se ha criado entre las paredes de un convento no es fácil adquirir esa experiencia. Quizá una última salida antes de abrazar los votos sea lo más indicado para establecer el origen y haya que rebuscar entre una población que se odió a sí misma hasta acabar con los judíos en plena guerra. Una tía, juez de profesión, será la guía perfecta para investigar a dónde fueron los padres de Ida y por qué ella acabó en un convento. La muerte se presentó sin avisar, entre personas de confianza, y ellos acabaron descansando en medio de la tierra fría y solitaria, víctimas de la locura colectiva y de la barbarie que se apodera de los conocidos de toda la vida solamente porque el entorno invitaba a ello. Durante el viaje, Ida se fijará en su tía, que ha perdido mucho por el camino. Tanto es así que ha perdido al propio camino y ya no sabe qué desviación tomar. Se ofrece, bebe, se pierde y nunca se encuentra. Tal vez ésa sea la manera de hallar todas las respuestas bajo el gris de un cielo plomizo y triste que se empeña en permanecer en la Polonia comunista. Habrá que tener una seria conversación con Dios y probar la vida que todos prueban.
Es evidente que la vida, esa que nos parece tan adecuada a nuestras posibilidades, no es tan satisfactoria. Quizá no todo sea entregarse y saltar de cama en cama hasta que uno encuentra una ventana. No hay énfasis en la muerte, solo silencio en la música, solo finales en la deserción del alma. Todo camino de ida, tiene otro de vuelta y la novicia tendrá que emprender los dos para sentir el reflejo de esa existencia que, posiblemente, hubiera llevado de conservar su destino junto a sus padres, en esa granja en ninguna parte, en esa bondad extraviada. Dios así lo exige porque, si no es así, de mala manera se le podrá servir.

La austeridad parece que es la consigna de esta película que no ofrece calor, ni respuesta, ni solución. Aislarse de la agresividad de un mundo que te exige tomar decisiones todos los días no es una situación fácil para un espíritu virgen, no contaminado, ausente de deseo y lujuria, libre de prejuicios porque no ha habido más que un solo propósito en su vida. Es un trato que hay que cumplir para entender mejor, para saber más, para contar con la experiencia, para comerciar con la muerte a la que no se debe llamar tan gratuitamente. Puede que la verdad sea dolorosa, pero aún lo es más intentar trasladar un mensaje a la gente sin tener ni idea de cuánto sufren.

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

Ostras, no había visto esta entrada hasta ahora. Es una de esas películas que tengo pendiente de revisar porque recuerdo que la primera vez que la vi me dejó bastante frío la verdad. La fotografía es preciosa, la planificación y los encuadres perfectos pero en la historia me falta algo de emoción. Pero es de esas que digo siempre que tengo que volver a verla porque seguro que me perdí algo.

Abrazos revisionistas

César Bardés dijo...

A mí me parece una película que está bastante bien. No solamente en los aspectos técnicos sino también en los estilísticos y temáticos (esto me ha quedado pedante bordao). En cualquier caso, tampoco me parece una obra maestra. La propuesta es interesante y ya está.
Abrazos píos.