viernes, 16 de febrero de 2018

15:17 TREN A PARÍS (2018), de Clint Eastwood

Estoy seguro de que muchos de nosotros nos hemos preguntado alguna vez cuál es nuestra misión en la vida sin hallar ninguna respuesta inmediata. Es un enigma que la vida tarda en responder, si lo hace y que, para ello, debe establecer una alianza con el destino, con ese giro de acontecimientos imprevisibles que hace que se cumpla el por qué. Basta con no estar en el lugar adecuado, en el momento preciso, para que la contestación a esa pregunta se esfume. Y es posible que no existan las segundas oportunidades.
Además, debe haber una necesaria colaboración para que se presente la oportunidad de ejecutar esa misión con ciertas garantías. Por ejemplo, el éxito es algo que no es real sin una necesaria dosis de frustración anterior, porque así es cómo se forjan los héroes. Y también el fracaso tiene que acudir a la cita, al igual que el instinto de superación que es lo que hace que podamos sobrellevar los reveses de nuestra vida gris. Tal vez un viaje sea el escenario adecuado, o una decisión de última hora, o la duda que asalta cuando no sabemos si llamar a una puerta o no. Toda esa feliz conjunción de factores es lo que hace que alguien pueda ser un héroe. Unos tienen oportunidad de demostrarlo. Otros, por el contrario, siguen buscando su misión en esta vida.
No nos confundamos y pongamos los puntos sobre las íes. No es, ni de lejos, la mejor película de Clint Eastwood, pero la corrección está muy presente durante esa narración que salta hacia atrás y hacia adelante, contando el cómo, el por qué y, sobre todo, el quién. Es una forma de contar suave, sin grandes sobresaltos, sin estrambóticos movimientos de cámara, con cierta elegancia y muchísima modestia. La película no pretende ser una obra maestra y está muy lejos de serlo, pero hay que reconocer que es fácil ir en el mismo vagón con los protagonistas, compartir sus penas, sus objetivos nunca alcanzados, su sentido del desarraigo, su profunda amistad nacida en la infancia con las consabidas acciones rebeldes de la adolescencia anunciada. También resulta revelador comprobar cómo, en algunos casos, la escuela se encarga de escribir destinos basándose en los prejuicios y no en los valores que todos guardamos aunque muchos no sepamos verlos. Tal vez un uniforme no sea suficiente y haya que rellenarlo con un deseo irrefrenable de prestar auxilio a quien se necesita porque el mundo, aunque no lo creamos, está repleto de héroes dispuestos a todo con tal de que consigamos apreciar la vida como el más valioso de los dones. Seres que son luz en mitad de la tiniebla, que ponen alegría donde sólo hay penas, que ponen fe donde sólo hay decepción.

Así que es el momento de dejar los prejuicios colgados en un perchero y dejarse arrastrar por una película sin picos dramáticos, sin especiales énfasis en sus desarrollos. Sólo se trata de contar, casi como un documental, unos hechos extraordinarios realizados por hombres muy normales. Hombres como usted y como yo, hechos de carne, hueso, sueños y derrotas. Mientras tanto, el viaje transcurrirá con un apasionante billete hacia lo desconocido. Puede que tengan que subir a algún tren con destino a París a pesar de que les han dicho que pasen de largo, Hagan caso a su corazón. Él nunca miente.

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

Yo creo que sencillamente no es una buena película, tampoco es mala porque el oficio de Clint está ahí, pero lo que sí me parece es una película innecesaria y narrada desde un punto de vista inapropiado. Tal vez porque tenemos el precedente cercano de "Sully" y hay sí había una tensión dramática sobre el cuestionamiento moral de las acciones del héroe. Aquí no. Es un viaje para el que no hacen falta tantas alforjas. A mí la infancia que hayan podido estar tres me da un poco igual y sus viajecitos por Europa, con sus reflexiones filosóficas de todo a cien, me la traen absolutamente al pairo.

Sí, al pobre Clint de nuevo le han puesto a caldo esta vez. Iba con ese recelo, pero también con cierta esperanza porque los palos también le habían caído a propósito del patriotismo de "El francotirador" me parecieron un poco desproporcionados, más que nada porque el dibujo del personaje principal estaba mejor trazado. Desde luego, la película de Bradley Cooper era una obra maestra al lado de esta. Yo de verdad, sinceramente, solo espero que Clint nos viva unos añitos más y le dé tiempo de hacer al menos una película mejor, porque pensar que este puede ser el testamento de este hombre me da de verdad mucha rabia.

Abrazos con el polo del Barça puesto

César Bardés dijo...

Yo solamente digo que es una película correcta, sin más. ¿Que está por debajo de lo que nos tiene acostumbrados? Sí, sin duda. Yo no creo que esté narrada desde un punto de vista inapropiado. De hecho, hay una "ironía" en esa forma de narrar. Estados Unidos se esfuerza por hacer de estas vidas un fracaso y sin embargo se convierten en héroes porque lo que Clint nos quiere decir, precisamente, es que el éxito está jalonado de fracasos. A mí no me da igual esa infancia, ni me parece que haya reflexiones filosóficas (quizá estén tan de todo a cien que ni me haya dado cuenta de que existen), entre otras cosas porque tampoco creo que Clint trate de hacer una película profunda al estilo de "Mystic River" ni nada de eso. ¿Que "El francotirador" es superior a ésta? Sí, lo es. Yo creo que salvo, quizá, la desgana que muestra al retratar al tercero, al de color, del que no nos da pistas sobre qué ha sido de su vida, la película es de una corrección impecable. Y ya está. Por supuesto, este calificativo está por debajo de buena y por encima de mala.
Abrazos en alta velocidad.