miércoles, 5 de febrero de 2020

MUJERCITAS (2019), de Greta Gerwig



No hacía falta ser ningún adivino para prever que, en los tiempos que corremos, la nueva versión de un clásico de la literatura como Mujercitas tendría su correspondiente versión. Es difícil resistirse al retrato de Jo March como el de esa mujer independiente, decidida, algo voluble y subjetiva, pero también enormemente razonable y llena de talento en un mundo y una época en la que la mujer es despreciada por el mero hecho de serlo. Ella lleva sus elecciones vitales hasta sus últimas consecuencias y, cuando cambia de opinión, siempre es para peor. Y esa es una gran cualidad de las mujeres. Aprenden muy rápido de sus propios errores.
También son constantes, valerosas y determinantes. El amor, para ellas, es algo más que un sentimiento. Es una realización, un fin y nunca un medio. Y ese amor lo reparten entre todas las cosas y personas que son importantes en su vida. Persiguen sus sueños con ahínco, sin descanso, porque están hechas de ese material con el que se forjan. Sus miradas de ojos entornados son los mayores tesoros que pueden poseer los hombres. El deseo casi se convierte en una obligación y ellas, por supuesto, saben sacar lo mejor que hay en el sexo opuesto. Son mineras de la emoción. Y la vida sólo tiene importancia si ellas están.
La espera es una de sus virtudes y saben apoyar en cualquier circunstancia y en cualquier momento. La venganza es uno de sus peores defectos porque, en algún rincón de su alma, hay una herida imposible de cerrar de forma inmediata. Puede que ese rencor se supera saliendo hacia adelante, o haciendo un daño excesivo, o buscando otros horizontes. Resisten todo. Y el dolor, que padecen de forma mucho más extrovertida, acaba por ser un animal domesticado en su interior. Son fascinantes, magnéticas, atrevidas, transgresoras, exigentes, hermosas, siempre hermosas. En ellas, la importancia femenina se hace toda una obra de arte.
Greta Gerwig dirige esta versión de la novela de Louise May Alcott con cierto gusto, aunque con algún que otro error. Hay algún fallo de continuidad, provocado, sin duda, por el montaje, insertos sin mayor trascendencia y, por supuesto, llega a ser redundante el hecho de ver a Timothée Chalamet con un niño en brazos. Sin embargo, Saoirse Ronan sabe imprimir alegría a su Jo y entre los secundarios destaca por encima de los demás el maravilloso trabajo que realiza Chris Cooper. La banda sonora de Alexandre Desplat, como es habitual en él, es de una delicadeza exquisita y se ha puesto un especial cuidado en el vestuario y la ambientación. El resultado, con sus errores incluidos, es bueno, con un inteligente uso de la fotografía, sin abusar del folletín y construyendo con paciencia a las cuatro protagonistas para entender sus trayectorias como adultas conscientes y valientes.
Y es que no deja de estremecer el placer que siente un anciano al escuchar el sonido envolvente de un piano en manos de inocencia. O la emoción que destila un reencuentro, una negativa y una afirmación de personalidad. O, incluso, la caridad bien entendida en tiempos muy difíciles. Los verdes campos de Nueva Inglaterra son los depositarios de la ilusión de unas cuantas mujeres a punto de convertirse en adultas y no podremos más que entornar un poco los ojos por ellas, por mucho que alguna no nos convenza. Es la magia que surge cuando se escribe en un papel todo aquello que nos hizo ser como somos. 

2 comentarios:

dexterzgz dijo...

Pues mira que le tenía yo miedo a esta nueva versión de "Mujercitas". Sí, tiene lógica eso que dices al empezar que era de temer en estos tiempos. Pero a mí el resultado me ha dejado satisfecho, porque Gerwig es plenamente respetuosa con el texto y a la vez original. Porque, ¿qué se puede contar de"Mujercitas" a estas alturas que no se haya contado ya?

No tengo problemas con el montaje, es más, me parece un acierto combinar pasado y presente como lo hace aquí y empezar la historia por el final (a fin de cuentas nos la sabemos ya de memoria), creo que le añade a la historia un plus de nostalgia y emoción.

En cuanto a las actuaciones muy buena Ronan pero me quedo con Florence Pugh. Con Oscar o sin Oscar este año (lo ganará su mamá en la peli) una actriz para el futuro. Me encanta el metachiste en el que Enma Watson como Meg dice aquello de "No sé actuar"cuando están haciendo el teatrillo (a Chalamet también se lo hubiese hecho decir).

Abrazos al piano

César Bardés dijo...

Cuando me refiero al montaje,no me estoy refiriendo al hecho de combinar "flashbacks" y tiempo real, sino a la continuidad. De hecho, Gerwig combina de manera inteligente los dos tiempos a través de la fotografía. Colores calientes para el pasado, colores fríos para el presente. Ahora bien, aún sin tener problemas con ese ir y venir, en algún momento llega a ser excesivo. Me parece muy bien que empiece la historia por el final y que ponga toda la nostalgia y emoción del mundo, no tengo nada en contra de eso.
En cuanto a la continuidad, para muestra un botón. En el momento en que se van a despedir todos de Amy, en el plano están en una posición. En el contraplano, con el coche de caballos saliendo de la residencia de los ricos (es el momento en el que Chris Cooper ofrece a Beth el piano de la casa), la posición de todos es diferente. A poco que estés atento, se nota.
A mí Florence Pugh, pues qué quieres que te diga. Ni fu ni fa. Está bien, es cierto, pero tampoco me parece un tifón. La Ronan hace un esfuerzo por salir de permanente perplejidad (la que ha demostrado en otras películas como "Lady Bird" y "The lovely bones", por ejemplo) y hay momentos en que compartes sus estados de ánimo. Lo de Emma Watson es muy evidente y es cierto que el metachiste es uno de sus grandes aciertos. Lo de Chalamet ya es que llega a irritar.
Abrazos de desayuno.