martes, 27 de enero de 2015

EL ESPEJO (1975), de Andrei Tarkovski

Elegante, pausado y lleno de opiniones interesantes fue el debate que sostuvimos en "La gran evasión" acerca de "La loba", de William Wyler. Si quieres escucharlo, hazlo aquí.

Somos los recuerdos que nos inundan. Somos deudores del inmenso cariño que se nos ha regalado a pesar de las dificultades, a pesar del agotamiento de la Historia. Somos viento sobre la hierba que pasa sin dejar rastro y que apenas agita las hojas. Somos nada y somos todo. Somos todo y somos todos. El espejo está ahí, generación tras generación, para dar a entender que la vida es un señuelo y que la muerte espera, hagamos lo que hagamos. Con todas nuestras decepciones, con todas nuestras esperanzas, con todas las delicadezas y todas las brutalidades. Ahogamos nuestros sentimientos para que, más tarde, en una orgía de catarsis, salgan a relucir desordenadamente aunque no por ello quiebren la aparente concatenación de elementos que hacen de nosotros lo que realmente somos. Y somos ilusión por la felicidad que, siempre, furtiva y huidiza, nos esquiva y se dirige a algún lugar de un subconsciente que  prefiere estar dormido.
Un universo de sensaciones que sacrifica toda estructura narrativa para que un poema tome forma en la mente extraviada. No es fácil de aprehender todo ese cosmos que nos maniata y, a la vez, nos libera y nos forma para que seamos algo más que seres que viven y mueren. Los sentimientos son piezas inexcusables de nuestro interior, como también lo son nuestros razonamientos, nuestras reacciones impulsivas, nuestras relaciones con los que realmente nos aman, a veces, tan difíciles de descubrir. El alma que nos empuja se eleva por encima de nuestros cuerpos y, a menudo, son prolongaciones de nosotros mismos. Más allá de imágenes, más allá de entornos y ambientes, más allá del íntimo convencimiento de que somos un punto constante y fundamental dentro de universos ajenos con sus dolores, sus sufrimientos, sus tristezas, sus continuas elecciones y, sobre todo, sus tercas insistencias. Es la naturaleza intrínseca de todo ser humano sean cuales sean sus recuerdos.
Andrei Tarkovski decidió sacrificar cualquier vínculo con la tradición narrativa para ahondar en sus recuerdos y afrontar la tradición poética que tanto influyó en su vida. Instantes eternos que se pasan por el tamiz de un racionamiento de ilusión porque la felicidad está ahí, en algún rincón, esperando a ser atrapada. Y las metas no se alcanzan por llegar a ella, sino por el mero hecho de buscarlas. Ése es el viaje verdaderamente apasionante. Ésa es la razón por la cual existimos y por la cual existe la memoria. Ella es parte del alma.

Sigo mirándome en ese espejo, intentando encontrar el Dios que le falta a Bergman, o hallando la austeridad verbal, narrativa e interpretativa de Bresson, o la crispación moral de Kurosawa o, incluso, la obsesión por esculpir en el tiempo de Tarkovski y hacer que, cada momento sea inmortal en la memoria, aunque sea en la mía…que también es la de todos.

6 comentarios:

dexter zgz dijo...

Uff, Bardés, Tarkovski... y yo que te hacía un cinéfilo de nuevo cuño... Amos a ver, yo el primer contacto que tuve con este señor fue con "La infancia de Iván" más que nada porque me dijeron que era un poco espesito y esta era una de sus obras más asequibles. Mi decepción fue total porque la película me pareció un ladrillo del quince, y pensé que si esa era su obra más asequible, cómo serían las menos.

Pero hete aquí que después pruebo suerte con "Solaris" y me quedo maravillado. Casi tres horas boquiabierto y ojiplático. Fascinante tanto en forma como en fondo. La primera frase de tu artículo me ha recordado mucho a ella. En el fondo somos recuerdos y trocitos de lo que un día fuimos. Seguiré dándole oportunidad a este hombre, me apunto al sacrificio.

Abrazos con gafas de pasta y cara de amargado

César Bardés dijo...

Es que soy cinéfilo de nuevo cuño. Tanto es así que me apunto a la moda de los cinéfilos de nuevo cuño que acaban de descubrir a este tío y digo yo también que "Solaris" es su mejor película.
Lo cierto es que, siendo un director que ahonda más en las sensaciones que en la narrativa (de hecho no es que "La infancia de Iván" sea más asequible, es que es la que más se ajusta a la narrativa tradicional), no es para todos los paladares. Hay que ver mucho cine y de todas clases para llegar a vislumbrar (solo vislumbrar) a dónde quiere llegar este señor. Creo que "El espejo" también es una de las mejores película que ha hecho, a pesar de que solo es un poema visual, un cúmulo de sensaciones sin apenas hilazón. En "Sacrificio" no entré pero sí lo hice en "Andrei Rublev" y en "Nostalgia". Es difícil, un tío muy difícil y además muy críptico, quizá peca de dar muchas cosas por supuestas.
Abrazos con cara de amargado y gafas de pasta.

CARPET_WALLY dijo...

Uffff...yo cogía un cuño y os hacía cinéfilos. Yo no puedo, no entré ni en "Solaris", ni en la de Soderbergh si quiera. tendría el día tonto, pero no era capaz ni de disfrutar de la pura visualización y en cuanto me daba cuenta estaba distrído pensando en mis propias memeces. Del resto sólo cultura de crucigrama, no he visto ninguna, pero si la mejor me dejó ese poso...Que también son momentos, que lo mismo pillo alguna otra y me llega al alma si la tuviera, que todo es posible.

Abrazos con cara de pasta y gafas de amargado.

César Bardés dijo...

Hombre, en la de Soderbergh no entró ni Clooney, que la cosa fue mala, mala, mala hasta decir basta y eso que yo también la cogí con ilusión para ver si era capaz de hacer algo más asequible.
Es difícil, un cineasta muy difícil y comprendo casi más a la gente que no entra que a la que sí entra, fíjate. No es para cualquier momento, tu estado de ánimo tiene que ser muy predeterminado para ver y apreciar una película que no te está contando más que sensaciones. Tarkovski renuncia a la narrativa tradicional y quiere hacer narrativa poética, cada imagen quiere decir algo, cada objeto es un símbolo y tengo que decir que durante un rato el cerebro si está alerta pero no todos pueden mantener un nivel criptográfico de tal enjundia.
Abrazos con cara de gafas y pasta amarga.

dexter zgz dijo...

Bueno, o muy atento o muy fumao nunca se sabe. Siempre he odiado ese término tan pedante que usáis los críticos (bueno, algunos) de "poesía visual". Yo por ejemplo pienso que "El cielo sobre Berlín" se acercaría a ese concepto, lo que pasa es que esa se entiende y no vale. Y creo que la cuestión es esa, o entras o no entras. Acuérdate de los palos que se llevó Malick con lo de "El árbol de la vida". Es una película de esas en las que si no entras yo entiendo que estás todo el rato cagándote en la madre de Terence (yo por ejemplo no entro en "La delgada línea roja" y estamos de acuerdo en que lo de "To the wonder" era intragable).

Abrazos con pasta y gafas caras

César Bardés dijo...

¿Sabes quién hacía auténtica y verdadera "poesía visual"? John Ford. Ése era un poeta.
Es que el problema es que se quiere transmitir un cine conceptual (anda que no he visto yo a gente que dice que Antonioni hace "poesías visuales") y a cualquier cosa que se hace en ese sentido, se está llamando "Poesía visual". Hasta Andy Warhol con aquella "Sueño" de ocho horas (un tío durmiendo) se dijo que era "Poesía visual".
"El árbol de la vida", por muy profunda y muy especial que fuera la película, tenía una lógica narrativa interna que no todo el mundo llegaba a ver. Lo de "To the wonder" más vale no comentarlo. Cuando Kubrick hizo "2001" también se dijo que era una "poesía visual espacial" cuando también tiene una lógica narrativa evidente y, además, muy fuerte. Lo abstracto, lo intangible, el concepto en sí mismo no tiene por qué ser necesariamente "poesía visual" si entendemos como tal la transmisión de un estilo lírico lleno de imágenes metafóricas que pretenden ir más allá de la historia que se está contando. En John Ford hay poesía visual porque, a través de una narración, está poniendo en juego una serie de valores que no se pueden expresar fácilmente a través de lo convencional. Tarkovski pretende hacer poesía (otra cosa es que lo consiga) yendo a imágenes que son, desde luego, muy sugerentes pero...¿quién ha dicho que la poesía no tiene por qué tener hilazón narrativa? ¿despreciamos así de fácil a la poesía?
Cierto que "El cielo sobre Berlín" se acerca mucho al concepto de "poesía visual" a pesar de que la obsesión del cine de Wenders sea retratar la realidad de algún modo cósmico porque el mero hecho de estar retratándola ya la está alterando...algo que en el fondo tiene muy poco de poético y sí de humano prosaico.
El tema daría para conferencias enteras, desde luego. Me voy a meter una sobredosis de Ingmarita y luego vengo.
Abrazos con la cara y las gafas apastadas.