martes, 20 de enero de 2015

SIEMPRE ALICE (2014), de Richard Glatzer y Wash Westmoreland

Mi padre falleció hace año y medio. Tenía la enfermedad de Alzheimer y fui testigo del deterioro que sufría su mente. Sus primeros olvidos, su mirada perdida, su memoria anterógrada que era capaz de recordar su infancia pero no lo que se le había dicho el día anterior, su obsesión por encontrar aquel llavero de oro que era un diminuto sombrero mejicano…En la familia, todo eso lo intentamos pasar por alto a base de humor, para que él se riera también pero eso pronto ya fue imposible. Se aislaba, tenía momentos de lucidez en los que se lamentaba de su estado, se miraba a sí mismo y no se reconocía. Un día me dijo que yo era un chico muy majo y que me parecía a su hijo. Aquel día, en un rincón, sin que nadie me viera, lloré con amargura y, en secreto, me despedí de él.
Cuando murió, se fue silenciosamente, sin molestar a nadie. Solo le dio las buenas noches a mi madre y ya no se despertó. Con él se fueron un montón de recuerdos que fue olvidando por culpa de la enfermedad. Esos mismos que hacen que seamos lo que realmente somos. Era arquitecto. Estudió de forma enfermiza para poder serlo mientras trabajaba duro para poder pagarse la carrera. Era excepcionalmente inteligente y tres cuartas partes de lo que soy, sé que provienen de él. Siempre le recuerdo con una sonrisa. Incluso ahora que estoy escribiendo este artículo. Incluso ahora que tanto me arrepiento de no haberle querido más, de no habérselo demostrado aunque él ya no tuviera conciencia de quién era yo, de no haber hecho de la enfermedad una cuestión de amor.
Hoy he ido al cine y me he encontrado con esta película. He llorado. En .Julianne Moore he visto a mi padre, he vuelto a revivir aquellos momentos en los que se apagaba su luz, sus ideas, su inteligencia, su memoria. He vuelto a sufrir porque ella me ha recordado cuánto me quiso mi padre y cuánto esperó de mí. Ha sido uno de esos instantes íntimos que uno vive en una sala de cine y que no puede volver a reproducir. Y aún me he dado cuenta de otra cosa. He sentido un tremendo amor por mi padre…tanto que al final me he sentido muy a gusto en esa intimidad porque he podido intuir lo que él sentía en su blanca y forzada ignorancia, ese deseo de agarrar las palabras que desfilaban por delante de él y que pasaban de largo negándose a ser articuladas en sus labios, esa desorientación profunda que le sumía en el miedo y que le impedía reconocer sitios, rostros y situaciones. Y por una sola y maldita vez he maldecido a las luces que se han encendido después de los créditos finales porque esa sensación de estar acompañado de mi padre se esfumaba de repente. He permanecido unos segundos sentado en la butaca y sé que cambiaría varios años de vida por volver a tenerle a mi lado aunque fuera con su luz apagada.
Todo eso es lo que he sentido con Julianne Moore y quizá por eso no soy el más indicado para hablar y analizar sobre una película que habla sobre el Alzheimer desde el punto de vista de los que sufren la enfermedad. No es una gran película. Quizá no faltará el comentario de que no es más que uno de esos telefilmes de sobremesa que ponen en alguna cadena nacional y que provoca bostezos y sensación de chapuza. Pero yo creo que es una película necesaria. Tanto que me ha traído a mi padre de nuevo y se ha sentado a mi lado con esa media sonrisa que tenía para susurrarme de forma cálida, una vez más, que todo irá bien.

4 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Este si es un artículo desde dentro.
Tal vez no desde la película sino desde las sensaciones que tuviste cuando la veías. ya hemos comentado más de cien veces que hay muchas películas que nos llegan sin que tengan un mérito propio sino porque nuestro estado emocional juega a su favor. Este es un caso clarisimo. No parece que valores tanto sus cualidades y sin embargo te clavó un cuchillo en las mismas entrañas. Y yo creo que esa es la virtud que quiere conseguir este tipo de películas y por tanto no tienen porque estar de más.

Ahora que el recorrido de mi madre es muy parecido al que tu señalas de tu padre, auqnue no es la misma enfermedad, mi madre padece demencia senil pero los efectos y sintomas son en muchos casos muy similares, entiendo perfectamente todo lo que cuentas y aun más como lo haces, con el corazón de par en par. Transmites tus lágrimas y yo las veo caer por mi mejilla.

Abrazos agradecidos

César Bardés dijo...

Pues sí, Carpet. A veces lamento abrirme tanto y dejar entrar a la emoción de esa manera pero hay películas con las que no puedes evitarlo. Lloré como un imbécil porque Julianne Moore lo hace extraordinariamente bien y me recordaba muchísimas cosas, incluso hay situaciones calcadas. No es una gran película (tomando toda la distancia que puedo tomar), no puedo decir que es impresionante, no lo es, pero lloré y, lo que es aún más extraño, me sentí cómodo porque, como digo en el artículo, mi padre estaba ahí conmigo. Y muchas emociones se agolparon (aunque a juzgar por los sollozos que había en el cine a más de uno le pasaba algo parecido, especialmente los dos tíos ya mayorcitos que tenía a mi izquierda) y es muy difícil escribir sobre algo que te ha abierto en canal y te ha vuelto a cerrar. Como dicen al final de esta película (no spoileo nada): "Es amor".
Abrazos sin olvidos.

dexter zgz dijo...

Es difícil ponerse ahora a escribir cualquier cosa de esta peli después de leer lo que he leído. Desde la distancia de quien no ha vivido el problema en primera persona mi comentario puede resultar superficial. Supongo que este es un tema de tanto peso emocional que es difícil caer en el sentimentalismo fácil. Supongo que la presencia de Julianne Moore en la cabecera de contrubirá también a elevar el tono de la película por encima del del telefilm de sobremesa. Anteriormente lo hicieron también Judi Dench en "Iris" o Julie Christie en "Lejos de ella".

He leído además que la película se centra en la primera fase de la enfermedad con una mujer que se da cuenta de todo lo que va a pasarle. No logro ni siquiera ponerme en su piel pero imagino que es lo más terrible que te debe pasar como persona: ser consciente de que vas a dejar de serlo muy pronto.

Abrazos imborrables

César Bardés dijo...

Es cierto que la presencia de Julianne Moore eleva la película porque ella es una actriz que le gusta mucho moverse en los límites y, en esta ocasión, interpreta a un personaje que podría estar mucho en el límite y, sin embargo, está muy contenida.
Hay una escena que me impresionó mucho. No descubro nada porque es casi al principio de la película. Es el primer momento en que ella se encuentra desorientada en la calle. Con frecuencia, solemos pensar que la mente de los enfermos de Alzheimer está en blanco, que no se dan cuenta de nada, que lo mismo les pones delante a un dragón y que su rostro será una tabla rasa, buscando con la mirada...CUando ella se siente desorientada...lo primero que siente es pánico. Y es lógico que se sienta así pero somos los que estamos alrededor los que pensamos de una manera que parece que se nos han anulado las neuronas y reaccionamos gritándoles, intentando despertarles del aparente letargo...y están muertos de miedo. Igual que todos nosotros si estuviéramos solos en un lugar que desconocemos totalmente, con la visión borrosa e incapaces de reaccionar.
Ser consciente de que vas a dejar de ser persona muy pronto. Eso era muy doloroso. Ver a mi padre en sus cada vez menos frecuentes momentos de lucidez, que te mirara y te dijera: "Siento que me tengas que ver así. Yo ya no soy el que era". Duraba unos minutos, hacíamos un chiste, él se reía y se volvía a aislar. Luego me miraba, sonreía pero se notaba que lo hacía sin reconocerme porque sus ojos estaban preguntándose quién era yo.
Abrazos con memoria.