jueves, 26 de marzo de 2015

EL CIELO SOBRE BERLÍN (1987), de Wim Wenders

Vamos a darnos un pequeño respiro por las consabidas vacaciones de Semana Santa. Retomaremos el ritmo habitual el martes día 7 de abril, mientras tanto intentad escuchar el pensamiento de otros. Quizá así sepamos qué es lo que realmente necesitan y, en el fondo, conseguiremos desentrañar el misterio que somos nosotros mismos. La clave está en amar. Felices días. 

El mundo en blanco y negro porque solo se pueden escuchar los pensamientos ajenos y no intervenir en las azarosas vidas humanas. Sensación de compañía pero también de impotencia. Se ven cosas impensables. Un hombre se arroja desde lo alto de un edificio. Un anciano espera la muerte. Un muro espera ser derribado. Pero se asiste a la maravillosa complejidad de la mente humana. Las pasiones pensadas, las frustraciones asimiladas, las rabias ahogadas…Todos aman, sienten, odian, lloran, ríen, descubren la vida, asesinan la vida, quieren la vida, aborrecen la vida. Y los ángeles están ahí, invisibles pero insustituibles. Receptores de todo lo que se esconde en el sentimiento y, sin embargo, a pesar de tanta desgracia, de tanta imperfección en la misma naturaleza de la existencia…desean ser humanos.
No es fácil ser ángel y no intervenir. Tal vez se les creó para eso. Para no intervenir pero dar siempre una sensación de que el pensamiento es escuchado en la inmensidad de la urbe, en la soledad intrínseca de uno mismo, en el rincón ausente y recogido que, a menudo, se convierte en el espejo de lo que realmente somos y ellos…sí, ellos también ven nuestro reflejo de seres perdidos, de visiones en blanco y negro que parecen héroes de cine negro que llegan por la noche de un trabajo que desprecian y dan de comer al gato. El muro entre ángeles y humanos es casi insalvable. El muro de libertades y opresiones caerá, tarde o temprano.
Wim Wenders es uno de esos realizadores cinéfilos que siempre han investigado las fronteras de la imagen. Su obsesión es poder retratar una realidad que sabe que es alterada por el mero hecho de que la cámara esté ahí, recogiendo el instante. Los ángeles son testigos de la realidad y alteran con su presencia porque son capaces de introducir un leve, apenas perceptible, ánimo en el pesimismo reinante. Saben que el amor es la verdadera virtud y ellos aman sin poder amar. Eso es lo que les mueve a querer ser uno más entre la multitud. Quieren dejar de ser inmortales y poder morir para alcanzar la auténtica belleza que significa amar. Y así, de nuevo, ser inmortales.

Y por encima de otras obras que han sido más valoradas como París, Texas; El estado de las cosas; En el curso del tiempo o Alicia en las ciudades, se halla esta película que encierra un profundo homenaje hacia todo lo que puede sentir el ser humano. Y así, tal vez, Wenders realiza la que es su mejor historia, esa que perdura a través del tiempo y permanece en el recuerdo porque para ella no pasan los días, ni los colores, ni los deseos. Solo pasa la imaginación y el maravilloso cuento que contiene. Quizá, por una vez, un director de cine se volvió ángel y supo penetrar, aunque fuera lejanamente y solo por un rato, en los pensamientos ocultos de todos los que nos acercamos a escuchar la historia que él tenía en la mente al lado del un escritor como Peter Handke. Ángeles que estuvieron ahí, al otro lado del muro y luego, como humanos, cruzaron la inmortalidad para contarnos una historia de amor y de escucha. Sigamos pensando. Alguien lo oye.

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

Tenía previsto revisar esta gran película en breve pues justo dentro de un mes visitaré Berlín. Me parece una película total, que lo abarca todo y que sin embargo no me resulta pretenciosa (puedo entender que a mucha gente sí). En cualquier caso, es una película que siempre me acompaña.

La primera vez que vi esta película fue un subidón. Era un sábado de madrugada, regresaba de fiesta, encendí la tele y justo entonces empezaba. Me hipnotizó.

¿De verdad crees que "Alicia en las ciudades" está valorada? A mí me parece preciosa, pero...


Abrazos desde la cornisa

César Bardés dijo...

Es cierto que Wim Wenders después de una época en la que fue valoradísimo por el gafapastismo más recalcitrante ha caído en una especie de olvido solo roto con la adoración que levanta París,Texas pero hablando con gente que revisa a Wenders de vez en cuando siempre se nombran las quue he citado en el artículo pero se olvidan de esta de El cielo sobre Berlín cuando,para mī es lo mejor que ha hecho,mejor que París,Texas que,revisada recientemente,me parece que se ha quedado peligrosamente antigua.
El cielo sobre Berlín,para mí,es la mejor película que ha hecho Wenders.
Saludos a la Unter den Linden.
Abrazos desde la biblioteca.