viernes, 13 de julio de 2018

EL PROTEGIDO (2000), de M. Night Shyamalan

Los super-héroes existen. Ese mito de que se esconden detrás de identidades normales para no revelar al mundo sus increíbles cualidades es falso. En realidad, ni ellos mismos saben que lo son. Tal vez, nunca han sabido apreciar aquello que les convierte realmente en héroes. Puede que, en algún momento, hicieran algo que les pareció absolutamente normal y no se haya presentado ninguna otra ocasión para ejercitar esa extraña y aislada habilidad. Como buenos super-héroes también tienen su punto débil, su elemento agresor que les deja sin fuerzas y sin respuesta. Y, por supuesto, también pueden presumir de enfrentarse a un megavillano que jurará perseguirle hasta que los tiempos terminen. Aunque, quizá, de esto último tenemos todos, seamos super-héroes o no. Para perfilar del todo el retrato, poseen una vida privada complicada. Su chica no les hace caso. O su chica no sabe quiénes son, ni lo que son capaces de hacer. O su chica, simplemente, no quieren estar con ellos. Son seres con una capa cualquiera, un sencillo chubasquero que esconde su identidad en plena noche. Todo se reduce al reconocimiento de esa habilidad y hasta dónde se puede llegar.
Si el tipo en cuestión resulta que es guardia de seguridad, parece que el rizo se empeña en rizarse, pero es que no ha tenido ni una mala herida en su vida. No se ha roto nada, no ha sufrido daño alguno. Incluso es el único superviviente de una terrible catástrofe y no solo eso. Posee un sexto sentido que es capaz de anticiparse a las cosas que pueden ocurrir siempre que toque levemente al autor. Nada mejor que el trasiego continuo de gente para que pueda saber quién va a hacer daño en poco tiempo a algún inocente. Lo único que es necesario es darse cuenta del lugar que ocupan en el mundo. Y, tal vez, puedan parecer ángeles enviados por la providencia para evitar ese terrible daño. Y no va a ser nada relacionado con la propiedad del mundo o cualquier otro sueño megalómano, no. Son sólo las crueldades propias de una sociedad que se esfuerza en depredar todo lo que se mueve bajo las justificaciones más peregrinas.

Nadie entendió demasiado esta película de M. Night Shyamalan cuando se estrenó y, con el tiempo, ha ido ganando en consideración. Probablemente porque el universo de los super-héroes se ha ido agrandando más y más dentro de las salas cinematográficas de todo el mundo y se ha tenido una visión en perspectiva mucho más certera sobre lo que intentó este director de origen indio. La interpretación de Bruce Willis es fantástica, muy alejada de sus héroes de acción habituales, con una banda sonora de James Newton Howard llena de fuerza y sentido, pero sin caer en la espectacularidad. Al fin y al cabo, eso es lo que se buscaba, retratar a un super-héroe del montón, uno cualquiera, uno que, por pura casualidad, encontró cuál era su misión.

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