martes, 8 de junio de 2010

CAMINO DE SANTA FE (1940), de Michael Curtiz


Si bien es cierto que la cotización de Errol Flynn en terrenos de western, si exceptuamos la maravillosa falsedad histórica de Murieron con las botas puestas, de Raoul Walsh, bajaba muchos enteros, no es menos cierto que estamos ante una de esas películas que dejan un cierto regusto a aventura, donde Flynn se movía con mucha más seguridad, gracias, sobre todo, a que detrás de la cámara se hallaba un director del estilo, de la clase y de la elegancia de Michael Curtiz. Todo ello no deja de ser curioso si tenemos en cuenta que Curtiz y Flynn se detestaban mutuamente y que hubiera sido demasiado fácil dejar a Flynn haciendo un triple tirabuzón sin red puesto que su imagen gallarda, de caballero de capa y espada y sonrisa de bribón difícilmente cuadraba con el agua salvaje salpicada por el cabalgar entre los ríos. Sin embargo, aquí Curtiz contaba con un par de ases en la manga que supo utilizar con singular maestría. Uno de ellos fue Raymond Massey que, en su papel de John Brown consigue una interpretación de tal magnitud que unos años después se decidió a hacer una película basada en la vida de este mítico héroe abolicionista norteamericano, que algunos se atrevieron a llamar terrorista, con el título original de Seven angry man, nunca estrenada en España. El otro, por supuesto, más que un as, era una reina que adquiría los rasgos y la sabiduría de una actriz de la talla de Olivia de Havilland.
Como curiosidad habría que decir que, en esta ocasión, se trata de otro retrato bastante figurado de un icono de la historia estadounidense como Jeb Stuart, amigo, entre otros, del general Custer, interpretado curiosamente por Ronald Reagan (mal, como siempre. Yo siempre he dicho que la mejor interpretación que hizo Reagan en su vida fue la última, en la imprescindible Código del hampa, de Don Siegel) que un par de años más tarde dejaría este mismo papel al mismo Errol Flynn.
En fin, que después de todo este galimatías, tenemos que decir que la película, a pesar de su nulo valor como documento histórico, es una entretenida película de ficción con personajes reales, con un final particularmente trepidante en el que suenan las trompetas de un destino que se escribe en el cuaderno pautado del cielo como un grito de libertad que, de forma excitante, te obliga a tomar partido en contra del eterno abuso del hombre contra el hombre, y te empuja a la rima poética de los verdaderos valores que deberían ser supremos en cada uno de nosotros. Así que, sinceramente, ¿qué importa que lo que nos cuente la película no sea verdad? ¿No es el cine un mero entretenimiento? Pues aquí lo hay a puñados.
La ética y la acción se presentan aquí disfrazadas de balas en un tambor de revólver que gira para hacer prevalecer los derechos del hombre de color. Y quizá ese sea el camino de la santa fe al que se refiere el título: decidir qué es lo que conviene a una mirada y cuál de las dos opciones es la que más conviene a una mirada que suplica por ser libre.

9 comentarios:

Scarlett dijo...

Lo bueno de una jornada de huelga es que se puede hacer como que se trabaja (para que no me quiten el día de la nómina) y estar leyendo tu blog. En ello estoy desde que era temprano.
Como siempre, muy interesante todo cuanto reseñas. Sólo añadir que en ese "colmo que hay en quien todavía sigue apoyando a Ridley Soctt a capa y flecha" ni que decir tiene que me encuentro yo.

César Bardés dijo...

Me alegro de que te hayas puesto al día. En cuanto a Ridley Scott no es la única que me habla de sus bondades. Es más, ha habido una persona que, directamente, me ha dicho que es "un genio". A mí me parece un fabuloso comerciante. Ahí está la prueba. Aún cuando hace cosas como "Robin Hood" todavía hay quien dice que es fantástico lo cual indica su maravillosa estretegia de marketing. Totalmente respetable tu opinión, Scarlett.

Scarlett dijo...

No en vano es un excelente publicista. Aun así, yo sigo pensando que también es un buen director.

César Bardés dijo...

Me gustaría mucho que vieras esta película y me dieras tu opinión sobre el desembarco en Inglaterra de los franceses con las mismas barcazas con que los americanos desembarcaron en Normandía, o cómo mezcla la redacción de la Carta Magna con la historia de Robin. Pura trampa, creo yo, para incautos. Ya te digo. Sé que hay gente que le considera un gran director (y yo aún añadiría más "podría ser un gran director") pero tiene más cartón detrás que un decorado de Zarzuela.

Scarlett dijo...

Voy a cinetube a ver si está ya y me la bajo. Jamás pensé que haría yo estas cosas de bajar y eso, pero es que no tengo más remedio si quiero ver algo de cine "moderno".
Venga, la veo y te cuento, a ver si es un bodrio como ¿se llamaba las puertas del cielo?. Madre mía, qué cosa más mala...

César Bardés dijo...

Era "El reino de los cielos". A mí de esa película me gustó la interpretación de Edward Norton, entre otras cosas porque no enseñaba la cara en ningún momento (parece una tontería pero no hay muchos actores de primera línea que estén dispuestos a hacer algo así). Eso sí, no pude reprimir las risas cuando cañonean las murallas de Jerusalén y hasta hay explosiones...por favor...

Scarlett dijo...

Me pillas en fuera de juego. Va a ser que me gusta Scott por inculta...
Pero, en la época de las cruzadas ya se había inventado la pólvora,¿no?. Quiero decir que los infieles sí que la manejaban. ¿O te refieres a que aún no había cañones?
Jajajaja, madre mía, si no sé ná...
Si es que ya, si me apuras, eso es lo de menos. No me gusta que se falsee la historia, desde luego, pero una metedura de pata dentro de una historia bien lograda, tampoco tendría que ser para rasgarse las vestiduras. El caso es otro. El caso es que no hay continuidad en el relato, es que hay altibajos insalvables en la narración, es que hay parcelas que se exponen y se pierden, sobre las que se reincide a destiempo y que acaban en nada. Me refiero a un guión más endeble que mi pelo en otoño.

César Bardés dijo...

Hombre, que yo sepa la pólvora como tal la inventan los chinos y es Marco Polo el que la trae a Occidente con lo que las cosas no me cuadran demasiado. Las licencias históricas están permitidas por supuesto (ahí está el magnífico ejemplo de Quentin Tarantino con sus "Malditos bastardos") pero como tú bien dices, esa licencia hay que desarrollarla con algo de lógica, con una causa y con un guión que trabaje para hacer que esa modificación sea más o menos creíble. Yo creo, modestamente, que la batalla que rueda Ridley Scott en "Robin Hood" es de vergüenza ajena, con elementos propios de un niño de teta pero el tío es tan buen comerciante que la gente traga y traga con gusto. Y eso es así. Véla y ya me dirás. Si es que hasta la planificación es más propia de un principiante o de un tuercebotas como Michael Bay, no digo más.

Scarlett dijo...

Ya, ya tengo la peli, que sí que estaba en cinetube. A ver si no me duermo esta noche y la puedo ver. Ya te cuento.