jueves, 18 de septiembre de 2014

EL HOMBRE MÁS BUSCADO (2014), de Anton Corbijn

Demasiados peligros después de aquel aciago día. La psicosis de los servicios secretos de medio mundo para que no vuelva a repetirse aquella barbaridad se convierte en un nuevo modo de terrorismo. La sospecha va antes que la prueba. Más vale coger al pez pequeño mucho antes que esperar y tener paciencia y coger algo más grande. Resultados inmediatos. Tranquilidad instantánea. Y, sobre todo, una total falta de escrúpulos que hace que la traición pueda venir detrás de una sonrisa de complicidad.

En medio de todo ello, un espía cansado. Un hombre que no ha renunciado a sus ideales pero que entorna los ojos porque ya no puede digerir tanta decepción. Se fuma la vida entera y todo lo ve a través del cristal del fondo de un vaso lleno de algún brebaje del infierno. Él sigue haciendo su trabajo, es bueno haciéndolo y lo sabe, pero cada vez le faltan más fuerzas, más ánimos, más verdad. La mentira le asedia y el afecto pasa a su lado sin detenerse. No importa. Él solo devuelve una mirada de desidia, de hastío, de viaje de vuelta que tendrá que terminar en cualquier momento.
Pero la profesionalidad no sirve de nada en un mundo que solo se preocupa de alimentar a los tiburones para que al resto solo le queden las migajas. Toda la maquinaria del espionaje se mueve por parámetros de cloaca y la inocencia queda engullida en una terrible vorágine de venganza que no termina de consumarse. No todos los musulmanes son terroristas. No todos los que pretenden hacer justicia se mueven por ideales nobles. Tal vez, esta humanidad lleva demasiado peso personal encima y somos incapaces de servir el bien colectivo sin antes haber pasado por la taquilla de nuestras propias soberbias.
Y así, gente normal se ve implicada en un intento de llegar un poco más allá, de hacer que el modo de vida que conocemos sea algo un poco más seguro y que dependa menos de la locura de unos tipos que están alienados por su religión, por su odio ciego a Occidente, por la posesión de su razón deformada que no va más allá de satisfacer su deseo de venganza total con la sangre de gente inocente que jamás se ha planteado nada más allá de una simple suma. La mirada del espía busca respuestas allá por donde pasa, de forma inquieta, casi como una sombra vigilante que quiere descansar alguna vez. Camina sobre el abismo y solo hace falta un pequeño empujón para que todo, incluso la verdad interior, se venga abajo. Quizá ese sea el sino del individuo que trabaja creyendo realmente que hace algo por la seguridad de las personas y comparte su labor con un puñado de mafiosos sin conciencia.
Philip Seymour Hoffman nos dejó este pequeño regalo antes de marcharse: la interpretación de un espía cansado, íntegro y antipático, un héroe anónimo que ni siquiera desea medallas. Y él es la principal razón para ver esta película. Más allá de la dirección, más o menos acertada, de Antón Corbijn; de la belleza más que evidente de una actriz de poco tono dramático como Rachel McAdams; o de la adusta e imprescindible intervención de una dama como Robin Wright; o, incluso, del descolocado deambular de Willem Dafoe, Hoffman se erige como auténtico dominador de la función con un papel gris que, en manos de cualquier otro, se quedaría en un mero aroma a cerrado, a aire viciado envuelto en tabaco rancio, a una nada sin alcohol.

Y es que la pluma de John Le Carré pesa mucho a la hora de describir vidas tristes y despreciadas, profundamente infelices, que están muy lejos de honores públicos o reconocimientos multitudinarios. Eso, hoy en día, solo lo buscan los inútiles que prometen cosas que se quieren oír, tal vez para ganar un paraíso eterno similar al que algunos creen alcanzar cuando se rebelan contra los países de edificios de acero y cristal.                                                

10 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Bueno pues las ganas de leerte hablar sobre esta peli no han sido en absoluto defraudadas, salvo quizá en un punto, hablas de un pequeño regalo y a mi me parece un gran obsequio, porque en ese gris deambular del buen profesional, de un hombre del pasado que lleva mucho peso ya, pero sigue confiando en la palabra de los demás tanto como en la suya propia, hay más verdad que en otros grandes ejercicios dramáticos que se han llevado tantos aplausos.
Es dificil componer a un hombre sin más excesos que el fumar compulsivo y resultar tan atractivo como sus propias convicciones.

Del mismo modo que es dificil poner en imagenes a Le Carré porque sus historias de espionaje tienen más de trabajo casi burocrático que de grandes acciones propias de James Bond, y así no es facil atrapar la tensión cuando la escena de más acción es una persecución de 5 minutos con dos carreras y un frenazo.
Y sin embargo, el material era bueno y Corbjin que ya demostró que se mueve correctamente en las historias premiosas (recordemos "El americano") no necesita las prisas, casí las anula, pero el peso de Hoffman es tal que no notamos la falta de ritmo, porque es él mismo con su actuación el que nostransmite la premutra y la tensión.

También me pareció grande la presencia de Robin Wrigth a la que me costó reconocer con su color de pelo, pero cuya garantia de buen hacer resulta fundamental para la credibilidad de la película. McAdams no está mal aunque su rostro tiene más posibilidades de personaje pizpireto que en un drama angustioso, pero también da el pego como una mujer cuyo juego de buenismo le sobrepasa, si imagino a otra actriz más intensa lo mismo hubiera sido peor. La presencia de Dafoe es secundaria en todos los aspectos, ni tiene enjundia su actuación, ni su personaje aunque teóricamente pudiera parecer clave lo es.

Si hay una escena que escoger, precisamente sería la última, creo que cierra perfectamente la película y mucho más.

A mi me ha parecido una buena película, un notable alto y una actuación de Hoffman mucho más que destacable.

Abrazos con camaras ocultas

César Bardés dijo...

Digamos que es un gran obsequio en una película que es un pequeño regalo porque no es una obra maestra aunque sí es una película estimable y, desde luego, a tener en cuenta.
Yo creo que Hoffman clava al personaje porque le da mucha hondura. Ahí se intuye a ese espía que comenzó con entusiasmo, que luchó por cosas en las que llegó a creer y que el mismo juego del espionaje se ha encargado de arrasar a través de traiciones en la propia casa y de decepciones vitales acompañadas (muy descriptivo es ese "beso de camuflaje" que se da con la secretaria y cómo ella casi se queda con ganas de más mientras que él no da la más mínima importancia).
Lo importante es que en la película él sabe transmitir muy bien que tiene atisbos de hacer algo correcto, con el apoyo que necesita y que puede ser una victoria pírrica (ojo, no estoy desvelando nada) pero, al menos, puede llegar a ser un principio para volver a coger algo de ilusión, esa ilusión que le hizo llegar a ser un profesional de altura.
Dentro de esa decepción que rodea al personaje sabe transmitir muchísimos matices y dibuja a un personaje que, ya digo en el artículo, en manos de cualquier otro hubiera sido solo un aire decepcionado y harto. Creo que, a pesar de la brevedad, la relación que entabla con Robin Wright es muy descriptiva de toda la evolución del personaje y ella está, sencillamente, maravillosa.
Yo creo que a McAdams le falta altura para esa encrucijada que tiene el personaje sobre el buenismo que puede llegar incluso a ser perjudicial aunque solo sea para cerrar heridas con respecto a su procedencia. Lo de Willem Dafoe es que es un personaje muy extraño. Se supone que es un banquero agresivo y se deja manejar como un muñeco. Se le presenta como un personaje que va a ser vital en la trama y luego se queda en simple escenógrafo y luego un detalle muy importante. No sé quién ha sido la encargada de vestuario pero el abrigo que lleva es poco menos que el de Nosferatu. Le está estrecho, poco favorecedor, se le nota incómodo...Algo raro en un actor que, al menos por veteranía, debería dar un poco más.
En cuanto a quién podría haber estado mejor que McAdams...pues mira, sin ir más lejos y ya que la acabas de nombrar en otro comentario...Emily Blunt creo que hubiese estado realmente bien en ese papel.
Es una buena película (el personaje de Dafoe se me queda corto y por ahí creo que cojea un poco todo) pero lo mejor, sin duda, con un sobresaliente es Hoffman.
Abrazos con micrófonos escuchando.

CARPET_WALLY dijo...

Efectivamente el personaje de Dafoe hace que la película cojee, también la sospecha del supuesto gran peligro que supone el recien llegado, un poco cogida por los pelos en principio y que aunque todo el tiempo se nos lo presente como alguien muy peligroso no hay ningún motivo que nos lo muestre así, salvo tal vez nuestra propia predisposición a juzgar a quien desconocemos.
También la película nos hace pensar que estamos muy seguros ahora, porque el control de cualquier movimiento extraño es abosluto aunque se haga con un equipo tan reducido como el que maneja Hoffman, incluso sorprende las maniobras que este realiza al margen de otras agencias.

Lo de Emily Blunt lo compro aunque quizá parezca con mucho más caracter y menos propensa a aceptar al cabo de poco tiempo ciertos tratos que en la McAdams te crees porque parece lo suyo más una postura estética que ética, a veces. Incluso hay un cierto tono de enamoramiento que creo que no ayuda mucho al film,.

Y si el testamento de Hoffman, esa desidia vital del personaje incluso cuadra con lo que nos han contado de él en los últimos días, es excelente. Su presencia en lo que queda de "Los juegos del hambre" no sé como se va a solucionar pero se notará.

Abrazos negociados

César Bardés dijo...

Yo creo que, efectivamente, la película va por ahí. El tipo es presentado como siniestro, como alguien que tiene mucho que esconder cuando, en realidad, solo es alguien con pánico (normal habida cuenta lo que ha vivido).
Yo creo que la película, sin embargo, no quiere decir que estamos muy seguros ahora sino que el sistema democrático no es muy democrático si se permiten esas transgresiones de las líneas rojas por parte de los servicios de espionaje basándose únicamente en la procedencia de alguien. El prejuicio (entendido como pre-juicio) es un enemigo de la serenidad y, detrás de esa dureza por parte de los susodichos, está el pánico a que aquello vuelva a repetirse.
Estoy totalmente de acuerdo en que el tono de enamoramiento perjudica de forma notable a la película. Es algo que sobra y de lo que se puede prescindir sin ningún problema. Por otro lado, sí que estoy de acuerdo en que la postura de la McAdams es más estética que ética (hartos estamos de ver estos supuestos, pero hartos) pero creo que hubiera sido más interesante, quizá, ver a Blunt en ese papel habida cuenta de que tiene un rostro mucho más curtido que puede expresar, por tanto, algo más de culpabilidad.
Es lástima que la última película en la que aparezca Hoffman sea "Los juegos del hambre", eso es verdad.
Antes se me ha olvidado decirte cuál es la escena que más me gusta de la película. Yo me quedo con esa reunión entre todas las unidades donde está Robin Wright y Hoffman expone las razones por las que está haciendo lo que está haciendo. Es el único momento en el que sonríe...buscando una complicidad que es una quimera.
Abrazos con corbata con olor a cansado.

CARPET_WALLY dijo...

Si, los encuentros de Hoffman y Wrigth son una pequeña gozada, de hecho ese dialogo:
-¿Pero cuál es el objetivo?
- Que el mundo sea un poco más seguro.

No desvelo nada, está en todos los cortes publicitarios.

Esa respuesta es la devolución de la moneda del encuentro de ambos en el bar, cunado ella se gana su confianza confesándole una actuación en el pasado que causó un gran daño a sus colaboradores.


Y si, efectivamente lo que Le Carré y la película nos dice es que en aras de la seguridad estamos expuestos a quebrantos de la ley mucho tan injustos como los que se quiere controlar, a lo que me refería es que el control de un único emigrante, como bien dices, asustado es apabullante y más teniendo en cuenta que su localización inicial se basa en un encontronazo casual con un transeúnte.

También como comenté con cierto prejuicio (también juzgado a priori) sin haber visto la peli, bebe bastante en las fuentes de "Homeland", la serie de los que todos hablan maravillas pero que a mí me deja bastante frio. Quizá sea gracias a ella que esta película pueda ser más aceptada por el gran público porque su economía de escenas de verdadera acción podían hacerla bastante menos digerible. Pero gracias a la serie puede llegar el aspecto de amenaza oculta, de peligro inminente, de decisiones ocultas y secretos bajo la alfombra....todo en aras de conseguir que podamos salir a la compra sin pensar en los espantos que nos acechan.

Lo de "los juegos del hambre", obviamente a años luz de esta película, habrá que verlo porque si bien la primera de la saga me pareció bastante mediocre, la segunda me dejo un buen sabor de boca, mucho más seria, más interesante y bastante mejor rodada.


Abrazos con saco en la cabeza

César Bardés dijo...

Es que lo maravilloso del personaje de Hoffman es que no ha perdido, por mucha decepción que le rodee, ninguno de sus ideales. Él cree que lo que hace es justo y que tiene que hacerse. Lo que diverge es la manera de hacerlo. Su integridad sigue intacta (por mucho que no le guste tomar determinadas decisiones, las toma)y ahí radica uno de los puntos más álgidos de su personaje. La confrontación con Robin Wright alcanza límites maravillosos porque ella, dibujada mucho más como una funcionaria, es una mujer que maneja hilos con rostro de ángel aunque, sin duda, guarda una dureza que llega a imponer a cualquiera. Lo estupendo es que el personaje de Hoffman no se arredra ante ella y se entabla una relación entre ambos que es, cuando menos, apasionante.
Bien visto y muy de acuerdo lo que comentas de "Homeland" y también la visión que expones sobre Le Carré. A mí este tipo siempre me ha gustado mucho en sus planteamientos. Ha sido un escritor que ha expuesto con valentía el lado más oscuro de los servicios de espionaje y le ha quitado todo el heroísmo que pudiera sobrevolar sobre ellos. La profesión de espía no es grata, no es una gran vida, no es nada que se pueda comparar con James Bond. Y Le Carré se ha encargado a través de sus novelas de rebajar esa mitología hasta hacerla funcionarial, casi a pie de calle.
Por supuesto, todos los servicios de espionaje en pleno funcionamiento son amenazas en la sombra que tratan de sobreproteger un estado que tiene sus propios medios de defensa. El espionaje, necesario por otra parte para cualquier país, debe de ir a la raíz de los problemas y no a sus ramificaciones pero eso es como pedir a un olmo que dé peras. Hay que justificar comportamientos, hay que trasladar actitudes y hay que dar la impresión de que alguien en la enorme maquinaria del poder se preocupa del ciudadano de a pie. Y eso no es verdad en ningún caso. A nadie le importa el ciudadano de a pie. Ni siquiera a los pretendidos "modernos".
Veamos qué pasa con lo de "Los juegos del hambre". Ya, de momento, que la historia se divida en dos partes me echa un poco para atrás pero estoy a la expectativa.
Abrazos desde la habitación sin ventanas.

dexter zgz dijo...

Salam alekum, hermano

Lo malo de estar 20 días fuera de casa es lo que te aguarda amontonado después. Y no me refiero al trabajo, que también, aunque debo aclarar que mis compis se han portado esta vez. A ver si consigo pronto ponerme al día en lo otro, que cuando veo lo que me falta y me da vértigo: Linklater, Monzón (esta no pensaba pero tus palabras van a misa), esa "isla mínima" que se estrena el viernes y que tiene una pinta estupenda, y por supuesto tío Clint.

En mi afán por eso precisamente, por ponerme al día me acerqué ayer a ver esta espléndida cinta que se beneficia de una gran interpretación de Seymour Hoffman pero de muchas cosas más. A mí me emociona ver a este hombre poniendo punto final a su carrera con una película que rezuma tanto desencanto (el sinsajo ese supongo que lo veré arrastrado por mi sobri pero pa mi no cuenta). Esa reacción final del prota de "paren el mundo que yo me bajo" y sobre todo ese ultimísimo plano de la cinta me parecen muy elocuentes y macabravente visionarios casi. Me emociona de una forma muy distinta a la que lo hizo Gandolfini en "Sobran las palabras", un hombre que renace y recupera la ilusión por vivir.

En fin, que me voy por los cerros de Úbeda. Me parece muy significativo también que la película se abra con esa leyenda que hace alusión a los atentados del 11 S que tuvieron Hamburgo como uno de los principales centros de operaciones. Y es que la película no incide tanto en lo del mundo más seguro como de nuevo en la dicotomía entre libertad y seguridad. Que si a los personajes para que estén más seguros los tienen que encerrar, pues ya me dirás tú.

Cierto es lo de Robin Wright y Dafoe y sus desaprovechados personajes. Yo relaciono la oscuridad de estos con el estilo de Le Carré más que con el de la película. Y que conste que al escritor lo conozco más por las adaptaciones al cine que por su obra en sí.

Me fijé también en el detalle del beso, lo cual demuestra que Corbjin se decanta más por lo sutil que por lo aparatoso. Creo que está muy bien llevada y dirigida la peli. Con todo, me quedo con ese regusto final de desencanto que te deja, muy propio también de Le Carré. En este sentido, la película se me acerca más a "El jardinero fiel" que a "El topo" por ejemplo.

Abrazos con airbag

César Bardés dijo...

La de Linklater es un postureo del trece. El chico va de "in" y para mí que la película es totalmente prescindible, pero adelante. Creo que Truffaut lo hizo ya mucho mejor y mucho más atinadamente con Antoine Doinel.
Esa reacción final del prota que no solo es "paren el mundo que yo me bajo" es, sencillamente, un bonito plano de que lo deja, de que manda a tomar viento todo y que no cuenten más con él. Al fin y al cabo, vuelvo a decir, lo que me encanta del personaje es que, a pesar del desencanto, de su seriedad, de su cansancio...no ha perdido un ápice de su ética, hace lo que debe hacer y, es más, lo hace bien. Eso enriquece al personaje y permite a Hoffman componer todas sus emociones soterradas.
Cierta es la dicotomía entre libertad y seguridad. Libertad ¿a qué precio?
Creo que Wright no está tan desaprovechada. No es un papel principal ni mucho menos, pero creo que tiene ocasión de lucirse y también de componer un personaje alrededor del cual construye un muro de muy difícil penetración. Lo de Dafoe sí que me parece, simplemente, desacertado. Creo que una apariencia más normal y más cómoda daría una idea más realista (que en el fondo es lo que pretende Le Carré) de un banquero y no ese tío timorato, fácilmente influenciable y absolutamente perdido porque cree que lo que hace no está demasiado bien a pesar de que en su trabajo no está bien de todas todas.
La verdad es que con la dirección de Corbijn me llevé una sorpresa, habida cuenta de lo lentísima que se me hizo "El americano" y que Le Carré es un autor muy dado a la lentitud en sus adaptaciones. También es cierto que se asemeja más a "El jardinero fiel" que a "El topo" y aún más lo hace acercándose a "El espía que surgió del frío", de Martin Ritt con un Richard Burton con un desencanto muy, muy cercano a éste.
Abrazos encendiendo un cigarrillo.

dexter zgz dijo...

Sí, a mí también me mosqueó un personaje de Dafoe. De hecho al principio no me enteraba de nada, no se sabe quién le dice a Hoffman lo de "he ido a recogerle al aeropuerto" que al final resulta clave. La película se me empezó a hacer intensa cuando aparece el personaje de Dafoe que a su vez sirve para redescubrir al personaje del checheno. Y de repente, puff, Dafoe se evapora.

Por cierto ¿han pensado hacer un biopic de Mick Jagger? Tengo al protagonista perfecto.

Abrazos con satisfaction

César Bardés dijo...

Pues de Mick Jagger no pero de Pasolini...creo que es lo próximo de Dafoe. Sí, se parece un poco bien mirado. De lo que no estoy tan seguro es que Pasolini sea tan apasionante como para mitificar a un tío que fue pederasta y bastante chiflado.
No, no está bien perfilado ese personaje. No he leído la novela de Le Carré pero sospecho que ha sido un problema de adaptación.
Abrazos teóricos.