martes, 9 de septiembre de 2014

LAUREN BACALL: NO SABEMOS SILBAR

Hoy el programa "La gran evasión" dirigido por José Miguel Moreno volverá para hablar del cine negro en general. Si queréis escuchar el último programa está aquí. Y como ella, la chica que encandiló a Bogart, nos ha dejado y también fue una de las grandes damas del cine negro, matamos dos pájaros de un tiro teniendo mucho cuidado para no arrugarnos la gabardina.

 Caigo hechizado bajo el influjo de esa mirada que parece creada para protegerse de los hombres. Rubia celosía para un rostro de mujer sin miedo. Estilo consumado que consume cuando sólo se recibe el desplante de la ironía. "¿Sabes silbar? Sólo necesitas juntar los labios y soplar". Y en el desgarbo de su altura, en su voz ronca y aguardentosa es donde se esconden algunos sueños de clase, elegancia y anhelo. Dedos largos para sostener un cigarrillo que nunca termina su viaje de fuego y ceniza porque desea probar más tiempo el sabor de sus labios eternos que tan bien silban. Dentro de ella, la fragilidad latente de las mujeres fuertes, aquellas que son capaces de saltar barreras, de fingir casualidades, de propinar bofetadas verbales pero que, una vez derruido el muro impenetrable que saben edificar, muestran la sensibilidad escondida que nunca quieren enseñar porque esa es el verdadera desnudez.
"¿Suele tratar a las personas como si fueran focas amaestradas?"...y Bogart dice "Sí”, por la sencilla razón de que a mujeres así jamás se les puede decir que no. Sería como negar la belleza de la oscuridad erguida sobre una mirada de barbilla bajada y ojos hacia el cielo, igual que las nubes que surcan la ensoñación de un pobre mortal.
Detrás de ese hielo lánguido, delgada capa de protección ante los embates de la masculinidad incorrecta y embravecida, se esconde la súplica hacia quien sabe leer su corazón, rincón donde un hombre sabe que nadie podrá hacerle daño pues lo que ella ama como mujer lo defiende como fiera y cuando la madurez, bendito trazo de serenidad y sabiduría, llega hasta su faz de terciopelo entonces desata el callejón de su visión lejana y cínica con el punto de la ironía por encima de cualquier oponente y aún así...aún así...qué latidos de cariño subyacen en todo su arsenal de sonrisas ladeadas que toman el pelo en una irresistible mezcolanza de desafío y arrogancia...
Y en su nombre, en el mero resonar de su nombre, sientes la suavidad en tus propios dedos como si quien te dirigiera la mirada a través de la imagen siempre falsa de una ficción que se convierte en la realidad de tu memoria, lo hiciera a través de la luz de una vela que, temblorosa, se atreve a buscar la luz de su rostro...Lauren...Lauren...qué pecado fue decir tu nombre sin saber silbar...



6 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Grande Wolf...impresionante. No tengo palabras, sólo aplausos.

César Bardés dijo...

Gracias, Carpet. Los acojo con modestia y con agradecimiento. Si es que tendría que haber nacido en blanco y negro, joer...
Abrazos con humo.

CARPET_WALLY dijo...

Ya dije en su día que Lauren no está entre mis preferidas, pienso que más que actriz es una presencia.
Actuar lo hacia y muy bien, pero quedaba oscurecido por su estar, la elegancia, la mujer que está muy por encima de cualquier hombre, de esas que no pueden pasar jamás desapercibidas y que en una fiesta con 100.000 inivitados acapara las miradas aunque esté sólo en un rincón sin decir una palabra, claro que eso sería altamente improbable porque existen siempre los hombres ávidos de caza mayor que se atreverían a importunarla para fardar. Yo no. Yo quedaría engullido en la masa atisbandola imperceptiblemente como si no jugase en mi liga y buscaría la belleza seguramente no menor pero más común, más terrenal.
Pero claro yo tampoco sabría silbar a su lado y por mucho que juntase los labios y expulsara el aire, se me quedaría huerfano de sonido. Seguramente Freud tendría muchas explicaciones sobre la, a priori, intimidación que siento ante ese tipo de mujeres...si es que hay un tipo y no se reduce a un ejemplar único en la especie.

Naciste (nacimos) en blanco y negro, amigo. Se nos nota. Lo que pasa es que ya existía el sonoro y gracias a eso se te da tan bien lo de encontrar las palabras.

Abrazos con boquilla, que no de boquilla.

César Bardés dijo...

Pues, más o menos, esa es la sensación, Carpet. Una mujer que parecía escrutar y desafiar a la vez con su mirada, elegante, flacucha (Bogart la llamaba "Flaca") y que intimidaba con su estar. Yo, con toda probabilidad, adoptaría la misma actitud que tú. Estaría confundido en la multitud buscando algo que me fuera más a la medida. Pero eso sí, tal vez hiciera algo, no muy llamativo que haría que ella volviera, durante un segundo, la mirada. Buscaría esa mirada que parece que tampoco repara en nosotros pero que sí, sí se fija. Es esa mirada que se fija fugazmente en ti y pasa de largo, como si no existieras pero algo en mí, en mi pequeño orgullo interior, se removería. Tal vez porque una mujer de mirada tan altiva, tan por encima de mi línea visual, hubiera dedicado un segundo a mirar, a inspeccionar y a despreciar (porque ése sería el resultado final) a un don nadie como yo.
Gracias de nuevo. Hoy has hecho que el día sea diferente.
Abrazos con el vaso de whisky en la mano.

Raúl dijo...

Maravilloso artículo.
Que ojos los de Lauren Bacall, que mirada!
Un abrazo César, soy Raúl, del programa la Gran Evasión.

César Bardés dijo...

Hola, Raúl, bienvenido por estos lares que también son los tuyos. Gracias por el elogio, inmerecido, y, sobre todo, porque esa mirada nos cautivó a los dos. Ya no se mira así en el cine ¿verdad?
Un abrazo.