miércoles, 8 de julio de 2015

EUROPA (1991), de Lars Von Trier

A la cuenta de diez, despertarás de un profundo sueño…y estarás en Europa.
Y digo UNO: La vía del tren se sucede con sus traviesas, intentando anunciarte los peligros de un terreno que no vas a conocer bien. La gente quiere dejar atrás los engaños y los tratos de favor. Quiere mirar hacia delante…pero sin dejar de mirar atrás. Vas a tener que gritar mucho si quieres que el tren se pare. El sueño se te está haciendo muy profundo, muy gris, muy anquilosado…
Y digo DOS: Intentas echar una mano porque sientes que debes hacerlo. Los necesitados siempre piden esa mano y la destrucción y la pobreza se multiplican en cada parada. Crees que la pesadilla ha pasado, pero no ha hecho más que empezar porque la gente es la peor de las enfermedades. Volverán a caer en los mismos errores que dan pie a la monstruosidad. Y eso, amigo, es muy duro de asimilar. Los párpados te pesan como plomos. Las pestañas son púas de acero. El tren continúa con su rítmico tamborilear en las vías de hierro.
Y digo TRES: El defecto básico del pobre es que no quiere ayuda porque cree que aceptarla es un sinónimo de humillación así que ahí estarás tú, insultado por unos y por otros, creyendo que haces algo bueno cuando lo único que estás consiguiendo es ser un obstáculo, una molestia, el típico idealista bueno que viene a enseñar lecciones de moral y bondad a un pueblo que se alió con el terror. El sueño parece no tener fin.
Y digo CUATRO: Unas montañas de carne suave que te ofrecen el color que no te da el blanco y negro de las vías férreas. Como un tren, penetras en el túnel y vuelas hacia un cariño que, en el fondo, siempre has ansiado. Un reconocimiento tierno para una elección fría. Porque matar, al fin y al cabo, es una elección helada. El sueño se te hace intenso pero más leve, más superficial, más ingrato.
Y digo CINCO: El terrorismo contra el invasor te toca de cerca porque eres un conductor de coche-cama. Esta gente parece que se ha acostumbrado a vivir de tal manera que hacen lo que tienen que hacer cualesquiera que sean las circunstancias. Y eso no es así. Hay que parar cuando es necesario y acelerar la velocidad cuando la ocasión lo requiere. El sueño se te dispara hacia arriba. La luz comienza a abrirse paso.
Y digo SEIS: Las culpabilidades hacen mella y quien explotó a los judíos no puede con la culpa y el explotado no quiere fingir para ayudar al falso progreso. El progreso no son las máquinas, ni su número, ni su fabricación, ni su invención. El progreso son las personas y, después de una guerra, las personas están en retirada. Si obedeces el reglamento todo irá bien. Si no, se te detraerá del sueldo. La luz es nocturna y el fuego crece en la locomotora del despertar.
Y digo SIETE: Cuando despiertes…no…no será un despertar. Será un adormecer, un sumergirse en el agua esperando esa muerte que tanto esperaron en el país y que algunos sienten no haber probado. Todos quisieron morir y la guerra les deparó algo peor: la humillación. Es como el conductor de coche-cama que quiere controlar todos los movimientos de sus pasajeros. Al final, todo es una sensación de claustrofobia ordenada. Pronto vas a despertar.
Y digo OCHO: Comienzas a escuchar demasiado ruido en tu cerebro. Los terroristas. La chica. El maldito coronel americano. El tío borracho. La inutilidad del esfuerzo. Yo no vengo aquí a examinarme, vengo a intentar que las cosas mejoren, aunque solo sea trabajando honradamente. El tren tiene que pararse para que pueda pensar. Ése es el centro de la cuestión: pensar. Nadie quiere que piense. Ni siquiera el tren que se diluye por debajo de mis ojos.
Y digo NUEVE: Ya estás despertando. Solo te quedan unos pocos latidos. Ya vas a tener la prueba definitiva de que el miedo solo trae la desesperación, de que los de siempre van a seguir mandando en los corazones y en las mentes, de que el espíritu de una nación es tan voluble como un río que crece y disminuye su caudal. Cuando llegue a diez, ya estarás en Europa.

Y digo DIEZ: Abre los ojos. Estás en Europa. Pero ya no puedes abrirlos. Estás muerto. 

6 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Ya lo hemos comentado otras veces, para mi es la mejor película de Von Tier de largo.Extraña y muy metafórica, pero extraordinariamente bella y poética a la vez (como tu post en el fondo). Una Europa negra que parecía que nos hablaba del pasado y ni imaginabamos que había una gran parte de futuro en lo que veíamos. Era la etapa pre- Europe is living a celebratión. ¡¡Madre mía, que desengaño!!


Las personas son el progreso, dices y nos dice Trier. Y los que creemos en esa premisa somos idealistas y por tanto un obstáculo. Y no molestamos demasiado porque no somos nada, ni guiamos el tren, ni cuidamos el coche-cama, de hecho creíamos que eramos pasajeros, pero ni eso, ni en tercera...somos las traviesas de los railes. Sentimos la vibración, aguantamos la presión y nos llenan de polvo y grava cada vez que sobre nosotros pasa el Expreso, pero estamos convenientemente separados los unos de los otros para que podamos exigir algún cambio.

Gran post, me ha dado gana de revisar la peli de nuevo.

Abrazos intentando no dormirnos.

César Bardés dijo...

Estoy de acuerdo en que es la mejor película de Von Trier de largo, no solo temáticamente sino también formalmente, llena de homenajes impresionantes y podríamos decir que hasta incisivos a grandes clásicos de la historia del cine. Eso quizá era muy grande en la película: cómo nos hablaba del pasado y nos advertía muy claramente que eso podría volver a ocurrir. Y está ocurriendo.
Sí, somos esas traviesas del tren que soportan la presión y se llenan de grava y polvo pero que también hipnotizan y son el suave ritmo de la vida cuando nos pasa por encima. Por supuesto, si revisas la peli, no dejes de hacer en Versión Original Subtitulada para disfrutar de la tremenda voz y entonación de Max Von Sydow como ese narrador que nos lleva a un punto en el que ya no hay retorno.
Abrazos con llave maestra

P. S. Gracias por tus palabras. Todas ellas.

CARPET_WALLY dijo...

Cierto lo de Von Sydow, cuando se estrenó, lo hizo sólo en VOS y me pareció impresionante.

De nada, ahí estamos para lo que se nos necesite, sé que es recíproco.

Abrazos con reloj girando a toda prisa.

César Bardés dijo...

Por supuesto que lo es y no lo dudes. Así da gusto.
Abrazos con la mecha consumiéndose

Raúl dijo...

Una pelí muy fría y oscura del señor Von Trier, ese tictac del reloj y ese tren tan inquietante, y el tema de la hipnosis que a mi me dejó también frío en un principio. Hasta que comprendes que Von Trier lo que está haciendo es usarla como un recurso, devolverte a Europa y a la tragedia que está ahí y no se la puede enterrar así como así. De hecho la Europa actual tampoco tiene buena pinta ni augura nada bueno. Salud.

César Bardés dijo...

Estoy de acuerdo en que es oscura (su fotografía en blanco y negro es aún más oscura y él se empeña en oscurecerlo todo) pero no es nada fría ¿eh? Que hace juicios muy profundos y muy valiosos. La hipnosis no es más que un recurso narrativo para que ese narrador omnisciente que es Max Von Sydow nos una las escenas a través de esa cuenta que no es más que un camino hacia el final. Yo creo que, de hecho, Von Trier habla algo de la Europa de hoy en día, que hay algo de premonitorio en ese pasado al que se atreve a echar una mirada por mucho que nos empeñemos en negarlo. Ya lo dijo no sé quién: Un pueblo que no conoce su historia está abocado a repetirla. Así va España. Así va Europa.