viernes, 3 de julio de 2015

EL ÚLTIMO METRO (1980), de François Truffaut

Estar bajo la ocupación nazi no quiere decir que no haya una cierta normalidad. Los teatros siguen abriendo y la gente acude en masa porque quiere distraerse de la desgracia. Las obras se suceden, los éxitos se acumulan y no es fácil obtener el beneplácito de una crítica que está vendida al fascismo. Quizá en el teatro, como en la vida, lo más importante es lo que no se dice.
No se dice que un hombre está enamorado de todas las mujeres y que, precisamente a la que ama, no se acerca, no sea que el fuego de esa candileja que arde todas las noches a su lado en la escena le queme. No se dice que una actriz está encandilada con un actor porque ella es fría, distante, gran dama de la escena cinematográfica y algo menos intensa en el teatro pero no soporta que su compañero la toque, ni siquiera actuando, porque la piel se le eriza y el sentimiento la traiciona. No se dice que el crítico teatral a sueldo del colaboracionismo quiere hacerse con un teatro y con su primera actriz porque, sencillamente, ella es bellísima y él es el típico acomplejado que solo hace su trabajo: decir bien a las claras que el teatro que viene de los judíos es reprobable artísticamente, un cáncer para todo el espectador que se atreva a pagar una entrada por ello. No se dice que, entre bambalinas, las pasiones se distribuyen porque la convivencia es muy cercana y es fácil adivinar que el tramoyista, el hombre para todo, es un perfecto intermediario para el contrabando porque sabe cómo y dónde conseguir todo lo que se necesita. Y, sobre todo, no se dice que el verdadero dueño del teatro, el judío perseguido e ínclito director de escena se esconde justo debajo de las tablas, escuchando todas y cada una de las palabras de los ensayos. Solo así se puede intuir que arriba se está creando una historia de amor y que hay que aprovecharla para tener un éxito más en plena ocupación.

Tal vez esta película forme un tríptico apasionado por parte de François Truffaut que expresó su tremendo amor por la Literatura en Fahrenheit 451, su pasión desenfrenada por el cine en La noche americana y aquí rinde homenaje al cariño y orden que despliega el teatro, escenario de la evasión perfecta en un mundo que escapa entre bombas traicioneras y represiones injustas. Para ello, Truffaut sabe buscar la complicidad de una actriz tal vez demasiado fría para las aristas de un papel que requiere algo más que distancia como Catherine Deneuve, pero que compensa con un actor visceral y arrojado como Gerard Depardieu, tal vez en su mejor momento físico. Por lo demás, los nazis son solo una amenaza que está ahí latente pero que nunca supone un peligro para los hombres y mujeres que se dedican a contarnos historias con tanta pasión que, muy a menudo, están rodeados de un amor que actúa como apuntador de sentimientos y de frases dichas en un teatro que espera que el telón nunca llegue a bajarse. Al fin y al cabo, lo que espera fuera es solo la realidad.

4 comentarios:

dexter zgz dijo...

Cómo mola el tío François. Y qué pronto se nos fue. Esta es de las últimas y de las a reivindicar. Yo la compré en su día en DVD sin saber muy bien de qué iba, guiándome por la sinopsis. Y me llevé una grata sorpresa. Catherine es una tipa que nunca me ha gustado, pero aquí se interpreta un poco a sí misma y está genial.

No es una mala trilogía la que citas. "La noche americana" es probablemente la mejor peli de cine dentro del cine que se ha hecho jamás. De teatro dentro del cine, es una buena muestra este último metro, aunque lo del amigo Malle con "Vania en la Calle 42" es demasié. Ya ni te cuento de "Opening Night" de Cassavetes (para cuando un post de . Hace un par de semanas revisé "Farenheit 4512. Muchos dicen que está desfasada, pero puede que eso forme parte de su encanto, porque a su vez, Truffaut al igual que Bradbury nos está hablando de algo terriblemente actual (la vi también algo Hitch- los colores chillones, las rubias, las transparencias...)

Cine, libros, teatro. Otro hombre del Renacimiento que nació 400 años tarde.

Abrazos dramatizados.

PD: Hablando de cracks, menuda máquina Antonio Dechent.

César Bardés dijo...

Pues de "Opening night" ya hay un artículo en el que, si no recuerdo mal, tu comentaste algo. Espera que te pongo el enlace.
http://losojosdellobo.blogspot.com.es/2013/03/opening-night-1977-de-john-cassavettes.html
De todas formas, tranquilo que habrá más de Cassavettes, que sé que te gusta.
Hombre, "Fahrenheit 451" tiene esa atmósfera obsesiva, tiene a la chica doblada (modelo "Vértigo"), tiene a Bernard Herrmann en la música. Por supuesto que Hitch está ahí, lo que pasa es que para nada deja de haber Truffaut.
Es verdad que "Vania en la calle 42" es un experimento interesante (y bastante gafapasta, no nos engañemos) y que "El último metro" no deja de ser un homenaje al teatro y a sus gentes por parte de François, ambas delatan la mirada de sus creadores que, aunque pertenecían a la misma corriente artística, tenían una mirada muy diferente. Malle y Truffaut creo que no se trataron demasiado pero se respetaron bastante, no así Godard y Truffaut que pasaron del amor al odio luego al amor y luego al odio.
Truffaut cada vez me gusta más porque creo que es el que más se acerca a lo que quiso conseguir la "nouvelle vague". Y era un enamorado de todo lo que hacía.
Lo de Antonio Dechent impresionante ¿eh? Es lo que tiene cuando coges a un crack para hablar de su propia película, descubres aspectos que antes ni te habías planteado.
Abrazos desde la concha.

CARPET_WALLY dijo...

No he podido escuchar aun el debate, ni he podido particpar en ninguno de los psot de la semana (pasada a estas alturas) y esoq ue estaba ahí "All that Jazz" que me priva, de hecho no llegué a ver este post el viernes del lio labural en el que me encontraba...y hete aquí que el viernes tarde me encuentro en TCM ( cada vez mejor canal) una película del tio Francois que no había visto aun, con la Denueve y el Depardieu, "El ultimo metro" se llamaba...y la veo y me encanta y pienso que amar el cine es un sufrimiento...y el otro día dije que era una alegria...si, es una alegria y un sufrimiento.
Y Dénueve se calienta y no sólo en el sentido físico, sino que Truffaut hace que sea entregada, valiente, astuta, resignada y viva. Y Depardieu, el gran físico se vuelva a veces prudente, contenido y sensato hasta que el amor le desborda y coge de la solapa y zarandea todo loq ue lleva dentro escondido. Y si, nosotros no entramos en la escena, pero no somos espectadores, somos tramoyistas o apuntadores, arrinconados en el sotano, atentos a las voces que nos llegan por el hueco de la caldera o a lo que vemso mientras subimos o bajamos el telón.
Truffaut nos convierte en espectadores, no nos inmplica, no intenta que nos sintamos personaje, ni que nos identifiquemos sólo quiere que miremos mientras nos cuenta la historia y que sólo al final, veamos que el cuento no es sólo cuento, que es pura vida.

Y hoy entro para ver tu post del viernes y ¡¡¡sorpresa¡¡¡. Que bien. Hablais de Malle, de Cassavetes, de "La noche americana" ( de sobra sabéis cuanto me gusta), de "Farenheit 451"...Y esto es un gozo...que rabia me da cuando no puedo entrar y charlar.

Abrazos en candilejas

César Bardés dijo...

Y no solo eso. Los espectadores, esos que somos tramoyistas, o atrezzistas, o apuntadores, no podemos dejar de amar el teatro porque un fulanito llamado François nos quiso dejar bien claro la agonía del arte con toda su belleza. Porque al fin y al cabo, como bien dices, el arte es pura vida.
Es que hablar de estas cosas, querido Carpet, es lo que nos diferencia de otras mediocridades en un tiempo en el que la mediocridad parece un valor en alza. Bien lo sabes, sospecho.
Vosotros sois los que dais brillo a todo esto.
Abrazos encandilados.