viernes, 20 de noviembre de 2015

EL EXORCISTA (1973), de William Friedkin

El diablo no entra en la casa de los más fuertes. Siempre elige las víctimas cuidadosamente, con rotundo desprecio por la raza humana. Quiere hacer de un cuerpo, un pecado. Y no es para destruir al hombre, es para negar la existencia de Dios. Una pérdida reciente, un trauma familiar, una desorientación propia de la edad. El Diablo no teme al hombre. Teme al hombre que conoce al Diablo. Y ése es el exorcista. Un sacerdote que ha estado siempre con los más débiles, allí donde el hambre siembra locuras, allí donde Dios no mira. Ese hombre es más fuerte que ninguno. A ese no se le puede confundir con juegos malabares de cabezas retorcidas, espasmos brutales, groserías bestiales o idiomas de ultratumba. Y ese hombre, en el fondo, es muy poca cosa. Tal vez porque la edad es su propio Diablo y ya no tiene un corazón que sirva de motor a un cuerpo que falla. Es mejor agotarlo. Es mejor arrasarlo.
El Diablo no cuenta con que el hombre, esa criatura favorita de Dios, sea tan excepcional que pueda dar su vida y su cordura por otro. Esa es un arma que el Diablo no conoce y que tampoco sabría utilizar. Basta con hacer que un cuerpo de niña sea la negación de la luz divina. Y, de paso, ahogar la fe de todos los que están a su alrededor, por pequeña sea. Aunque no sea una fe religiosa sino una ética atea. Al Diablo no es que le interesen los dogmáticos, fanáticos o permeables por la exhibición de las creencias. Al Diablo lo único que le interesa es que no haya buenas personas. Un policía cinéfilo puede estar fuera de lugar en un mundo alienado. Una actriz de éxito tiene que probar con creces el fracaso vital. Un psiquiatra debe saborear el fenómeno de estar más allá de la mente y de la obsesión, incluso aunque su sensibilidad esté a flor de piel por haber perdido a alguien muy cercano y de una forma algo reprochable. El Diablo manda. Solo se irá cuando él quiera…a no ser que alguien consiga echarlo.

El exorcista es una película con momentos brillantes pero no del todo conseguida salvo por la interpretación de Max Von Sydow y de Ellen Burstyn. Tal vez, la razón de su éxito reside en mostrar sin tapujos un exorcismo y en los secretos que se mueven en un mundo que no acabamos de comprender porque ni siquiera sabemos reconocer a Dios o al Diablo mientras nuestros coches anden, nuestras vidas marchen, nuestros lujos o necesidades nos absorban. El cariño por el prójimo es algo que hemos olvidado y quizá, solo quizá, esa sea nuestra verdadera salvación. Y no hay ninguna connotación religiosa en esta frase. Solo compasión sin caridad. Solo verdad sin iluminación. William Friedkin quiso impresionar pero también quiso mostrar caminos en una película en la que, a pesar de las muertes, a pesar del miedo a lo desconocido de las tinieblas, a pesar del misticismo que, de hecho, rodea toda la historia, hay siempre lugar para lo que es razonablemente humano. Tal vez porque no es que el Diablo esté dentro de nosotros mismos sino que sea Dios. Con todo lo que eso conlleva.

4 comentarios:

Raúl dijo...

uff, para mí y muchos más la peli que más miedo da. Y es que esa niña (Linda Blair), tan bien dirigida y con esa veracidad de personaje, aparte de la relación con la madre, una Ellen Burstyn auténtica también, supongo que mérito de Friedkin ese trabajo con las interpretaciones. Y después la atmósfera viciada y realmente satánica en cada visita del sacerdote a la casa, el famoso padre Damian y su historia también con su madre enferma, sus demonios que todos compartimos de alguna manera y por eso nos aterrorizan. Y desde luego el miedo que da la niña en esos exámenes médicos que le hacen para descubrir que le ocurre, su mirada perdida, acaso el terror de la locura, de la enfermedad, Satanás nos da miedo claro que sí, puede ser un tipo lleno de explosivos o un avión que bombardea, o una niña en camisón escupiendo baba.
Gran película de terror, para mí la mejor.

César Bardés dijo...

Fíjate que es una película que yo pillé tarde y nunca llegó a impresionarme del todo. Aunque es verdad que tiene secuencias enormemente inquietantes, sobre todo las referidas a Linda Blair. Creo que, efectivamente, las interpretaciones de Ellen Burstyn (una actriz enorme que hemos visto recientemente en "Interstellar") y de Max Von Sydow (¿cuándo está él mal?) son soberbias pero, sin embargo, la de Jason Miller se me queda francamente cortita, no sabe darle la suficiente profundidad a un personaje que la pide a gritos. El subfondo de la trama sí que lo retratas muy bien. Miedos que a todos nos aterrorizan y el Diablo está en todas partes y, lo que es aún peor, todos somos susceptibles de que el Diablo entre dentro de nosotros. Nunca ha sido la película de terror que más miedo me ha dado aunque, ya digo, hay algunas secuencias de Friedkin que son realmente buenas.

Raúl dijo...

Supongo que depende del momento que uno la vea, y la vi de pequeño. Tuve gran obsesión con que la cama empezara a moverse de pronto en la noche, eso significaba que me había poseido el demonio, jaja. Hay una peli más floja también de exorcismos, El exorcismo de Emily Rose,con Laura Linney, basada en un caso real también, empieza medio bien pero después se va haciendo cada vez más pesada.

César Bardés dijo...

Tienes mucha razón en eso de que depende del momento en que uno la vea. Sin embargo, ahora de mayor y ya más que resabiado en esto de ver películas me aterrorizan más (o debería decir "me inquietan más") tanto "Al final de la escalera" como "La profecía" (que nació al amparo de ésta). También vi "El exorcismo de Emily Rose" y tienes toda la razón. La película adolece de todos los fallos que suelen tener las películas de terror de los últimos tiempos y es que empiezan bien y se van cayendo poco a poco hasta diluir la posible inquietud que pudiera contener. En la misma línea tienes "El rito" con Anthony Hopkins dando cuerpo y alma al exorcista de turno y pasa exactamente lo mismo. Habría que decir que, aunque "El exorcista II" fue horrorosa, no estaba nada mal "El exorcista III" dirigida por el propio William Peter Blatty y con un George C. Scott muy, muy bueno.