miércoles, 9 de diciembre de 2015

WINCHESTER 73 (1950), de Anthony Mann

Estoy expuesto en un bonito escaparate de Dodge City. Mi línea es elegante, única. Estoy hecho para matar y para no fallar en el intento. Solo para manos expertas. Hay un sheriff por aquí que se llama Wyatt Earp que ha ideado un concurso de tiro para regalarme a algún tipo avezado, alguno de esos que sepa apoyarme en su hombro y dar en el blanco con precisión. No hay muchos iguales a mí. Mi precisión, mi estilo inconfundible, mi capacidad de almacenamiento de balas y mi línea dorada hacen que sea un rifle para la leyenda. Y en eso estoy dispuesto a convertirme. En una leyenda del viejo Oeste.
El concurso de tiro se ha celebrado y un tal Lin McAdam ha sido el ganador. Lástima que he estado en sus manos acogedoras solo durante un rato. El finalista del concurso ha querido robarme y llevarme con él. El pobre Lin no ha podido apenas defenderse. Tres tipos contra él. Una pena. Si hubiera estado cargado y fuera de mi funda les habría dado un buen merecido. Ahora estoy en otras manos. Muy parecidas a las del propio Lin pero, tal vez, más toscas, más curtidas, con un movimiento de maldad entre disparo y disparo. El destino de un rifle es cambiante como el de una mujer en el viejo Oeste, de eso no cabe duda. Hoy estaré aquí, mañana allí, siempre acariciado por manos que imploran por meterme el dedo en el gatillo. Soy una simple moneda de cambio para que los destinos de los hombres terminen definitivamente.
En medio de la llanura seca y polvorienta me han cambiado de dueño. Ahora estoy en las de un indio que ha querido hacer tratos con ese otro tipo que me había robado. Yo era la condición indispensable para que el trato se cerrara. El tipo no quería soltarme pero ante el peligro que tenía delante, no ha tenido más remedio. El indio cabalga bien y quiere que mis balas se hundan en los uniformes azules de la Caballería de los Estados Unidos. Al viejo estilo. Caravanas cargadas con provisiones en círculo y a por ellos. Varias cargas y mi dueño cae del caballo fulminado por una bala experta. Esa bala me ha recordado a Lin. Parecía muy precisa, muy certera. No lo sé. Me quedo un rato tumbado en el polvo del suelo, sin que nadie se dé cuenta de que estoy ahí. Hasta que me recoge un soldado cuyo rostro me suena de algo.
Me han dado como regalo para un cobarde. Es curioso. Yo, un arma bien pulida, ofensiva, única…en manos de un maldito cobarde. Sabe manejarme pero no tiene lo que hay que tener para defenderme. Sí, porque aunque parezca mentira, un rifle también necesita ser defendido. Y este fulano no ha sabido hacer ni una sola cosa bien salvo disparar bien resguardado a un par de indios secuaces de mi anterior propietario. No estoy hecho para manos débiles, esto tengo que reconocerlo.
Un fanfarrón, un granuja, un jugador de ventaja. Ése es el fugitivo que arrebató el rifle al cobarde. Me acaricia igual que si yo fuera una mujer. Y él no es más que un bastardo que maneja la izquierda con una soltura admirable. No me gusta soltar balas para que este tipo se pavonee delante de una mujer. Y ella también admira a Lin. Sabe que los hombres tienen que ser recios árboles y no despreciables plantas venenosas de risa irritante y modales enterrados. Oh, no…aquí ya hay alguien a quien conozco de sobra.
Sí, porque el tipo que me arrebató de las manos de Lin vuelve a aparecer. Pero vuelve a hacerlo solo para morir. Lo hará en una cumbre, cerca del cielo, cegado por la ira, acorralado por su falta de remordimiento. Sí, los hombres también pueden sentirse acorralados por eso, porque no se arrepienten, no piensan en lo que han hecho, no echan la vista atrás para reparar sus errores. El tipo caerá y la bala que lo mató la disparó Lin.

Con él, la vida será diferente. Más pausada. Más sosegada. Tal vez seré ese rifle que está exhibido encima de la chimenea y puesto a mano por si acaso las cartas vinieran mal dadas. Yo solo sé que estoy de nuevo con Lin, que él está con su amigo y con la mujer que quiere y que yo he sido el instrumento de un destino caprichoso que ha culminado con una venganza que, en el fondo, ha tenido más dolor que satisfacción. A partir de ahora, los disparos serán solo los necesarios.  

7 comentarios:

CARPET_WALLY dijo...

Hablabamos hace poco de las películas de episodios unidos por un objeto a propósito del smoking de laughton, edward G y compañía. Y señalabamos esta película como una de las que integraban ese transversal, pero yo aun diría mas ( ala manera de los Dupont de Tintín), para mi es la mejor de ese tipo, porque aun reconociendo los meritos de la comentada en esa oasión, aquí podemos ver todo un repaso a un género tan significativo en el cine como es el western, quizá el genero más cinematográfico de todos, porque el resto han sido tratados en literatura o cine con mayor o menor acierto, pero sólo el western ha tenido una verdadera cima artística en el cine que las novelas del oeste quedaron como un tema menor, puro entretenimiento y sin calidad suficientemente relevante.

Y si, en "Winchester 73" tenemos de todo, Indios y caballeria, ataques a colonos, lucha por territorio, espacios abiertos, tiradores de precisión...y temas principales, cobardía, maldad, venganza, honor, valor, traición, amor, pasión, honestidad...Y a Jimmy Stewart encarnando una vez más al hombre bueno, al tipo integro, justo, pero duro y en su momento y si la ocaión lo precisa implacable.

A mi me parece una gran película y Anthony Mann, un grande.

Abrazos precisos

César Bardés dijo...

Estoy de acuerdo en considerar a Anthony Mann un grande. No solo por los cinco "westerns" que hizo con James Stewart. También habría que citar, en mi opinión, otros dos como son "El hombre del Oeste", con Gary Cooper (una película durísima) y "Cazador de forajidos", con Henry Fonda. Además de los "westerns" yo añadiría "Música y lágrimas" como una de las mejores biografías que se han hecho de un músico en Hollywood como Glenn Miller, y también esa maravillosa película bélica que es "La colina de los diablos de acero" que casi, casi, casi diría que es la mejor película de Mann. Hay que reconocer que el Mann del principio me interesa bastante menos (un artesano eficiente y ya) pero que en esta época alcanzó lo mejor. Siempre esa figura del vengador está al fondo y James Stewart jamás estuvo tan brutal como bajo su dirección. Tanto es así que uno llega a pensar que, tal vez, su personaje no sea tan bueno como nos lo han pintado desde el principio. Lo cierto es que aquí no es menos y el personaje de Lin McAdam interpretado por Stewart también busca una satisfacción aunque sea dolorosa y trata de conseguirla por todos los medios.
En cuanto a las películas de episodios...es que quizá esta no lo es tanto y me explico. Creo que lo facilón de la película hubiera sido hacer precisamente una película de episodios con el rifle pasando de mano en mano y describir los destinos de sus propietarios, marcados desde el mismo momento en que cogen ese rifle mítico y, sin embargo, Mann aquí no solo pone el hilo conductor del rifle, sino también el del propio personaje de James Stewart que perdura a lo largo de toda la película buscando esa venganza que, en principio, no tiene nada que ver con el rifle. Como curiosidad, habría que decir que esta película estuvo a punto de dirigirla Fritz Lang pero que fue despedido en el último momento llamando de urgencia a Mann que hizo un trabajo francamente magnífico.
Abrazos de repetición.

Suso Susillo dijo...

A otro que le mola "La colina de los diablos de acero", bélica con un factor psicológico bastante fuerte. Pero si hay alguna de este pedazo cineasta ,que a día de hoy, por la que siento predilección es por "La brigada suicida", de una inventiva visual y una atmósfera dignas de admiración.

Saludos.

César Bardés dijo...

Por ahí, en el artículo que hice sobre "La colina de los diablos de acero" ya me vino algún salvapatrias diciendo que todo en la película era mentira, que los coreanos tiraban con tirachinas y poco más, que eso de que tenían armas era de risa, etc, etc. Hay gustos para todo e incultura para aburrir.
En cuanto a "La brigada suicida" es una película que está bien. A mí no termina de llenarme pero es muy curioso porque hubo luego películas en España que intentaron copiar el modelo tanto de "La brigada suicida" como de "La casa de la calle 92" de Henry Hathaway alabando la labor abnegada de la policía, en este caso, del FBI.
Saludos.

Suso Susillo dijo...

Cierto, pero la de Hathaway la verdad es que no me agrado demasiado, quizás sea de las que se le note más lo que comentas. De este estilo, me encanta "La ciudad desnuda", de Jules Dassin (otro que es manco X-D).

César Bardés dijo...

"La ciudad desnuda" es un peliculón, también comentada por aquí. Ese Barry Fitzgerald de sabueso vale un potosí. Esa para mí tiene más valor porque hace que la ciudad sea una protagonista más de la trama y que está todo como muy integrado sin necesidad de demasiadas explicaciones. Mención especial para Ted de Corsia, el malo de la película. ME gusta muchísimo.

Suso Susillo dijo...

Sí, el señor Fitzgerald está ¡homérico! ;-)