jueves, 29 de mayo de 2014

GRACE DE MÓNACO (2014), de Olivier Dahan

No es de extrañar que la familia real monegasca haya repudiado esta película con vehemencia. Al fin y al cabo, no es fácil asumir que se ha pertenecido a una monarquía que ha intrigado, ha conspirado, ha menospreciado y se ha equivocado. Y todo porque una extraña vino a ocupar su precioso trono de terciopelo y rosas y era una representante al más alto nivel del reino de la frivolidad que era Hollywood. Allí no hay lugar para esas cosas. Tan solo seriedad, compostura y apariencia, mucha apariencia.

Habría que aclarar, no obstante, de que la película avisa desde el principio que todo lo que se cuenta en ella es ficción aunque basado en hechos reales. Calculada ambigüedad de quien quiere vender el producto como un cuento de hadas destrozado por reales iniquidades o como una historia del valor supremo de una mujer que no se arredró ante las avalanchas de menosprecio que recibía por parte de todos y demostró ser más lista que toda la élite de la política internacional de la época.
Y es que no hay nada más peligroso que poner a una actriz en el papel de princesa. Se puede tomar el papel muy en serio cuando comprueba que eso del cine ya se ha vuelto una quimera debido a sus nuevas obligaciones y que lo que tiene que hacer es prepararse el papel a conciencia, como si fuera una gran y continua interpretación. La vida, dijo Charles Chaplin, es el interminable ensayo de una obra que no se estrenará jamás y a ello se aplica la protagonista de esta historia. Con alma y dedicación de actriz, con las tablas como suelo firme y el talento como única arma.
Todo esto está muy bien si no fuera porque no es muy creíble que nadie enseñe a la esposa del máximo mandatario monegasco a comportarse en la Corte, a cómo reaccionar, a cómo demostrar una elegancia que poseía de forma natural. Después de seis años de matrimonio y dos hijos, ella se siente descolocada, inútil, fuera de lugar. A pesar de que Nicole Kidman hace un buen trabajo y, en algún momento, llega a parecerse físicamente a Grace Kelly (aunque la princesa era mucho más menuda) y de que Tim Roth, un hombre muy poco parecido a Rainiero de Mónaco, dota de profundidad dramática a su personaje, hay en todo un aire de mentira que pretende ser verdad y eso no hace más que perjudicar al conjunto. Solo impera el deseo de jugar con dos barajas y de coger lo que más conviene y, en ocasiones, se le ve el truco a Olivier Dahan, aquel director que sorprendió con la biografía de Edith Piaf con el título de La vida en rosa.

Y es que la fuerza de una mujer, eso hay que reconocerlo, es un móvil tan fuerte que es demasiado tentador no aprovechar la oportunidad de hacer un retrato de decisión e inteligencia en una época que está demasiado necesitada de mitos. Ya no hay princesas como Grace, salidas directamente de una cámara para hacer realidad el sueño de muchas jovencitas de los cincuenta y vivir un cuento de hadas. Ya no hay príncipes como Rainiero, que tomaban decisiones de enorme importancia y que sufrían por un pueblo que tiene una renta per cápita de 63.400 dólares anuales siendo el quinto paraíso financiero del mundo. Ya no hay directores como Alfred Hitchcock que trataban de hacer una obra maestra en cada una de sus películas y que querían contar con mujeres que enamoraban al público de una forma o de otra. Lo cierto es que una mujer puede conseguir mucho si pone en juego su encanto y su atractivo, dando bofetadas de porcelana con sus manos blancas cinceladas por el technicolor. Besar a una mujer así no debía ser nada difícil aunque, con mucha elegancia, se pasan por alto tales pensamientos si es que algún día existieron. El amor tiene que triunfar. Una mujer de valor tiene que hacerlo así, si no, no será más que la frivolidad vestida de diamantes. 

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

Bueno, ya pasó con "Diana" la temporada pasada. La repercusión mediática de los personajes y de los hechos que cuenta la película hunde este tipo de proyectos por mucha Naomi o Nicole que estén detrás de ellos. Y acaban siendo carne de telefilm porque las prestensiones en estos casos son las de hacer un producto popular por encima de todo.

No he visto ni "Diana" ni "Grace" pero creo que en ambos casos la historia daba para más. De hecho el argumento de "Diana" funcionaba bastante bien como subtrama en "The Queen", claro que ahí estaba Frears, la Mirren y era evidente que había otras miras.

Y con esta Grace supongo que pasa un poco igual. Lo que digan Stefi, Carol y Albertito me la trae al fresco, pero creo que había elementos de interés en esa historia: las relaciones entre De Gaulle y el principado, la insistencia de Hitch para llevarse de nuevo a Hollywood a la princesa...


Abrazos desde el Gran Casino

César Bardés dijo...

El problema de todo eso que apuntas, que es verdad que puede ser lo más interesante de la película (especialmente las relaciones con Hitchcock) es que se nos dibuja a Grace Kelly como una tía que, a base de "glamour" consigue derrotar a De Gaulle y a sus pretensiones de que Mónaco cotice fiscalmente al tesoro francés. Aparte de todo eso, nos presenta a una Grace que está totalmente descolocada en su papel de princesa y que no recibe ninguna información y ninguna formación por parte de nadie...¡cinco años después de su matrimonio! Lo cual es bastante poco creíble. Por si fuera poco, se adopta una postura facilona en la película porque la salida de Grace para hacer frente a ese descolocamiento es prepararse para el papel de princesa tal y como hubiese hecho una actriz, sumergiéndose en las motivaciones y en los modos y ademanes principescos como si estuviera a punto de rodar una película con el título de "Grace de Mónaco". Lo mejor de la película, sin dudarlo, es el trabajo de Kidman y el de Tim Roth que me parece un grandísimo actor. Ni siquiera es de recibo que la película trate de hacer pasar a los monegascos como un pueblo reprimido por el monstruo francés...¡venga ya, hombre! Viven como dioses y encima tenemos que compadecernos. Creo que la película yerra en demasiados puntos a pesar de que, en efecto, había historia que contar. Y no precisamente en clave de cuento de hadas (en la película no existe esa clave) sino en las formas de adaptarse de una chica que no olvidemos que era de clase muy alta en Estados Unidos y que tenía cierta idea de cómo se movían los altos estamentos. Es que en la película, a base de coraje y de ovarios, parece como si la chica hiciera más por la política internacional que John Kennedy basándose exclusivamente en su encanto. Un inútil intento de mitificar a alguien que tuvo su importancia pero no precisamente por sus habilidades políticas.
Abrazos desde el circuito.