miércoles, 23 de noviembre de 2016

LA CORTINA DE HUMO (1997), de Barry Levinson

Para que nadie se fije que la cola está parada, lo que hay que hacer es menear al perro. Y así se disfrazan los hechos. Inventarse una guerra no es cosa fácil, sobre todo teniendo en cuenta que la causa que motivó esa guerra fue una situación embarazosa en el Despacho Oval. Así que no hay más que contratar a un productor de Hollywood, una especie de trasunto de Robert Evans, y decirle lo que se quiere. El tipo comenzará a poner fantasía y pensará en las audiencias como un halcón. Aunque las verdaderas aves depredadoras sean esos fontaneros que arreglan cualquier desaguisado del poder para que el poder siga siendo poder. Si la jugada del enemigo te estropea el engaño…bueno, pues se prolonga el chiste poniendo a un héroe por el camino. Un tipo al que se le asocia con una vieja canción de blues. Claro que puede que el individuo en cuestión sea un botarate legendario y entonces la cosa se vuelve un poco más difícil. ¿Cómo va a hablar ante todo el mundo un tipo que no sabe ni pronunciar su nombre y está más cerca de la psicopatía que del heroísmo? Da igual, que calle. De una vez por todas y para siempre. Y ya está. Un mártir más. Claro que, de todos los pecados, el favorito del Diablo es la vanidad y ése es el elemento que se va a interponer en el engaño perfecto, en esa cortina de humo denso que se ha fabricado para que nadie note que la cola no se mueve. Y ya saben, si no sale por televisión, no existe. Película de un ritmo tremendo, que apenas te deja respiro para pensar en lo que estás viendo, Barry Levinson dirigió este maravilloso guión de David Mamet con Robert de Niro y Dustin Hoffman en los principales papeles y dando un par de lecciones sobre la manipulación y la verdad más falseada. Al fin y al cabo, actuar es falsear la verdad. Al fin y al cabo, la verdad es la que se nos presenta todos los días a través de los medios de comunicación. Al fin y al cabo, todo puede ser una enorme mentira devorada por el entretenimiento, solo urdida para que la gente crea que el Gobierno va en una dirección cuando va en otra totalmente opuesta. ¿Qué más da? Hay que menear al perro. Y hay que hacerlo con sabiduría, convicción y sentido del marketing. Más que nada para que la multitud vuelva a comprar el mismo perro y vuelva a no darse cuenta cuando tenga la cola parada. Es sencillo y, en el fondo, genial. Se puede decir que es el mejor trabajo de los medios de información, que venden películas todos los días y el público, ansioso e incauto, las compra a cualquier precio. Todo es política. Todo es engaño. Y así, una serie de profesionales del cine, engañan a todo el mundo haciendo creer que ha ocurrido algo que jamás ha ocurrido. Acompañados, naturalmente, de una serie de profesionales de los trapos sucios que se empeñan en mostrar trapos más grandes, más interesantes y más importantes mientras se recogen los otros. Solo hay que creer que esos trapos más grandes, más interesantes y más importantes existen realmente y así no se verá cómo se recogen los otros. La táctica de la distracción. La certeza de que mentir es lo único que verdaderamente puede captar la atención de todo el público ansioso de sensacionalismo barato.

2 comentarios:

dexter zgz dijo...

Gran película a cargo de un director irregular que tan pronto te sorprende con cosas como "El mejor", "Diner", "El secreto de la piramide", "Avalon" o incluso la misma "Rain Man" como le da por parir naderías tipo "Bugsy"o "Acoso". Creo que de entre toda su filmografía me quedo con "Good morning, Vietnam" (o gus mornins). Precisamente tengo la teoría que creo ya hemos compartido de que hay un antes y un después de "Rain Man" en la carrera de Dustin Hoffman, antes muy bien, después mal, totalmente imbuido por el espíritu de Raymond Babbit. La excepción que confirma la regla es "La cortina de humo" donde está sensacional y su química con Bobby es perfecta.

Y claro esta peli es de los 90 con el contexto del caso Lewinsky y tal. Quién nos iba a decir que con el tiempo la realidad iba a superar totalmente a la ficción.

Abrazos desde Albania

César Bardés dijo...

Totalmente de acuerdo en todo lo que dices. Levinson es la irregularidad por excelencia siendo un director que, creo, tiene recursos suficientes como para llevar adelante cualquier cosa en cualquier estilo. Coincidimos plenamente en las películas que dices. Y es una pena esa irregularidad porque ha hecho que Levinson, que en los ochenta estuviera en boca de bastante cinéfilos, se haya perdido como un cineasta sin ninguna personalidad cuando ha tenido repartos muy competentes y medios para llegar a ser muy considerado.
Tengo que declarar que es una película que me gusta mucho. Aunque quizá el mérito, sobre todo y ante todo, sea de Mamet con ese pedazo de guión que se saca de la manga.
Abrazos de Oscar.