martes, 29 de noviembre de 2016

NOCHE EN LA TIERRA (1991), de Jim Jarmusch

La tierra gira en su interminable errar por el firmamento y puede que a la misma hora aunque no en el mismo lugar, se estén dando cinco historias que llenan la existencia de unos taxis que son recipientes del pintoresquismo humano. Sí, el taxímetro ha bajado y la perplejidad se apodera de nuestras miradas atónitas, porque ahí delante hay fábulas que nos hablan de cómo se va de un lugar a otro.
Los Ángeles. Quizá el sueño de cualquier joven es llegar a ser actriz. Solo quizá. Porque una mujer de inmensa clase va a comprobar que no es así. Quizá los sueños sean más modestos, quizá incluso la felicidad consiste en agrandar lo que uno tiene pero no buscarla en falsos dorados de letras de neón. Una taxista lleva a una mujer del aeropuerto a su casa. El trayecto es largo porque las distancias en Los Ángeles son grandes y algo tiene esa taxista, con la cara algo manchada de grasa, la gorra vuelta del revés y esos pantalones en los que caben tres. Tal vez sea un destello de una estrella escondida. Puede ser que solo sea una insulsa cabeza hueca que solo piensa en motores, en ponerse la guía telefónica debajo del trasero para ver bien por encima del volante o en hacer su servicio de forma eficiente. Sin embargo, el sueño ni siquiera es sueño. Cuando se le ofrece la posibilidad que a tantas y a tantas ha atenazado y sitiado, ella contesta con una negativa sorprendente. Ella no quiere que todo el mundo la reconozca y la admire. Solo quiere su taxi. Limpio, ordenado, a tono, con el motor ronroneante y la propina justa. Taxis. Cógete uno en L.A.
Nueva York. La calle está llena de payasos. Y un tipo de color conoce al mayor de todos. Se llama Helmut y conduce un taxi. Es un taxista que no conoce bien Nueva York hasta tal punto de que el cliente se tiene que bajar y conducir el taxi él mismo. Paradojas del taxímetro. Se extraña de esa forma de hablar soez y poco caballerosa. Se extraña del frío que habita en las calles de la Gran Manzana. Se extraña de extrañarse en una tierra de extraños siendo él mismo un extraño. Helmut es un alma inocente condenada a vagar por un mundo terriblemente corrompido de caracteres enfermos, de drogas pasadas con insidia, de luces reflejadas en el sempiterno asfalto mojado de la única ciudad que merece ser nombrada dos veces. El taxi arrancará e irá a tirones. El servicio estará hecho y Helmut se habrá ganado una buena propina…pero solo porque ha llevado a una buena persona a bordo. Taxis. Agarra uno en N. Y.
París. No es fácil ser un chófer eficiente para una ciega que presiente hasta el momento que la miran. Ella es atractiva si no fuera por esa mirada blanca que ofende. El taxista, de Costa de Marfil, al principio cree que se podrá aprovechar de ella dando unas cuantas vueltas por donde quiera mientras caen los francos en el contador. Pero, poco a poco, se da cuenta de que ella, la ciega, ve más que él. Y entonces es cuando cree que es imposible timar a quien se admira. Y cae en un pozo de autocompasión que solo es interrumpido por la típica bronca nacida de un choque a medianoche. El taxista hizo su servicio y la ciega escuchará la algarabía y, con una sonrisa, irá caminando por el mismo borde del Sena rumiando su superioridad frente a alguien que tiene los dos ojos en su sitio. Taxis. Súbete a uno en París.
Roma. Está claro que este taxista está un poco mal de la cabeza. Va con gafas de sol en plena noche romana. Habla solo. Juega a que se pregunta y se contesta él mismo a través de la radio del taxi. Hace chistes cuando ve un Hotel que lleva el improbable nombre de Genio y resulta que cuando la noche es algo inamovible, tiene que llevar a un cura. Claro, el tipo es tan desenfadado que no se le ocurre otra cosa que escandalizar al pobre sacerdote. Y le cuenta algo sobre una cabra con la que hacía cosas feas en el pueblo. El servicio se hará…pero no se pagará. Más que nada porque el corazón del monseñor es muy débil y se parará antes que el taxímetro. Y todo quedará engullido en una noche romana que esconde vicios, leyendas, muertes y asombros. Eso sí, el taxista podrá quitarse las gafas de sol y creerá que es de día. Taxis. Si tienes narices, llama a uno en Roma.
Helsinki. A punto de amanecer en las blancas calles de una ciudad tan fría que apenas existe por la noche. Unos borrachos suben a un taxi porque se han pasado la noche bebiendo con el dinero que les han dado por su despido. La desgracia se ha cebado en ellos. Sin embargo, el serio taxista les va a consolar con una historia. Sí, porque si tú eres desgraciado, seguro que por el camino te cruzas con otro que es más desgraciado y entonces te vas a enterar de lo que vale la amistad, estar vivo, tener algo de dinero en el bolsillo y vivir en una ciudad tan demoledoramente helada como Helsinki. Todo estará muy claro en ese taxi frío. Tanto es así que más vale no dar demasiadas vueltas a lo que le ocurre a uno. El día, con su luz clara y limpia de la mañana, tal vez anuncie que todo es hermoso cuando todo está oscuro. Taxis. Más vale que dejes pasar todos en Helsinki.

Y así, entre ruedas, volantes, propinas, chasquidos del taxímetro y anécdotas sobre la naturaleza humana, ha pasado otra noche en este inhóspito planeta llamado Tierra.

4 comentarios:

dexter zgz dijo...

Me gusta mucho el primer Jarmusch, de hecho me ha sorprendido que esta película sea ya del 91, no tanto el último que ha llevado una deriva algo preocupante hacia no sé sabe muy bien dónde. Y hay que reconocer que "Flores rotas" se sostenía gracias al buen hacer y al magnetismo de Bill Murray. Creo que es la última película que me ha gustado de este hombre.

Si quieres que te diga la verdad no recuerdo mucho de las historias, pero sí me queda el recuerdo de una película bonita y agradable. La historia que recuerdo que más me gustó fue la que protagoniza Armin Mueller- Sthal. Tengo muchas ganas de volver a verla y tu comentario las ha reforzado. La película que más recuerdo de Jarmusch y probablemente mi favorita de él es "Bajo el peso de la ley"

Abrazos desde el asiento trasero

CARPET_WALLY dijo...

Yo cogí manía a Jarmusch porque con un grupito de intelectuales que harían las delicias de Woody Allen fui a ver "Mistery train" y yo no entendí nada, no me dijo nada y sin embargo mis acompañantes hablaban de las maravillas de ese nuevo cine que iba tan en contra del cine americano de aquellso ultimos tiempos y hay que recordar que de aquel año 1989 venían "Abyss", "El club de los poetas muertos", Indiana Jones y la ultima cruzada" o "los fabulosos baker boys" y del año anterior eran : "Las amistades peligrosas", "Arde Misissipy", "La jungla de cristal" "Bird" o "Cinema paradiso". Claro, entonces ser independiente era tener mucha calidad y hacer un gran éxito era entrar en la recua de los mortales incultos que no sabían apreciar el verdadero arte. Como no podía ser de otra forma aquella relación no acabó bien, con decir que una vez cenando en casa de uno de ellos propusieron ver "Amanece que no es poco" para ir puntualizando cada uno de los hallazgos humoristicos y yo !!!me dormí¡¡¡, incapaz de soportar tanta memez.

El tiempo puso a cada uno en su sitio, algunas de las comentadas son películas que han trascendido y "Mistery train" no es recordada salvo por unos pocos.

Sin embargo, "Noche en la tierra" que vi varios años despues de su estreno me pareció entonces bastante más interesante y hace poco (un mes o así) la repesqué en uno de los mil canales de la nueva televisión y aun me gustó más. Efectivamente el episodio que comenta Dex es de lo mejor de la peli, pero el de Wynona y sobre todo el de la ciega en Paris, me dejaron un regusto mucho mejor, el segundo sobre todo porque convierte todo en más real, el taxista es un tipo que intenta a provecharse de la pobre ciega y cuando parece que va a redimirse por la personalidad de ella vuelve a donde le llevan sus instintos, un golpe le devuelve a su verdadero yo. Sin embargo lo de Benigni como chiste pase, pero es agotador y cargante. Y el de Helsinki me dejó bastante frio, como su noche.

Abrazos con taximetro.

César Bardés dijo...

Pues estoy de acuerdo con ambos. El mejor Jarmusch es el primero y Jarmusch, vaya usted a saber por qué, fue el "number one" del cine "de orín" (que nadie se enfade, un amigo mío bautizó así las películas de este corte y no lo comparto, pero entiendo ese calificativo).
Me gusta el Jarmusch tanto de "Bajo el peso de la ley" como el de "Extraños en el paraíso" y también, por supuesto, el de "Noche en la Tierra". Me pasó exactamente igual que a ti, en mi etapa de cine "de orín" (que la tuve bastante acusada durante un par o tres de años), fui a ver "Mistery train" porque todo el mundo la ponía como que era la releche en verso con rima asonante y me pareció una gilipollez del catorce y medio con rima en pie quebrado. "Dead man" no me disgustó, sin parecerme ninguna maravilla, y a partir de ahí le perdí un poco la pista, viendo que el tipo quería hacer las mayores rarezas disfrazadas de trascendencia que a mí ni me llegaban, ni me satisfacían mientras todos a mi alrededor me decían que "Jarmusch era el nuevo rebelde del cine americano, blablabla..." fórmulas todas archisabidas.
En cuanto a "Noche en la Tierra" no sé si habéis tenido la fortuna de verla en versión original, pero es que el relato de Benigni es fabuloso si lo escucháis en versión original. Graciosísimo, una pasada. Es el que más me gustó en su momento y también me gustaron el de Armin Mueller-Stahl (con Giancarlo Esposito y Rosie Pérez) y el de Wynona y Gena (es que ver a Gena me emboba). Menos me gustó el francés y el finlandés aunque tenía su ironía el asunto. En cualquier caso, una película que me gustó por su originalidad y su puntito cómico en todas sus historias. Por cierto, el episodio de Mueller-Stahl también merecía la pena verlo en versión original.
Abrazos con nariz de payaso.

CARPET_WALLY dijo...

Si, en la revisión televisiva la vi en versión original y es cierto que ganaba muchos enteros. Benigni, como digo, es un buen chiste (una colección de ellos, en realidad), pero me desgastó con tanta italianidad exagerada.

Abrazos a tirones.