viernes, 11 de noviembre de 2016

LA NOCHE DEL CAZADOR (1955), de Charles Laughton

“Qué gran comunidad de gozo divino,
Apoyándose en los brazos eternos.
Qué bendición, qué paz de pensamiento,
Apoyándose en los brazos eternos.
Apoyándose, apoyándose a salvo y seguros de todas las alarmas,
Apoyándose en los brazos eternos.”

Es el lobo cantando porque va en busca de su botín. Sí, porque el lobo, a pesar de tener piel de cordero y estar disfrazado de hombre de Dios, solo quiere tener a su presa bien agarrada por los dientes. Ese pulso fingido entre sus manos que pretenden ser el odio y el amor hace mucho que tiene un vencedor y no es precisamente el que él mismo proclama. Apoyándose en los brazos eternos…cantando una melodía que presagia la muerte. Es el lobo. Es el lobo. Es la telaraña que paciente espera a la presa mientras los niños navegan corriente abajo. Lección de vida para todos los que nos hemos olvidado de buscar la esperanza. Leaning…leaning…leaning on the everlasting arms…

“¡Oh, qué dulce caminar en este sendero de peregrinos!
Apoyándose en los brazos eternos.
¡Oh, qué brillante el camino del día a día!
Apoyándose en los brazos eternos.”

No os fiéis, niños. Su dulce caminar es un tamborilear de ejecución con la tierra como caja de resonancia. Su brillante camino es la siniestra cañada que va dejando pisadas de muerte allá por donde pasa, dejando fantasmas, apartando sueños. Es el hombre del saco que ya quiso lavar el cerebro de vuestro padre, que ya sumergió los sueños de vuestra madre, que ya quiere revolcarse en la maldad dejando todo de lado en un horizonte que dibuja su sombra de jinete del infierno. Sshhhhh….no salgáis del escondite, no os dejéis cazar. Dormid, dormid…

“¿Qué temor tenía? ¿Qué he de temer?
Apoyándose en los brazos eternos.
La paz me ha bendecido con el Señor tan cerca,
Apoyándose en los brazos eternos.”


Él ya no tiene que temer nada porque la locura se ha apoderado de todo su sentido, de toda su fuerza, de toda su inmensa crueldad y ha convertido a Dios en una justificación continua que, quizá, él mismo se cree. Puede que al final de ese camino en el que él canta y canta, haya un hada buena que recoja a niños sin rumbo en una época sin mañana. Quizá el cielo consista en eso, en encontrar a alguien que se preocupa verdaderamente de todos nosotros, niños que renunciamos a la rendición porque creemos que una parte de nosotros mismos no puede ser arrebatada ni siquiera a través del miedo. Charles Laughton lo supo muy bien en la única y maldita película que dirigió. Las sombras y la vileza se entrecruzan en ese rostro que posee Robert Mitchum mientras la inocencia intenta preservarse en algún lugar de los sueños más allá del bien y del mal.

6 comentarios:

dexter zgz dijo...

¿Se sabe algo de por qué fue la única película que dirigió Laughton en su carrera? Caray, porque menudo peliculón. Sólo se me ocurre que en su día fuese un fracaso de taquilla y los productores le cerraran el grifo y la puerta, porque si no...

La imagen de Shelley Winters en el fondo marino sentada en su coche con sus cabellos al ¿viento? me persigue

Abrazos con AMOR en los dedos

César Bardés dijo...

Efectivamente, el fracaso fue monumental. La gente no estaba preparada para ver un cuento de horror narrado en clave expresionista y se consideró la obra de un actor que quiso probar suerte en la dirección y le salió un desbarre. De hecho, a la hora de comenzar el rodaje, ya estaba previsto que se hiciera cargo de otro rodaje posterior y se cancelaron todos los planes porque Laughton, en opinión de los que ponían el dinero, era tan excesivo como director como lo era como actor.
Tiene muchas escenas muy impactantes, muy sugerentes y muy atmosféricas. Visualmente es una auténtica maravilla. Yo la pillé tarde porque no se había estrenado comercialmente en España en su momento y se hizo un pase en el cine Bellas Artes de Madrid y allá que fui como un loco. La gente salía absolutamente boquiabierta.
Abrazos con muñecas.

Suso Susillo dijo...

¡Buenos días!
Pues sí, una auténtica lástima que no cuajará en su día este filme. ¿Que nos hubiese tenido preparado el gran Charles Laughton en caso de haber triunfado con ella? Nunca lo sabremos.
Dexter, la “estampa que visualizas” de Shelley Winters es una maravilla o la que comenta César en la reseña del predicador cantando mientras cabalga a lomos de su caballo por el horizonte (¡parecen sombras chinescas!, y hay también momentos de puro cine mudo). La película está trufada de gemas como esa travesía mágica de los niños por el río. Posiblemente sea la mejor ópera prima que haya visto nunca (tendría que hacer memoria). Todo lo que diga se queda corto ante tan magnífico ejercicio cinematográfico. Me parece soberbia, una de mis películas favoritas.
Saludacos.

Nota:
Permitidme la libertad, hablando ya de óperas primas, de nombrar "13 tzameti" de Gelá Bábluani, que a pesar de tener casi 10 añitos la vi la semana pasada y me gustó mucho a pesar de su comienzo algo renqueante. Si no lo habéis visto, os recomiendo que lo hagáis sin saber nada, pero nada, de la historia.

César Bardés dijo...

Pues te digo cuáles eran sus planes, caso de que esta película hubiese tenido éxito. La primera película que iba a dirigir iba a ser la adaptación de "Los desnudos y los muertos", según la novela de Norman Mailer. Cuando dejó el proyecto el que se hizo cargo de la dirección fue Raoul Walsh que la llevó a cabo cuatro años después de "La noche del cazador" con Aldo Ray, Cliff Robertson y Raymond Massey en los principales papeles. No está mal pero queda la incógnita de en clave de qué lo hubiera hecho Laughton. También tenía en agenda dirigir para el cine "Galileo", según la obra de Bertolt Brecht, una obra que había dirigido en teatro y había interpretado el papel principal y por la que sentía una especial predilección, El proyecto, en realidad, nunca se llevó a cabo salvo muchos años después bajo la batuta de Joseph Losey con Topol en el papel principal. Muy curiosa en todo caso teniendo en cuenta que el texto de Brecht es extraordinario. La tercera que tenía en mente, pasmaos, era "El motín del Caine", aunque no tenía previsto actuar. Por supuesto, se la quitaron inmediatamente de las manos y se hizo deprisa y corriendo bajo la dirección de Edward Dmytryk. Me imagino que las escenas del juicio las hubiera hecho como una pesadilla bajo el punto de vista del capitán Queeg que tan brillantemente interpretó Bogart, pero esto es solo una suposición.
El caballo por el horizonte es un prodigio de perspectiva que también se debe al director de fotografía Stanley Cortez (director de fotografía de "El cuarto mandamiento" y que ha dicho por activa y por pasiva que los únicos dos directores que sabían todos los misterios de la luz y que eran maravillosos eran precisamente Welles y Laughton). Decía que es un prodigio de perspectiva porque en realidad, es un enano sobre un pony pero qué amenazante llega a ser ¿eh?
Apunto la recomendación de Babluani.
Saludetes.

Suso Susillo dijo...

Ya te digo Cesar, pero amenazante.

Stanley Cortez, otro que era manco. Fantástica la peli de Welles. ¡Que fotografía! y ¡qué movimiento de la cámara!, me recuerda al Max Ophuls más elegante. El desenlace de la misma al parecer lo suavizaron, Welles quiso acabarla de forma más dramatica.

Gracias César por la aportación sobre Laughton, me encanta todo lo referente a la "otra historia".

Saludos.

César Bardés dijo...

Directamente se lo filmaron de nuevo. Parece ser que fue Robert Wise el que lo hizo por mandato de la productora. Welles, mientras tanto, ya estaba en Brasil intentando rodar "It´s all true" que fue un verdadero sinsentido para él. Welles era un maestro, quizá incluso mejor que Ophüls aunque el alemán, sin duda, también lo era.
De nada, si te sirve y te solaza, para estamos los críticos.
Saludillos.