miércoles, 2 de noviembre de 2016

NAPOLEÓN (1927), de Abel Gance

Si queréis escuchar lo que hablamos en "La gran evasión" de Radiópolis Sevilla acerca de la obra maestra de Ingmar Bergman "Fresas salvajes" y con la participación del columnista del Diario de Sevilla Francisco Correal, podéis hacerlo aquí.

 Los destinos pueden fraguarse en medio de un campo nevado poniendo de relieve el empuje de los líderes y el aliento de la victoria. Desde pequeño, el carácter salvaje va conformando la apostura del hombre y solo la gloria puede ser el final. Francia vive épocas de enorme turbulencia política. Cae la monarquía y un nuevo régimen lleno de esperanza se erige en dominador del sentimiento patriótico. Pero la Revolución no es más que una prostituta que se pervierte cuando empieza la política y la corrupción cae como una losa en las luchas por el poder. Marat, Danton, Robespierre y Saint-Just se miran de reojo porque la cúspide es un lugar demasiado atractivo como pasar de largo por culpa de los ideales de la misma Revolución. Al infierno con los ideales. Disfracémonos de populistas, de gente que ama el pueblo mientras nos apuñalamos unos a otros y dejamos que el pueblo se arregle por sí solo. Al fin y al cabo, eso es la libertad ¿no?
En estos casos es cuando se tira del hombre arrinconado que atemoriza con la mirada. Ese hombre impertérrito que sabe perfectamente qué es lo que quiere para Francia y cree ciegamente en los ideales que inspiraron a la Revolución hasta tal punto que desea con todas fuerzas extenderla a todos los rincones del mundo hasta convertirla en universal. Si las ideas son buenas para unos… ¿por qué no van a ser buenas para todos? Costará sangre y vidas y la historia se encargará de poner a los mitos en su sitio. Beethoven compuso la Sinfonía nº 3 Eroica en homenaje a Napoleón Bonaparte para luego exclamar: “Bah…solo es un hombre más”. El poder corrompe. El poder absoluto corrompe absolutamente. Y Napoleón no es inmune a esas tentaciones. Pero, mientras llega a esas nefastas conclusiones, se presenta como el salvador, como el hombre que no se arredra ante nada, como el soldado que no tiene miedo, que solo tiene patria y energía, e inteligencia, y valor, y gloria, y victorias. Todo por Francia. Hasta sus batallas se visten del color de la bandera. El maldito corso construyendo su imperio.

Abel Gance dirigió esta película que, en palabras de Stanley Kubrick era “la enciclopedia visual del cine”. Los inmensos recursos de los que dispuso se vieron minimizados por la irrupción del sonoro y el enorme espectáculo de masas que Gance puso en pie quedó silenciado durante años, mutilado por exhibidores de escasa inteligencia y aún menos valentía, y frustrando su proyecto de llevar adelante toda la vida del estadista y militar por el fracaso económico que supuso esta aventura. Queda en el aire la pregunta de si el director francés hubiera sido capaz de retratar la tiranía e injusticia de un imperio injusto y terrible o si hubiese continuado con esta hagiografía impoluta de un héroe sin mancha, con sus defectos personales fácilmente perdonables, que luchó por su país anteponiendo la lógica patriótica a cualquier otra consideración. Lo cierto es que, sea como sea, nos dejó este tesoro con su ensayo de temprano cinemascope, sus secuencias épicas y físicas, llenas de barro, lluvia, corazones exaltados y sueños de grandeza mientras asistimos a un enorme esfuerzo de producción que intenta ser, por sí mismo, un pedazo de Historia.

2 comentarios:

Suso Susillo dijo...

Hola,
Pues sí, enorme película. Precisamente llevo tiempo intentado revisarla ya que no la tengo fresca y viendo que este finde (al menos Sábado) va a llover bastante, puede ser un buen momento.
Saludos.

César Bardés dijo...

Mastodóntica, diría yo. En cualquier caso, sí, ideal para disfrutar en una tarde de lluvia con cuatro o cinco horas libres. Espero que vuelvas a maravillarte.
Saluderos.